La soledad y el respeto a la Justicia

La soledad es ese amigo imprescindible para acertar y es ese enemigo que te martiriza y no te deja alcanzar la paz

La soledad. Cuando un estudiante de Derecho decide comenzar la oposición a Judicaturas, o cuando desde la temprana edad vislumbra una vocación profesional a la magistratura, nadie le explica qué es la soledad. Yo, ni tan siquiera oí hablar de ella en la escuela judicial.

Cuando se forma parte de un órgano unipersonal, es decir, un juzgado que está compuesto por un único juez, la soledad ante la decisión es consustancial a su función.

La soledad es ese amigo imprescindible para acertar y es ese enemigo que te martiriza y no te deja alcanzar la paz. Es aquello que anhelas y a la vez temes.

Es una soledad tremendamente acompañada: leyes, hechos, alegaciones, pruebas, verdades y mentiras, estados de ánimo, experiencias personales.

Es una soledad que busca el silencio, la prudencia, la mesura y el acierto, pero que en muchas ocasiones solo encuentra el ruido, el alboroto y la mentira. Desea la paz y encuentra la guerra. Busca la luz y solo encuentra oscuridad.

Para hallar esa soledad que te permite resolver, son necesarias difíciles virtudes. No solo se debe ser un buen técnico. Me refiero a la independencia, la imparcialidad, integridad, honradez, prudencia, dedicación, responsabilidad, conciencia social, etcétera.

Esta insoportable soledad tiene, además del ruido, las alegaciones, las verdades y las mentiras, otros magníficos acompañantes: el esfuerzo, la preparación técnica y la honradez, sin ello yo no querría -no podría- ser juez.

Un juez puede soportar el error -la infalibilidad humana no existe-, pero no la falta de estudio, dedicación y honradez. Y necesita, y eso es lo que esta sociedad debería proporcionarle: comprensión y respeto. No a su decisión, sino a su función.

Ninguna sociedad puede avanzar si no es capaz de respetar los mecanismos que le permiten funcionar y entre ello, sin duda, se encuentra el Poder Judicial.

Una sociedad que respeta a sus jueces es una sociedad madura.El respeto no implica ni infalibilidad ni impunidad, la actuación de los jueces debe estar sometida a crítica y a revisión, pero tanto una como otra debe hacerse con respeto y eso es lo único que pedimos aquellos que nos dedicamos a la difícil e incómoda labor de juzgar la conducta de nuestros semejantes.