Las elecciones catalanas del 14-F penden de un hilo

El Govern deja en el aire su celebración, que decidirá junto a los partidos este viernes y de forma definitiva. De no haber consenso, la última palabra será del Ejecutivo

El vicepresidente de la Generalitat en funciones de presidente, Pere Aragonès, y la consellera de Presidencia y portavoz del Govern, Meritxell Budó, en una imagen reciente
El vicepresidente de la Generalitat en funciones de presidente, Pere Aragonès, y la consellera de Presidencia y portavoz del Govern, Meritxell Budó, en una imagen recienteEFE

La celebración de las elecciones al Parlament el próximo 14 de febrero peligra seriamente y se terminará de definir esta semana. Los comicios penden de un hilo por la virulencia de la tercera oleada del coronavirus, que azota con fuerza Cataluña con un elevado número de casos diarios -hoy, más de 7.000- y los hospitales cerca del colapso.

A la situación actual hay que sumarle los efectos de las fiestas navideñas y los escenarios con los que trabaja el departamento de Salud: un nuevo informe entregado a los partidos sitúa el pico de la ocupación de las ucis la víspera de las elecciones. Los cálculos del BIOCOMSC, el grupo de biología computacional de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), alertan de que la cifra máxima de contagios de esta tercera ola llegará la semana del 29 de enero, justo cuando arranca la campaña electoral. La presión en las ucis llegaría quince días después, la víspera de las elecciones, el 14 de febrero.

Con estas predicciones encima de la mesa trabajan el Govern y los partidos políticos. El viernes, todos los actores se reunirán en la cámara catalana para decidir de forma consensuada si se posponen las elecciones por la pandemia. El Ejecutivo no llevará ninguna propuesta propia -no decidirá antes una u otra posición en el seno del gabinete- y tratará por todos los medios de pactar la postura final con el resto de formaciones. Eso sí, de no haber consenso, la Generalitat advierte de que la última palabra será suya y pone de ejemplo el caso de los comicios vascos y gallegos.

Pese a no querer posicionarse ante las reiteradas preguntas de los periodistas, la portavoz del Govern, Meritxell Budó, ha dejado en el aire la celebración de los comicios y ha avisado de que la postura del viernes tiene que ser la “definitiva” ante la cercanía de la de votación. De hecho, ha dedicado parte de sus intervenciones a explicar cómo sería un hipotético aplazamiento de las elecciones: en caso de tomarse esta decisión, el Ejecutivo debería reunirse y redactar un decreto para desconvocarlas que tendría que firmar luego el presidente en funciones, Pere Aragonès. Budó ha asegurado que dicho documento debería incluir ya una nueva fecha con garantías -lo suficientemente alejada de las predicciones de la tercera ola- para votar.

¿Y cómo se decidiría el nuevo día de aplazarse el 14-F? Aquí está una de las grandes incógnitas de la jornada, que también se hablaría en la reunión del viernes llegado el extremo. Según la portavoz del Govern, eso sí, sería pertinente que las autoridades sanitarias dieran su opinión en base a las predicciones epidemiológicas.

Posiciones enfrentadas

La posición de los partidos será clave para saber si se acaba manteniendo la fecha del 14 de febrero o se pospone para más adelante. Y aquí llegan las batallas y las posturas enfrentadas: el PSC se opone totalmente a retrasar los comicios y asegura que no hay motivos para tomar una decisión de este calibre.

En el PP y Cs son más comedidos y reclaman que se consensue en base a la situación epidemiológica y sanitaria. Los “comunes” son más cercanos al aplazamiento por la situación de los hospitales catalanes. Y el independentismo anda de nuevo dividido: ERC ve cómo la gestión de la pandemia le puede pasar factura si se aplazan, aunque celebrarlas en plena tercera ola y con los republicanos al frente de Salud también supone un riesgo. Y JxCat sopesa también su postura y aprovecha para reclamar al PSC -vía Salvador Illa- y a Esquerra -vía Alba Vergés, consejera de sanidad- que tomen cartas en el asunto.