“Si no controlamos el brote de Barcelona, vamos a velocidad de crucero a otro confinamiento”

Cataluña encara su semana crítica. Se debate entre allanar la curva o volver tomar medidas más drásticas

Sábado noche de hace una semana. La policía local de Vilassar de Mar, un municipio de la costa de Barcelona, recibe una llamada a las 4.30 de la madrugada para ayudar a despejar de una playa a un grupo de 80 jóvenes a los que se les ha ido de la mano el “botellón”. Cuando los agentes llegan, ninguno lleva la mascarilla puesta, aunque es obligatorio desde hace ya unos días.

Una semana después, en la misma playa, algunos de los jóvenes que la semana pasada fueron desalojados llegan antes de los habitual, hacia las 21.30 horas con mascarillas y bolsas con botellas de alcohol. Pero tan pronto encuentran un sitio para acomodarse y sacan las botellas de las bolsas, también se quitan la mascarilla. En una semana, la tasa de infectados por el nuevo virus en Barcelona ha pasado de 47 a 67 por cada 100.000 habitantes. Y para contener la COVID-19 se han tomado medidas dolorosas: las discotecas están cerradas y hay toque de queda en los bares a medianoche.

“Si no conseguimos controlar el brote de Barcelona, nos dirigimos con velocidad de crucero a otro confinamiento generalizado”, avisa Àlex Arenas, catedrático de Ingeniería Informática y Matemáticas de la Universidad Rovira i Virgili. Trabaja con un modelo matemático que fue capaz de predecir la tragedia en febrero, cuando el virus parecía que llegaría a España en cuentagotas. Formó parte del grupo asesor de la Generalitat durante los peores días de la pandemia y ahora vuelve a alertar del riesgo de la propagación de la infección. Arenas teme que estas nuevas restricciones no sean suficientes. Urge actuar de manera contundente sobre la movilidad, el principal parámetro de control cuando se pierde la cadena de contactos y el rastreo se vuelve imposible. Propone un control de acceso y salidas perimetral, en barrios, pueblos o regiones, que actúe como un cortafuegos para contener los brotes más feos. Pero para activar estos controles, “es necesario una legislación que permita hacer estas actuaciones quirúrgicas de manera inmediata”, constata.

Controlar la movilidad

Esta situación no sólo concierne a Cataluña, sino a toda España. “El brote de Aragón es muy peligroso y pasar a fase 2 no es la solución si no se controla la movilidad”, dice Arenas. Además, la movilidad estival “pone en peligro cualquier región del país”. “El virus viaja con nosotros”, recuerda. Un mes después de dar la bienvenida a la “nueva normalidad”, en casi todas las provincias españolas han aumentado los positivos en la última semana, a excepción de Leida, donde empiezan a remitir los casos. Lleida ha vivido unas semanas críticas con una incidencia cuatro veces mayor que durante los peores días de marzo, de hasta 469 casos por cada 100.000 habitantes. Lo que ha ocurrido en Lleida o Huesca, donde los brotes en mataderos y empresas hortifructícolas se desmadraron, puede repetirse un cualquier. En las últimas dos semanas, España ha registrado cerca de 16.500 casos. En Guipúzcoa, se han triplicado los casos. En Almería, se han duplicado. Pero donde todas las miradas están puestas en Barcelona y, por defecto, en Cataluña.

Los contagios están concentrados en Barcelona y Lleida

El tándem fichado por el departamento de Salud para reconducir la gestión de la pandemia en Cataluña, con Josep Maria Argimon al frente de la Agencia de Salud Pública y con Jacobo Mendioroz como coordinador de la unidad de seguimiento de la COVID-19, admite que Cataluña encara “una semana crítica”. La cifra de positivos se ha duplicado en una veintena de comarcas los últimos quince días. Y los datos serán peores la semana que viene. “Estamos en situación de duplicar los datos cada siete días”, confirma Mendioroz. La buena noticia es que “estamos a tiempo de aplanar la curva y evitar otro confinamiento”. Y que los focos están concentrados en el Segrià, Barcelona y su entorno más inmediato. “Buena parte de Cataluña está en una situación adecuada, como la Costa Brava o la Costa Daurada”, añade Argimón, que censura la decisión de Francia de recomendar a sus ciudadanos que no viajen a Cataluña. Pero los franceses se han tomado bastante en serio el mensaje de su primer ministro, Jean Castex. El tráfico en La Jonquera ha caído este fin de semana un 53% respecto a hace un año, según el Servicio Catalán de Tráfico. Francia es el primer mercado del sector turístico de la Costa Brava. Uno de cada tres visitantes del Alt Empordà es francés, pero los hoteles han empezado a registrar cancelaciones.

