¿Cómo evitar una segunda ola de Covid-19?

Un modelo desarrollado por ISGlobal constata que el confinamiento debe ser gradual y que el comportamiento individual es un factor clave

People walk along the waterfront near the Sydney Opera House in Sydney
El comportamiento individual será clave para reducir o evitar una segunda ola. REUTERS/Loren ElliottLOREN ELLIOTTReuters

“Hay más casos de COVID-19 y no es porque estemos haciendo más test”. Es la advertencia que ayer lanzó Michael Ryan, jefe ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En un día, detectaron 200.000 casos nuevos. Según la última hora, el mundo contabiliza ya más de nueve millones de contagios. El virus parece estar dando la vuelta a La Tierra. Y tras cruzar el Atlántico, actualmente, está causando estragos en América Latina y los Estados Unidos. Corea del Sur, uno de los primeros países en dar la pandemia por controlada, se enfrenta otra vez a nuevos casos. También España tiene una docena de brotes controlados. El más destacado, el que afecta a temporeros del campo de Huesca que ha empujado a tres comarcas a retroceder a la fase 2. Lo que más preocupa a Fernando Simón es que los contagios se extiendan a Lleida. Cataluña ha informado esta mañana de que se han detectado 18 casos positivos en una residencia geriátrica. En esta ocasión, residentes y trabajadores empezaron a tener síntomas compatibles con la COVID-19 el pasado 17 de junio. Y tras realizar las pruebas PCR, 18 han dado positivo. Por ahora, se descarta la conexión con Huesca.

¿Cómo se evita una segunda ola? Un grupo de investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGloblal), centro impulsado por la Fundación “la Caixa”, ha desarrollado un modelo para responder a esta pregunta. Los resultados acaban de publicarse en la revista “Nature Human Behavior” y una vez más concluyen que el comportamiento individual tiene un efecto significativo en la prevención de una segunda ola de infecciones por COVID-19.

En España, donde el desconfinamiento ha sido rápido par la mitad de la población y gradual para el resto, el comportamiento individual será clave para reducir o evitar una segunda ola. “Mantener la distancia social y otras intervenciones como el uso de mascarillas y la higiene de manos, podría evitar futuros confinamientos”, constata Xavier Rodó, jefe del programa de Clima y Salud de ISGlobal. “Si logramos hacer descender la tasa de transmisión en un 30% mediante el uso de mascarillas, higiene de manos y distancia social, podemos reducir significativamente la magnitud de la próxima ola. Reducir la tasa de transmisión en un 50% podría evitarla por completo”, constata.

El modelo desarrollado por el ISGlobal pretende ayudar a los países a evaluar las políticas de control y minimizar el número de casos y muertes causadas por el virus, añade Leonardo López, coautor del estudio e investigador de ISGlobal. Y para ello ha evaluado cuantitativamente la relevancia del uso de mascarillas, la higiene de manos y los mandatos de permanecer en casa como estrategias de contención. Una primera conclusión es que la duración del primer confinamiento afectará el momento y la magnitud de las olas posteriores. Otra, que las estrategias de desconfinamiento gradual reducen el número de infecciones y muertes.

En países donde no se ha llegado al pico de casos activo, se aconseja que los confinamientos se mantengan durante un mínimo de 60 días y que después se proceda a un desconfinamiento gradual como estrategias para disminuir el riesgo de segundas olas.

El equilibrio entre reactivar la economía y evitar una segunda ola de infecciones

Cómo y cuando aliviar las restricciones es una decisión difícil para todos los países que se mueven entre la necesidad de reactivar la economía y el riesgo de una segunda ola de infecciones que sature los sistema de salud. “El problema es que evaluar este riesgo es difícil, dada la falta de información fiable sobre el número real de personas infectadas o el grado de inmunidad desarrollado entre la población”, admite Rodó.

Para hacer sus proyecciones, el equipo de Rodó desarrolló un modelo que divide a la población en siete grupos: susceptibles, en cuarentena, expuestos, infecciosos no detectados, reportados infecciosos y confinados, recuperados, y fallecidos. Con estos datos hacen simulaciones para medir el grado de confinamiento de la población y desarrollar estrategias para la desescalada. Las simulaciones también muestran que la pérdida de inmunidad al virus tendrá efectos significativos en el tiempo transcurrido entre olas epidémicas: si la inmunidad tiene una larga duración (un año en lugar de unos pocos meses), el tiempo entre las olas epidémicas se duplicará.

Un modelo de predicción diferente

“Nuestro modelo es diferente porque considera el retorno de las personas confinadas a la población susceptible para estimar el efecto del desconfinamiento, e incluye los comportamientos de las personas y la percepción del riesgo como factores moduladores”, explica Rodó. Lo que no ha tenido en cuenta es un posible efecto de las temperaturas en la transmisión viral.

Es un modelo útil, sobre todo, para países donde no han llegado al pico de la pandemia, como los del hemisferio sur. Sin vacuna ni tratamiento efectivo, los resultados insisten en que, incluso en países que no tienen los recursos para testar y rastrear todos los casos y contactos, el empoderamiento social mediante el uso de mascarillas, la higiene de manos y el distanciamiento social es clave para detener la transmisión viral.