Carmen Thyssen: «No quiero vender “Mata Mua”, pero depende. No sé...»

La baronesa habló alto y claro en la presentación de la nueva exposición de su museo madrileño. Dijo que no se siente maltratada fiscalmente, que «quizá tenga que vender otro cuadro».

Carmen Thyssen posa ante el cuadro 'La Magdalena Penitente', de El Greco, durante la presentación hoy de la exposición 'Obras maestras de Budapest'
Carmen Thyssen posa ante el cuadro 'La Magdalena Penitente', de El Greco, durante la presentación hoy de la exposición 'Obras maestras de Budapest'

La baronesa habló alto y claro en la presentación de la nueva exposición de su museo madrileño. Dijo que no se siente maltratada fiscalmente, que «quizá tenga que vender otro cuadro».

Al terminar su intervención durante la presentación de «Obras maestras de Budapest. Del Renacimiento a las vanguardias», Carmen Cervera abrió la veda: «Podéis preguntarme lo que queráis». Y así fue. Pocas veces la baronesa se mostró tan dispuesta a responder como ayer. Dijo hasta donde pudo y repitió ciertas ideas como si de un mantra se tratara. Después de recordar las veces que estuvo en Hungría con su esposo y su hijo Borja, que durante un tiempo disfrutó de la nacionalidad húngara y que quiere regresar allí en cuanto pueda, vino la cuestión mollar: la solución definitiva que ansía para que la colección Carmen Thyssen permanezca en suelo español: «He de asegurar el futuro de mi legado para las siguientes generaciones y que las obras no estén en una situación precaria, de indefinición como están ahora», aseguró al tiempo que leía un comunicado prácticamente igual al que hizo público su agencia de comunicación el pasado 31 de enero, fecha en que expiraba el acuerdo con el estado español por el préstamo de sus obras. «Lo que deseo es que mi colección de arte siga en España (...) siempre y cuando tenga un marco legal que respete y proteja el valor de esta colección única, que garantice la accesibilidad y movilidad de las obras para poder llevar a cabo exhibiciones en todo el mundo y para dotarla de mayor visibilidad», leía. ¿Se ha sentido mal tratada fiscalmente? Su respuesta fue negativa. «Lo que deseo es aclarar las cosas. Desde el año 2000 se ha prestado la colección. Después se firmó un acuerdo de cesión gratuita por once años y posteriormente la hemos ido renovando año a año o cada seis meses y lo que tenemos que hacer ahora, y pido, es poner orden».

Subrayó la buena sintonía con el Ministerio de Cultura: «Nos hemos dado un tiempo. Simplemente deseo tenerlo todo en orden», repitió. Uno de los escollos por no escribir «el» escollo es el tema fiscal, y para que las conversaciones avancen y las obras de Carmen Thyssen sigan en suelo español «debemos tener la predisposición de todos los interlocutores» (¿Aludía sin decirlo al ministro Montoro?). La baronesa está cansada, dicen en su entorno, de vivir un eterno «déjà vu» y prorrogar sin saber que sucederá seis meses después. «Está harta de parcheos y lo pasa muy mal», aseguran. «Es una colección demasiado importante como para tomarla a la ligera», declara. En el texto que ayer se entregó antes de la presentación de la exposición cifra en «más de 1.000 millones de euros» el conjunto de obras «que no puede estar en una situación de precariedad». Un préstamo que genera unas ganancias a Madrid de entre 7 y 8 millones de euros al año y que «no debería estar sin marco legal claro y estable. Por ello confío en que encontremos una solución para asegurar la permanencia de mi colección en España y que sea bueno para todos». ¿Desea firmar un acuerdo definitivo? «Pues o definitivo o por unos cuantos años. Tenemos que sentarnos, hablar a fondo y conseguir un texto firmado, porque lo que se firma se respeta», contestó.

