Renacer de nuestras cenizas

Vicente Mompó

Marzo. Mes de pólvora, fuego y tradición. Sin duda es el mes de los valencianos, porque celebramos nuestras queridas Fallas. Quemar lo viejo para que renazca lo nuevo, en un ciclo que se repite cada año y que este 2022 necesitamos más que nunca. Esperemos que el fuego purificador deje atrás la enfermedad, la soledad y el desánimo que ha provocado la pandemia. Lamentablemente, son muchas las razones para quemar simbólicamente este capítulo de la historia que nos han mantenido en vilo y ha golpeado duramente a los hogares valencianos. Necesitamos, como nunca, resurgir de nuestras cenizas. Y es lo que vamos a hacer juntos, porque el pueblo valenciano sabe hacerlo y así lo ha demostrado en numerosas ocasiones.

La covid-19 nos ha privado, durante los dos últimos años, de momentos clave en nuestro calendario: la ofrenda, las ‘mascletàs’, la ‘plantà’ o nuestros castillos de fuegos artificiales. Es cierto que el pasado mes de septiembre pudimos vivir unas Fallas veraniegas, peculiares y llenas de restricciones, pero que demostraron la capacidad de organización y la responsabilidad del colectivo fallero y, en general, de todos los valencianos.

Ahora, por fin, podremos disfrutar de nuestras fiestas de nuevo como nos gusta, en las calles y plazas, en los casales, con los amigos… Necesitamos volver a sentir esa sensación de ‘germanor’, ese sentimiento de valencianismo que es muy difícil de explicar, pero que es tan nuestro.

Ya estamos escuchando, cada día, a las dos de la tarde, las palabras mágicas pronunciadas por la Fallera Mayor de Valencia: “Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà”. Vuelve la ‘xocolatà en bunyols de carabassa’, la ‘cassalleta’ con los amigos, los concursos de paellas, los disfraces y playbacks. Volvemos a inundar las calles de pólvora, de arte y de música, ¡cuánto hemos echado de menos a nuestras bandas!

En la semana grande volveremos a ofrecer a nuestros visitantes la hospitalidad que caracteriza a un pueblo que regala la condición de valenciano a todo aquel que quiera sumarse a nuestra fiesta. Volveremos a los pasacalles, a la ‘despertà’, y a agradecer a la Virgen de los Desamparados que, un año más, seguimos aquí. Las falleras y falleros volverán a llenar de flores el manto de nuestra Patrona y las familias vivirán la emoción de presentar ante la Geperudeta a sus hijos nacidos durante la pandemia, un honor y un ‘sentiment’ que solo un valenciano entiende. Y el día de Sant Josep, al calor de la Cremà, recordaremos que somos afortunados porque llevamos dentro, desde que nacemos, un fuego que nunca se apaga y que siempre nos hace resurgir.

Antes de acabar estas líneas, me gustaría expresar mi más profunda tristeza por la injusta guerra que está sufriendo Ucrania. Es innegable que, a la alegría de recuperar nuestras Fallas, se une la tristeza de saber que a 3.000 kilómetros de Valencia los estruendos y estallidos de luz en el cielo no son fruto de la fiesta, sino de una guerra. El corazón y la solidaridad de los valencianos está con Ucrania y esperamos que, lo antes posible, retorne la cordura y se restablezca la paz.