Los abuelos deben seguir disfrutando de sus nietos, pero con cautela

Día del Abuelo: los niños representan para las personas mayores un riesgo de contagio menor que los adultos

Actualmente, los problemas de conciliación familiar están a la orden del día y los abuelos se han convertido en el recurso principal de los padres en lo que se refiere al cuidado y atención de sus hijos. En este sentido, éstos han dejado de ser un referente, un compañero, un cómplice y una fuente de amor incondicional para sus nietos para convertirse también en lo que ya se conoce como ‘abuelos canguro’.

De hecho, según una encuesta realizada en 2010 por el Imserso, el 70% de los mayores de 65 años cuida de sus nietos, a los que dedica una media de seis horas diarias, cifras muy similares a las que se extraen del informe ‘La figura de los abuelos esclavos en Cataluña’ promovido por la Fundación Mémora, que sitúa ese porcentaje en el 73,3%. En verano, además, la responsabilidad que asumen los abuelos en el cuidado de sus nietos se incrementa, ya que éstos no tienen colegio. Sin embargo, la pandemia generada por el coronavirus ha dado al traste con este paradigma o, como mínimo, lo pone en entredicho.

Está claro que las personas mayores forman parte del colectivo más vulnerable ante el virus, pero aún está por determinar cuál es el papel que juegan los niños en su propagación. Al respecto, tal y como pone de relieve Quique Bassat, pediatra especialista en epidemiología e investigador ICREA adscrito a ISGlobal, «el papel que juegan los niños en su transmisión es aún una gran incógnita» y lo único es que son, en su mayoría, asintomáticos.

En este contexto, en un primer momento, se señaló a los niños como los principales diseminadores de la infección, ya que eso es lo que habitualmente sucede con otros virus como el de la gripe, pero a día de hoy, cuando disponemos ya de más datos sobre el coronavirus, todo apunta a que «éstos tienen un papel poco determinante en su transmisión», comenta Bassat, quien sin embargo indica que ello «no significa que no lo transmitan». Al respecto, el doctor Juanjo García, jefe de pediatría del Hospital de Sant Joan de Déu y coordinador del estudio Kids Corona, comenta que «según lo que hemos visto en núcleos familiares, los niños son capaces de transmitir la infección pero los primeros datos apuntan a que no son los principales diseminadores». De hecho, «al ser asintomáticos, no tienen tantos virus en sus vías respiratorias, ni tosen tanto, con lo que posiblemente no transmiten tanto la enfermedad como quienes tienen síntomas».

Además, como apunta Bassat, «los niños son pocas veces los iniciadores de brotes y, a partir del seguimiento de los casos que han tenido lugar en el contexto de las colonias de verano o los colegios, se ha visto que éstos suelen iniciarse a través de adultos», aunque matiza que «muchas veces es muy complicado saber el origen del brote, porque como los niños son asintomáticos, son los adultos los que presentan los primeros síntomas por lo que no sabemos con claridad si son ellos el origen del brote o simplemente son los que han manifestado la infección en primer lugar».

Para Bassat está claro que «los niños no son ese gran vector de contagio como se pensaba en un inicio» y «cabría pensar que incluso son infecciosos durante menos tiempo que los adultos, por lo que diseminan menos la enfermedad». Así pues, su teoría es que éstos «contagian poco y mal» y, como abuelos y nietos ya han entrado en contacto, «volver a atrás e impedir un contacto entre ellos iría contra natura».

El doctor Juanjo García es de la misma opinión y en este sentido señala que, si bien no hay ningún motivo por el que haya que interrumpir esa relación entre abuelos y nietos, «hasta que no haya una vacuna, hay que seguir protegiendo a los más vulnerables». «Hay que cambiar un poco la mentalidad y modificar la forma de relación en el ámbito familiar, donde se han detectado la mayoría de rebrotes de las últimas semanas», es decir, «hay que mantener las medidas de distanciamiento y la higiene de manos, pero no solo los niños en contacto con los abuelos, sino todos, los adultos también, porque el riesgo de contagio de una adulto a una persona mayor es incluso más elevado que en el caso de los niños».

«La pandemia está totalmente vigente, de manera que hay que seguir siendo prudentes», constata García y por ello sugiere que, si vamos a estar en contacto o conviviendo con nuestros mayores «es conveniente que los días previos limitemos la vida social y llevemos a cabo salidas controladas, e incluso, los primeros días de convivencia, mantengamos distancia». «Durante los días que permanezcamos conviviendo con los abuelos, también es recomendable seguir controlando las salidas y la sociabilización». En la misma línea, Bassat, comenta que «los abuelos corren menos riesgo al entrar en contacto con un niño que con un adulto, pero el riesgo cero no existe y no hay que bajar la guardia».