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40 años de “Verano azul”: Los nietos de Chanquete bailan reguetón

¿Cómo son los pancho y los javi del siglo xxi? los patinetes han sustituido a las bicis, los teléfonos a los «timbrazos», y spotify, a los silbidos. viajamos a nerja 40 años después del inicio del rodaje de esta mítica serie

Puede que según esté leyendo estas líneas su mente ya haya comenzado a silbar la famosa canción de la serie y a visualizar a un grupete de amigos paseando en bici. Han pasado 40 años desde que la luz de Nerja enamorara al cineasta Antonio Mercero (fallecido ahora hace un año) y se decantara por este rincón del oriente malagueño para rodar «Verano azul», pero sus personajes, los escenarios y todo lo que supuso la serie siguen muy presentes entre los vecinos de este pueblo donde, a día de hoy, continúan recibiendo a turistas preguntando (ayer mismo en la recepción de un hotel) dónde visitar los lugares que salían en la pequeña pantalla. Unos televisores que solo tenían dos canales y hasta había que levantarse del sofá para cambiarlos.

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El turismo se multiplicó en Nerja gracias a esta ficción: era finales de los 70 y se manejaban otras cifras del ahora dividido «share» televisivo; de hecho, no había ni los medidores de audiencias que llegaron con las cadenas privadas, pero en 1995 (durante una de sus remisiones), se calculó que el 91,3% de los españoles había visto, al menos, un capítulo de las andanzas de Quique, Piraña, Pancho, Javi, Bea, Desi y Tito junto al viejo marinero Chanquete (que hasta tiene calle en Nerja) y su pesquero varado.

Ahora, la plataforma Netflix ha querido añadir a su catálogo de rescates de éxitos pasados (como «Friends» o «El príncipe de Bel Air») el primer gran éxito de Mercero y el viernes comenzó a emitir la mítica serie que rompió esquemas al naturalizar, por primera vez en televisión, temas aún controvertidos en el postfranquismo como el divorcio o la sexualidad. Incluso, sin saberlo, encarnaron la primera PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) al negarse en hermandad a abandonar la barco-vivienda del pescador al grito de la también legendaria canción «No nos moverán».

Los «frikis» de la serie

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Aunque parezca mentira, siguen llegando turistas exclusivamente para visitar los escenarios de algunas simbólicas escenas, como el anuncio de la muerte de Chanquete en la playa de La Caleta de Maro, la réplica del barco «La dorada» en el parque Verano Azul, el chiringuito de «Ayo» en la de Burriana o el Balcón de Europa, que aparece ya en el primer capítulo de la ficción y es el lugar donde los chavales comienzan a forjar su amistad con Julia, esa moderna pintora «new age» que inspiró a las chicas de la pandilla.

Precisamente a los pies de este imponente mirador, en la playa de Calahonda, nos citamos con un grupo de jóvenes de Nerja y Frigiliana (a 13 minutos) que podrían ser la réplica de aquellos personajes y nos preguntamos si, más allá de la estética y la forma de divertirse, es realmente tan distinto, el modo de relacionarse de un grupo de amigos de verano. ¿Qué ha cambiado de aquella generación a esta? «Todo», responde al instante y casi al unísono este grupo de malagueños nacidos en 1999. Por ejemplo, «antes se podía aparcar en cualquier sitio; ahora olvídate de dejar el coche aquí cerca de la playa».

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Ellos no salen de casa con la bici y paran frente al balcón del amigo a gritar su nombre para que «se baje» un rato; tienen un grupo de WhatsApp que se llama «Che, Documentación» en el que están los 17 de la pandilla, aunque luego haya otro específico «para las niñas», confiesan Candela e Iris. «Hablamos por el grupo para ver quiénes quedamos y qué plan hacemos» porque, menos uno que trabaja en un chiringuito, el resto está de vacaciones tras el segundo curso de la universidad en distintas facultades y, alguno, a punto de salir de Erasmus el próximo curso. Una oportunidad para estudiar en el extranjero, por ejemplo, que ni Desi ni Quique o Pancho aspiraron porque ni existía la famosa beca.