Un balón de oxígeno

El tema de la intención de Carmen Thyssen de dejar fuera de ese futuro posible acuerdo determinadas obras para poder venderlas afloró inmediatamente. El cuadro de Constable, «La esclusa», vendido en julio de 2012 en subasta por 28 millones de euros, volvió a cobrar protagonismo. «Yo le ofrecí al Gobierno español que pudiera pagarlo a plazos», reveló. El lienzo le otorgó momentáneamente un balón de oxígeno, pues la necesidad de «cash» (ella misma lo dijo) le obligó a ponerlo en el mercado. El fantasma regresa de nuevo: «No tengo liquidez. Nunca he pedido nada ni lo hago ahora. Si vengo al museo en un taxi lo pago de mi bolsillo. Renuncié a mi legítima para que la colección estuviera aquí. Y quizá tenga que vender otro cuadro, y lo siento mucho». ¿Se estaba refiriendo de manera clara a «Mata Mua», la joya de su colección? Como adelantó LA RAZÓN a principios de febrero, la baronesa mostró su deseo en las conversaciones que mantuvo con el Ministerio tras el verano de poner en venta el lienzo de Gauguin, valorado en unos 150 millones de euros. Ofertas tuvo, aunque las deshechó. Y dejó la perla para el final. ¿Entre las obras que baraja podría estar el cuadro? «No quiero vender ‘‘Mata Mua’’. Depende. No sé... La colección y yo estamos un poquito abadonadas», fue su última queja. El tiempo ya ha empezado a contar para conseguir alcanzar un acuerdo. «La solución se verá dentro de dos meses y medio», advirtió Carmen Cervera.

Después de posar abandonó el salón de actos y recorrió la exposición flanqueada por una comitiva. Cada cuadro frente al que se detenía captaba la atención. Y no es para menos, pues la exposición que se podrá ver hasta el 28 de mayo en el Museo Thyssen-Bornemisza, y con la que se inauguran las celebraciones de los 25 años de vida del centro, es realmente única. Hoy la inaugurarán los Reyes junto con el presidente de Hungría, acompañados durante el recorrido por la baronesa y los comisarios de la exposición, Guillermo Solana y Mar Borovio. Algunas de las noventa obras salen en contadísimas ocasiones del Museo de Bellas Artes de Budapest, de donde proceden junto a la Galería Nacional de Hungría. Es el caso de la bellísima «Madonna Esterházy», una delicada joyita (por el tamaño únicamente la utilización del diminutivo) firmada por Rafael, que merece la visita. Aunque no es la única. Guillermo Solana, director artístico de la colección Thyssen-Bornemisza, aseguró que «de las colecciones que poseen arte español es la más importante de pintura española fuera de nuestras fronteras». Entre ellas destaca una «‘‘Magdalena penitente’’, de El Greco impresionante, una ‘‘Salomé’’, de Cranach realmente fabulosa, así como dibujos de Durero, de Leonardo, el conjunto de pintura veneciana, sin olvidar a Murillo, Alonso Cano o Velázquez, de quien se exhibe “El almuerzo”. Y Goya o los grandes maestros clásicos del impresionismo», señala Solana.

El Museo de Bellas Artes de Budapest abrió sus puertas en 1906, aunque había sido constituido en 1896. Sus colecciones fueron creciendo a través de donaciones y compras, como la de la fabulosa colección Asterházy, considerada como uno de los pilares del museo hoy. La Galería Nacional de Hungría, dedicada exclusivamente al arte del país, se estableció oficialmente en 1957, escindiéndose la colección, y desde 1975 tiene su sede en el Palacio Real de Buda, donde exhiben obras fechadas entre el medievo y el siglo XX.

«Christmas» con Montoro

El apellido del ministro de Hacienda sobrevoló la rueda de Prensa casi de principio a fin y, aunque la baronesa dijera que no se sentía mal tratada fiscalmente, había dudas sobre su respuesta. ¿Existen buenas relaciones entre el ministerio y Carmen Cervera? Ella, con una sonrisa y mucho humor respondió que «nos intercambiamos ‘‘christmas’’ con mucho cariño el señor Montoro y yo». No pierde el humor, aunque desde su entorno se asegure que la procesión va por dentro. No obstante, ayer Carmen Cervera, que iba, como acostumbra, vestida en color marfil con un traje pantalón, derrochó simpatía y no paró de sonreír. Disfrutó del paseo por la exposición y se detuvo dando su tiempo a cada una de las obras, algunas de las cuales le traerían gratos recuerdos de su pasado junto al barón, a quien recordó constantemente durante la presentación. Hoy abandonará España, después de cumplir una apretadísima agenda.