Opinión

Retirados

¿Apartarnos cuando todavía servimos? ¿Mandarnos a casa antes de tiempo?

Ovidio en un grabado del siglo XVIII
Ovidio en un grabado del siglo XVIIILa Razón

Ovidio y Silvestre hablan algunas veces de la condición que comparten, que es la de retirado. Y están de acuerdo en que no es jauja como la mayor parte de la gente piensa en cuanto la empieza a ver ya cerca en el horizonte, ni el paraíso de la vida tranquila, ni la edad dorada o zarandajas por el estilo. La última escala, y sin billete de vuelta, así la llama Silvestre, que invariablemente desgrana luego la misma retahíla de quejas y lamentos cada vez que sale la conversación:

–Retirar a la gente tan pronto –dice pesaroso– es desaprovechar la experiencia y tirar por la borda el saber acumulado. Yo, por ejemplo, cuando mejor sabía tratar a los chicos en el aula, con autoridad y afecto a la vez, que es la única receta pedagógica que funciona, hala, retírate... Y qué voy a hacer ahora con los conocimientos que he ido adquiriendo, y en los que he invertido tanto tiempo, si a nadie le van a aprovechar; debería haber algún medio de transmitirlos o de encauzarlos, un sitio donde depositarlos para que los que vienen detrás pudieran servirse de ellos... Para qué –y la vehemencia enciende sus palabras– tanto tesón y ganas de saber más y hacer las cosas mejor, para qué tanto leer y estudiar y ponerse al día, para qué tantas horas consumidas en presentarse cada mañana con nuevas ganas y la conciencia tranquila delante de los chavales...

–Lo mismo me pasó en la imprenta –interviene Ovidio–, que cada temporada, desde que llegó lo digital, nos obligaban a cambiar la forma de trabajar... ¿Y todo para qué? ¿Para apartarnos cuando todavía servimos? ¿Para mandarnos a casa antes de tiempo?... ¿Por qué, a ver, no podía yo seguir en lo que he hecho toda mi vida? ¡Aunque fuera solo para distraerme unas horas!

Coinciden también los dos en la apreciación de algunas otras cosas que la jubilación arrastra y pone delante de los ojos, cosas que se pierden, la mayoría: la seguridad, por ejemplo, de sentirse todavía en el otro lado, el lado de los importantes, de los que son tenidos en cuenta, de los que cumplen con una misión que les ha sido asignada; el convencimiento de que aún falta mucho para todo, de que el horizonte está lejos, de que saltar por encima del pozo a la otra orilla es un trance por el que uno tardará en pasar; el vaivén del tiempo regido por los horarios, que nunca discurre igual sino que corre vertiginoso unas veces o se remansa otras, al contrario del que está siempre quieto, por mucho que algunos se empeñen en buscarle alicientes, para revolverlo nada más...

–¡Y el paréntesis que se abría cada viernes al terminar el trabajo, con el lunes tan lejos!

–¡Porque mirábamos todavía hacia lo que adelante nos estaba esperando, no como ahora, que miramos solo a lo que ha quedado atrás!