Ángela Becerra da voz a las mujeres «desechables»

En «Algún día, hoy», Premio Fernando Lara, evoca la primera huelga de obreras en Colombia

Ángela Becerra, ayer en la presentación de «Algún día, hoy» / Foto: Luis Díaz
Ángela Becerra, ayer en la presentación de «Algún día, hoy» / Foto: Luis Díaz

En «Algún día, hoy», Premio Fernando Lara, evoca la primera huelga de obreras en Colombia.

Ángela Becerra es una autora doblemente premiada. Primero por sus lectores, porque es la autora colombiana más leída y una de las más populares de su país, y, segundo, por los galardones que van jalonando una trayectoria imparable. El último reconocimiento es el Fernando Lara. Lo ha conseguido con una narración de tintes heroicos que apea en la realidad, que, por lo general, junto a las experiencias, son los cimientos más sólidos para erigir los edificios de la ficción. Ángela Becerra, que ayer estuvo acompañada por la escritora Ayanta Barilli, finalista del Premio Planeta y por Carlos Revés, el Director general del Área Editorial en el Grupo Planeta, durante la presentación en Madrid de su novela, explicó una obra que parte de un personaje real, Betsabé Espinel, que en 1920, encabezó la primera huelga de mujeres que se organizó en Latinoamérica.

«Algún día, hoy» (Planeta) es así la mirada de una mujer sobre otra, la de una escritora sobre una rebelde que aventaba tempranas y justas emancipaciones. «Había quedado en el olvido por más de cien años. Y me dije, la voy a sacar del oscurantismo en el que ha caído y permanecido durante tantos años, la voy a devolver a la vida». Con esa idea comenzó una novela reivindicativa de una memoria, la de las mujeres, que había quedado relegada o, al menos, en un segundo plano. «Existía muy poca información sobre ella. Solo los testimonios y las noticias que habían recogido los periódicos. En estas crónicas se cuenta el momento en que se levanta y envalentona a 400 obreras. Se enfrenta así al poder político, social y económico de su época en aquella Colombia de 1920».

Entre la realidad y la ficción

Llegó a la figura de Betsabé Espinel casi a deshoras, al encender a una hora tardía la televisión y encontrarse con ella en un documental. Donde no llegaban los datos, en los huecos para los que no había documentación, los completó con retazos de ficción. «En su aventura encontrará a un hombre que la respetará por lo que es, porque esa mujer es una salvaje, la hija natural de una campesina que enloquecerá y terminará en un manicomio. El resto de esta historia me ha supuesto mezclar persona reales con personajes ficticios. He tenido que emplear la magia de la novela. Esta historia me ha permitido meterme en ese túnel del tiempo que me ha transportado a ese periodo».

Para Becerra, «la fuerza de la mujer ha existido siempre. Muchas familias han podido salir adelante por ellas y, también, han sido quienes han dado los valores que han marcado el norte a sus hijos. La lástima que después ha habido una mala educación que se ha transmitido de generación en generación. Las niñas crecen y los padres y las madres las dirigen hacia un comportamiento que está absolutamente sesgado. Debería haber una asignatura de igualdad». Ángela Becerra ha conseguido a golpe de curiosidad lo que muchos historiadores llevan intentando durante los últimos años: desenterrar los nombres olvidados del pasado. Es por ello que la escritora asegura: «He querido volver a traer al presente a todas esas innombrables, esas desechables, las mujeres que cayeron en el ostracismo. Cuando yo empecé a escribir este libro, ni siquiera había comenzado todavía el movimiento del «Me too». Todo lo que ayude a desempolvar el pasado y traer al presente a las mujeres que habian caido en el olvido es bueno».