No se dan paseos sin más ni madrugan para explorar las míticas cuevas de Nerja: ahora quedan para tomar algo en la tetería, para hacer «shopping» o para ir a la playa de Burriana o de Salón, como toda la vida, sí, pero con el cargador del móvil encima. «Sin batería te quedas tirado enseguida», apuntan. Y, aunque nos cueste reconocerlo, es así. Ese aparato que nos ha cambiado la vida a todos se lleva el primer puesto al cambio más significativo entre las dos generaciones porque permanecer sin mirarlo apenas una hora puede generar ansiedad en más de uno.

Así, con el teléfono quedan entre ellos, cotillean, buscan trabajo y hasta ligan: «Todo empieza con ''likes'' en Instagram, luego comienzas a hablar por privado hasta que acabas quedando en persona». Pero la tecnología no solo ha cambiado la forma de ligar: «Es que hasta puedes pedir una pizza con el móvil y te la traen para comértela en la playa», afirman.

También desde sus smarthpones se entretienen en casa porque, aseguran, no ven la tele. «Ni ''Mujeres y Hombres'' ni ''GH''. Vemos series de Netflix o canales de YouTube». De hecho, siguen a youtubers de videojuegos (ellos) y de maquillaje (ellas) y hasta a una arquitecta que explica curiosidades sobre edificios, como por qué no se destruyó NotreDame tras el incendio de abril. Además de «youtubers», ahora hay «tiktokers», gente también anónima que comienza a tener miles de seguidores en esta nueva red social de vídeos de canciones. Pero sin duda es Instagram la que se lleva la palma. Además de a gente del pueblo y del instituto, siguen a cantantes, blogueras o futbolistas («influencers» todos ellos).

Para Manu, Candela, Alex, Iris y Nico el paso del tiempo en Nerja se nota mucho en las viviendas y lo lejos que están aún de aspirar a ser propietarios. «Mi padre siempre dice que antes las casas cerca del mar eran de pescadores y de la gente más humilde. Ahora es al revés: cuanto más pegado a la costa, mas caro todo», dice Nico. Los fines de semana salen de fiesta, eso sí, como se ha hecho toda la vida, y beben los mismos combinados de antaño. Ahora se desmelenan en La Guarida o Fabrik y, cuando echan el cierre, continúan la fiesta en Rockefeller o Jimmys. Aunque las modas regresan y precisamente se vuelven a llevar esos pantalones de talle alto que lucían los protagonistas de la serie, la asiduidad con la que se cambia ahora de estética (los cortes de pelo, las californianas y las mochilas de cuerdas) ha avanzado al mismo ritmo que la música y hasta la forma de bailar. Los típicos ritmos de guateque y el rock que surgía con fuerza a finales de los 70 han ido difuminándose para dejar paso al indiscutible rey de todas las fiestas de veinteañeros: el reguetón y su «perreo». También el trap o el hip hop, pero el reguetón, reconocen de forma unánime, «es la mejor música para bailar».

Aunque, para cambio generacional, la falta de consideración que había antes con los llamados «spoilers», esa forma de arruinar a un amigo una película desvelando su final. Y es que más de un vecino recuerda cómo en una revista anunciaban, literalmente: «Chanquete muere en el próximo capítulo de ''Verano azul''». Ellos no dan crédito y reconocen entre risas que es «durísimo, tío». Y es que el lenguaje, desde luego, también ha cambiado mucho.

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Ayo, 130 comensales al día

Se llama Francisco Ortega pero como le costó aprender a hablar y terminaba las palabras en «ayo», se le quedó ese mote. Él fue quien dio de comer a los integrantes de todo el equipo durante el rodaje de la serie porque, a sus 81 años, lleva 40 con el chiringuito en el mismo lugar. «A Mercero le gustó mi sitio porque estaba lleno de buganvillas y es su flor preferida. Dábamos comidas a 130 personas diarias», recuerda. Más o menos, las mesas que tiene hoy en su negocio. Ayo se sigue haciendo fotos a diario con fans de la serie.