La recomendación del ministro francés se suma a la prohibición de Bélgica que no permite a sus ciudadanos ir a Lérida y recomienda no viajar a Cataluña, y a las cuarentenas que han decretado el Reino Unido y Noruega a los viajeros que lleguen de España. Los británicos lideran las pernoctaciones de turistas extranjeros en la capital de la Costa Dorada, Salou, devastada por la noticia.

Los espacios exteriores no son cien por cien seguros

A 150 kilómetros al sur, en la playa de Vilassar de Mar, la fiesta del sábado por la noche se anima, aunque menos que la semana anterior. Como dice el doctor Benito Almirante, jefe de Enfermedades Infecciosas del Hospital Vall d’Hebron, jóvenes y adolescentes tienen una baja percepción del riesgo. La mayoría es asintomático o pasa la enfermedad como un resfriado, pero pueden poner en riesgo la salud del resto. “Por eso no funciona el mensaje genérico de sean prudentes para no enfermar, hay que crear un mensaje diferente que apele a la solidaridad”, dice. Es el mensaje en el que ha insistido Argimón. “Barcelona está en un momento crítico, no tenemos las UCI llenas como en marzo, pero es el momento de que los ciudadanos tomen medidas para que la curva no se dispare”, dice.

La semana de San Juan, del 24 al 29 de junio, la atención primaria trataba a 2.000 sospechosos de covid, ahora está atendiendo a 8.550. Las urgencias se han duplicado en dos semanas y los ingresos hospitalarios han crecido un 129%. Los investigadores del BIOCOMSC, el grupo de investigación de biología computacional de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC), constatan que la próxima semana se verá el impacto de las restricciones, hasta el momento, insiste en utilizar mascarilla, un tono de voz bajo, evitar interiores mal ventilados y fiestas o reuniones grandes en interiores y exteriores. “Es un error pensar que los espacios exteriores son seguros. Hay focos importantes en fiestas en playas, terrazas o barbacoas. La voz alta a poca distancia y sin mascarillas es un riesgo alto”, advierten.

La transmisión comunitaria

La pandilla de Vilassar de Mar tiene ya bajas por coronavirus. “Rita hacía de canguro a una niña que dio positivo, le hicieron las pruebas y también ha dado positivo”, resume su amiga Blanca. También cuenta que los padres de Albert le han obligado a quedarse en casa después de que la chica que les ayuda con las tareas del hogar, que vive en Collblanc, uno de los barrios más afectados de L’Hospitalet, diera positivo. “El viernes llamaron al 061 y les dijeron que no eran un contacto estrecho porque no habían estado con ella más de 15 minutos, pero sus padres han preferido aislarse y el lunes ir al CAP a ver si les hacen la prueba”, explica. Los dos casos son un ejemplo de que en Barcelona, también en Lérida, L’Hospitalet y Figueres, hay transmisión comunitaria. Significa que se ha perdido el rastro de coronavirus.

Microconfinamientos, testeo masivo y trazar el mayor número de contactos

Cataluña ha fallado en el testeo y control de los contagios. Primero se le descontroló Lérida, luego en L’Hospitalet y Barcelona. También Figueres. Ahora, con nuevo equipo y nueva estrategia, confía en reconducir la situación. Una de las claves está en identificar los contactos. China que tenía experiencia con el primer virus SARS, cuenta con 80 rastreadores por cada 100.000 habitantes. Cataluña tiene una cifra similar a la de Nueva Zelanda, donde hace dos semanas no se detectan positivos: unos cuatro rastreadores por cada 100.000 habitantes, según informa el ISGLobal, centro impulsado por “la Caixa”. Mañana debe empezar a incorporar a la atención primaria 500 gestores covid, una figura para descargar trabajo a los médicos de familia, que se encargará de recabar información de los sospechosos y de sus contactos. “Estos refuerzos llegan tarde, pero son un paso en la buena dirección”, dice Arenas. “Habría que dedicar los esfuerzos a las zonas más afectadas”, añade. Para evitar una segunda ola incide en tres actuaciones: una estrategia de microconfinamientos, testeo masivo y trazar el mayor número de casos posible para controlar la situación.