Almudena Negro y Jorge Vilches, autores de «La tentación totalitaria»
Almudena Negro y Jorge Vilches, autores de «La tentación totalitaria»©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Almudena Negro y Jorge Vilches: «La izquierda ha sustituido la lucha de clases por la de sexos»

En «La tentación totalitaria» avisan de los peligros de la ingeniería social de socialistas y comunistas, deconstruidos y al descubierto

El tráfago diario de la contienda política, su griterío, puede llegar incluso a estrangular las inteligencias. Es precisamente por ello que cada vez es más necesario parar en seco, dar un paso atrás y tomar aire para adquirir una perspectiva sin la cual la desorientación está asegurada. La lectura de «La tentación totalitaria» (Almuzara) proporciona justamente una atalaya y unas claves desde las que descifrar los más inquietantes rasgos de la actualidad política de nuestra república.

–¿Cuál es la tentación totalitaria a la que hace referencia el título del libro?

–Almudena Negro: En la esencia de las ideologías de matriz socialista hay una pulsión totalitaria. Es pura ingeniería social. Quieren forjar el hombre y la sociedad nuevos para recrear su ideología en una comunidad perfecta. Tratan de imponer una moral y unas costumbres, y eliminar las que consideran un obstáculo. De ahí su pretendida superioridad moral y el desprecio y la persecución a quienes piensan de otra manera. En realidad, como escribió Raymond Aron, el socialismo es una religión secular basada en la exclusividad y la imposición, en el dogma y en la promesa del paraíso. Por supuesto, en el camino a ese paraíso se pierde la libertad y se cae en la dictadura. Mire la historia del socialismo desde Rusia hasta Venezuela.

–¿Cuál es la estrategia que está desarrollando el Gobierno socialcomunista para «cambiar el régimen por la puerta de atrás»?

–Jorge Vilches: En cuanto Sánchez se rindió por falta de escrúpulos al populismo comunista y a los nacionalistas se ha producido una deriva totalitaria. Han cambiado el eje del consenso político hacia los partidos que quieren romper el orden constitucional. Han colonizado el Estado, atacado al poder judicial y a la Monarquía, despreciado la separación de poderes, perseguido a la libertad de expresión y a periodistas, han tratado de deslegitimar a la oposición llamándola «antidemocrática» y «antipatriótica», y suspendido el control parlamentario. Quieren tener su propio régimen moldeando conciencias e instituciones a través de la legislación y de una economía subsidiada. Por eso Pablo Iglesias dijo que iban a crear un nuevo orden que haría que la derecha no volviera al Gobierno.

–Se hacen paralelismos entre Podemos y Vox a lo largo del libro... ¿Cuáles son?

–A. N.: Son fuerzas populistas fundadas en el rechazo al otro. Se basan en las emociones básicas: el amor, el odio y la esperanza. Y huyen de la razón y la ciencia. Dicen que hablan en nombre del verdadero pueblo, que necesita librarse de los elementos contaminantes. Ambos ven con simpatía sistemas iliberales. Dan soluciones fáciles a problemas complejos sin pensar en las formas ni en las consecuencias. Su objetivo es tomar el poder para deconstruir lo existente y construir una comunidad homogénea apelando a la nostalgia del pueblo soberano. No es casualidad que ambas formaciones arremetan contra los medios de comunicación privados cuando no les gustan las noticias. Tienen más en común de lo que se piensan sus votantes.

–Llaman al ecologismo y al feminismo «religiones civiles».

–J.V.: Son ideologías basadas en la biología. No seguir a pies juntillas los dictados de sus popes supone la exclusión de la vida civil bajo la acusación de herejía. Está en relación con el descenso de la fe religiosa. La Nueva Izquierda del 68 usó la producción cultural, la educación y los medios para eliminar la tradición e imponer un nuevo paradigma: repartir la riqueza, salvar el planeta y la igualdad de géneros. La fe pasó al ecologismo y al feminismo colectivista, que tienen sus dogmas, mártires, manifestaciones de fe colectiva, cantos, banderas, paraísos futuros, santas y mesías –véase Greta Thunberg–, y cualquier réplica es inadmisible. Por eso algunos de estos «feligreses» tienen una enorme carga victimista y agresiva.

–Tras el «sorpasso» de Vox al PP en Cataluña, ¿que lectura deberá hacer el PP?

–A. N.: Que Vox busque confrontar con el PP es normal, dado que los populismos se alimentan de la confrontación y el victimismo. La pinza de Vox y la izquierda busca acabar con la única alternativa real a Sánchez e Iglesias. El PP es un partido de gobierno que debe ofrecer a todos los españoles, sin complejos, un proyecto basado en principios liberales, sin preocuparse por lo que hagan el resto de formaciones políticas.

–Si, como dice Chomsky, el medio es el mensaje, ¿es posible no caer en la posverdad en la era Twitter? ¿No nos arrastra el propio medio, su naturaleza, a los bulos y al enrocamiento en relatos e ideologías alejadas de la realidad?

