Antonio Garrigues Walker: «A los populismos se les vence creando alternativas atractivas»

Con su «Manual para vivir en la era de la incertidumbre», este testigo de primer orden de la transformación de España desde la Transición ofrece las claves para hacer más fácil adaptarse a un mundo en constante cambio

Garrigues Walker / Foto: Gonzalo Pérez
Garrigues Walker / Foto: Gonzalo Pérez

Con su «Manual para vivir en la era de la incertidumbre», este testigo de primer orden de la transformación de España desde la Transición ofrece las claves para hacer más fácil adaptarse a un mundo en constante cambio.

Parece fuera de toda duda que vivimos tiempos en los que todas las certidumbres se evaporan ante nuestos ojos. Para estos tiempos de perplejidad se presenta a modo de brújula el último libro del jurista Antonio Garrigues Walker.

–¿En qué consiste el «malentendido global» que intenta clarificar en su libro?

–Hemos tenido durante bastante tiempo un contrato social vigente que se hizo para satisfacer ciertas necesidades: el crecimiento de la riqueza y el mejoramiento de la vida social de los ciudadanos, principalmente. Ha funcionado razonablemente bien pero poco a poco se ha ido diluyendo. Ahora están sucediendo dos fenómenos importantes: la creación de la riqueza fue una realidad pero la redistribución de la riqueza se hizo muy mal. Ha habido una concentración de poder en las élites económicas. El otro tema es el migratorio, que ha generado un miedo feroz a perder la seguridad, el trabajo, etc... La propia evolución tecnológica también es percibida como una amenaza. Todo esto ha generado una incertidumbre y perplejidad que ha hecho sentir la necesidad de renovar el contrato social. Este nuevo contrato social ha de afrontar los problemas que han generado el desánimo, que son precisamente el tema migratorio y tecnológico.

–¿En que parte del mundo podemos aprender antídotos contra el populismo?

–El único ejemplo válido es Japón. Es un ejemplo maravilloso. En primer lugar es una isla y por lo tanto tienden a generar una protección de su propio sistema. Es un país que ama sus tradiciones y costumbres de una manera admirable y no está dispuesta a cambiar nada. Tienen unos niveles de economía y de tecnología muy altos. De momento, en Japón estos fenómenos no se están dando. Son el único ejemplo. Hay gente que añade Suiza, donde el modelo confederal sigue funcionando a la perfección.

–¿Es más preocupante que Bolsonaro haya ganado las elecciones o que, si soluciona los problemas, su éxito se extienda a otros países?

–En Brasil no hay una sociedad civil ni el respeto a la separación de poderes que existe en Estados Unidos. Bolsonaro podría tener éxitos significactivos a corto plazo que le darían una cierta justificación política... porque la gente lo que quiere es comer. Y si no tiene qué comer estos debates ideológicos le dan bastante igual. El peligro del que habla existe. Y lo estamos viendo con China y Rusia, que tienen una concentración de poder muy grande en una sola persona y que, sin embargo, están funcionando, especialmente China. Eso hace que mucha gente se pregunte que a lo mejor una concentración de poder no es algo tan malo. Este tema me inquieta porque poner en tela de juicio el sistema democrático es algo muy serio.

–En círculos políticos y mediáticos europeos está muy extendida la idea de que a Trump le han llevado a la Casa Blanca millones de americanos ignorantes.

–Trump ha sido elegido democráticamente y hay que respetar el funcionamiento de la democracia. Lo que no podemos hacer es decir que le ha votado gente ignorante... en las democracias vota gente culta, gente ignorante, gente joven, gente más mayor: cada persona tiene un voto. Trump en estos momentos una de las bazas que tiene es que Estados Unidos ha mejorado económicamente. En muchos sectores de la derecha europea, y española, hay personas que defienden a ultranza el modelo de Trump. Todo esto es sintomático de falta de fe en los sistemas democráticos y en la capacidad en mejorar los problemas de los que hemos hablado. Y este tema lo tenemos que afrontar: los políticos tienen que darse cuenta de que el concepto del interés general tiene que entrar en el debate.

–Pese a todo usted sigue siendo optimista...

–Sí. Estas fases negativas las hemos vivido ya muchas veces. Hemos tenido ciclos altos y bajos. La humanidad siempre ha sabido salir de estas encrucijadas. Parece que estamos ante una situación caótica y delicada. Yo creo que empieza a haber una conciencia de que hay que reaccionar. Los políticos se han dado cuenta –y creo que también la clase empresarial y la sociedad civil, en general– de que hay que hacer algo más de lo que estamos haciendo para lograr la sostenibilidad del sistema. Sino estamos todos en peligro.