–A. N.: Si las redes sociales son un medio de comunicación tendrían que responder por los contenidos que la gente vierte en ellos, como hace LA RAZÓN. Si son un medio de distribución no podrían censurar arbitrariamente. ¿Cómo es posible que se censure a Trump pero que Nicolás Maduro siga en Twitter? Hoy el relato de la realidad se construye con mentiras que la gente quiere creer para tener un argumento contra su enemigo. Esa es la fuerza de la posverdad y por eso no pasa factura en las urnas. La verdad ha dejado de importar. Esto es muy grave. Ven en el ecologismo y el feminismo excusas para cambiar a la sociedad desde sus raíces... Y dicen que mucha derecha cayó en la trampa...

–¿No es esta una de las razones de que Vox haya logrado tanto apoyo electoral? ¿Cree que el PP va camino de salir de este error?

–J. V.: La izquierda ha impuesto un feminismo radical a través de su hegemonía cultural. Ha sustituido la lucha de clases por la lucha de sexos. Kate Millet dijo que toda relación sexual es una relación de poder y, por tanto, política. De ahí que consideren legítimo legislar sobre costumbres privadas. Shulamith Firestone combinó feminismo y marxismo para decir que la maternidad es una forma de opresión patriarcal y capitalista. ¿Cómo quieren poner fin a eso? Acabando con el libre mercado, la libertad individual y la propiedad privada. Vox se limita a denunciar el feminismo radical y el «queer» porque le renta en las urnas. Es preciso algo más, un feminismo liberal como el que defienden Guadalupe Sánchez, Irune Ariño o la profesora María Blanco, entre otras.

–¿Pasa por una reconciliación de las derechas que haya solución a la deriva que describen en su libro?

–J. V.: La ruptura del centro-derecha permite la hegemonía de un gobierno en el que late la tentación totalitaria. Hace falta un discurso fuerte de defensa de la libertad, pero sin recurrir al populismo. Lo serio, lo democrático, siempre ha sido más complicado.

LA DERIVA AL TOTALITARISMO

Por José María Marco
El covid-19 está dando lugar, como era de esperar, a muchos y muy diversos libros, desde la reflexión filosófica a la investigación periodística, pasando por el testimonio personal. El de Almudena Negro y Jorge Vilches destaca por situarse en dos campos a la vez. Uno es el del relato crítico de lo ocurrido desde poco antes de que la nueva enfermedad se desencadenara como una tempestad sobre la sociedad española. El otro es una reflexión de teoría política para intentar comprender el delirante comportamiento del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (tanto monta, ya se sabe...) ante la oleada de dolor, muerte y ruina que cambió el programa político con el que habían arrancado su mandato.
En cuanto al primero, Negro y Vilches dedican la parte central de su obra a un relato minucioso de las decisiones del Gobierno. Lo hacen desde antes de que aceptara la existencia de la pandemia y destacan muy bien –son hechos que el tiempo irá agravando más y más– la negativa de los social peronistas a aceptar la peligrosidad de lo que estaba ocurriendo, sabiendo, como sabían, la realidad de algo que en febrero ya era más que una amenaza. Aquí les falta a los autores insistir en el matiz –muy significativo– de fanatismo que caracteriza a quienes asistieron y encabezaron la manifestación del 8-M conociendo el riesgo en que incurrían. Claro que lo importante –y esto está bien analizado– era la batalla entre los delirios feministas de las facciones gubernamentales.
A partir de ahí, va muy bien analizada la estrategia mediante la cual un gobierno en estado de «shock» transformó un desastre –causado en muy buena medida por su imprevisión, su frivolidad y su sectarismo– en una oportunidad política. Se pasó de la mentira y la negación primeras –consecuencia de la aversión de Sánchez a establecer un gran pacto de unidad nacional ante la crisis– a los ataques a la oposición en la línea clásica del progresismo de nuestro país. Vinieron luego el uso sistemático de bulos o «fake news» avalados por empresas amigas y aliadas, el intento de acallar al Parlamento, el ataque sistemático a los medios de comunicación, el control del poder judicial con la ministra reconvertida en fiscal y por fin la ofensiva contra la Corona.
Lo ocurrido cobra así todo su sentido, que va argumentado en la parte más teórica del volumen: dos en realidad, los capítulos que lo abre y el que lo cierra. Para Almudena Negro y Jorge Vilches, efectivamente, la historia de la respuesta al covid-19 por parte de los social peronistas debe ser entendida como un avance del totalitarismo en situación de crisis. En vez de articular una respuesta racional y compasiva, es decir, patriótica, en defensa de los españoles y de la sociedad, Sánchez e Iglesias se lanzaron a una agenda ideológica de crecimiento descontrolado de los poderes del Estado en detrimento de las libertades individuales y de los equilibrios constitucionales.
El argumento está bien fundamentado en reflexiones teóricas de gran calado, desde el mayo del 68 –con el que arranca el volumen, subrayando, así, la paradoja de los libertarios reconvertidos en aspirantes a dictadorzuelos– hasta las especulaciones filosóficas, por así decirlo, del populismo. Alguna nota es un poco injusta, aquí como en lo anterior. No parece que se pueda atribuir al gran Rousseau ninguna responsabilidad en lo que nos está ocurriendo, y no está claro que los pellizcos a Vox ayuden a comprender la deriva «totalitaria» del social peronismo. No habría estado de más, por último, que Vilches, excelente historiador, hubiera intentado aclarar cómo el PSOE y el progresismo español se han embarcado en una tal empresa de demoliciones. Un libro muy importante, en cualquier caso, que marcará la interpretación del covid-19 en nuestro país.