El Greco, sobre Miguel Ángel: «No sabe pintar»

No podía acabar de mejor manera el año dedicado al pintor que con la presentación del segundo tomo de los tres que conforman «Vida de artistas».
No podía acabar de mejor manera el año dedicado al pintor que con la presentación del segundo tomo de los tres que conforman «Vida de artistas».

La Fundación El Greco dona a la Biblioteca Nacional el II tomo de las «Vidas de artistas» de Vasari, con anotaciones de puño y letra del griego.

De su puño y letra. Ya habíamos escrito en estas páginas que El Greco fue un artista cultivado, interesado por cualquier manifestación artística, conocedor de su entorno, y al tiempo, lenguaraz y arrogante. Bastante arrogante. Ya lo dijo Fernando Marías poco antes de que se inaugurase «El griego de Toledo», la gran exposición dedicada en al pintor de Candía: «Pretendo que se descubra a un pintor nuevo», alejado de ciertos estereotipos que no han hecho sino transmitirnos una imagen equivocada del artista. Y es este hombre que decía lo que pensaba a un a riesgo de convertirse en carne de Inquisición quien anotó sus impresiones de otros contemporáneos en un tratado histórico, «Vidas de artistas», de Vasari. En sus márgenes dejó escrito lo que pensaba de otros colegas de profesión, unos más extensos; más escuetos otros y bastantes párrafos subrayados. Unos salieron bien parados, otros, no tanto. Gracias a la compra realizada por la Fundación El Greco, el volumen (el tomo II de esta obra) se custodia ya en la Biblioteca Nacional tras su donación, una obra bibliográfica compuesta por tres volúmenes que ya forma parte de la colección patrimonial de la institución. ¿El precio? 300.000 euros, «una cantidad que de haberse adquirido fuera de España podría haber llegado al millón de euros», asegura Gregorio Marañón. Los volúmenes forman un tratado del arte y son «importantísimos para el patrimonio bibliográfico español», añade. Según el presidente de la Fundación están escritos en «itañol», una mezcla curiosa de mal italiano y mal español de la época que se traduce en unas 20.000 palabras, el equivalente, según Fernando Marías, a 80 folios. El conjunto es la mejor muestra de lo que pensaba y cómo valoraba a las figuras del momento, su visión del uso del color, de la pintura. Es célebre por sus biografías de artistas italianos, sus datos, anécdotas, leyendas y curiosidades recogidas en este «Vida de los mejores arquitectos, pintores y escultores italizanos», editado en 1550, cuya segunda edición, que es la que ahora posee la BNE, revisada y ampliada, se ha adquirido.

Admira a Tiziano y Tintoretto y es muy duro en sus críticas hacia Miguel Ángel, a quien le achaca sin rodeos que «no sabe pintar» «ni hacer cabellos ni cosa que imitara carne» por estar «falto e impedido de semejantes delicadezas». Dice lo que piensa sin tener en cuenta las consecuencias. De su puño y letra. Marías gran experto en el pintor cretense, sabe que lo que ahora estará a disposición de los estudiosos en una institución abierta al público es «materia sobre la que se habían trazado hipótesis y que ahora podremos leer y consultar. Además, se va a digitalizar y estará en la red, con lo que todo serán facilidades. El artista defendía una pintura basada en el color con lo que se opone a la visión más florentina y romana de otros colegas, a la que daba el propio Vasari. Se enfrenta a su doctrina basándose en la experiencia de su pintura bizantina. Sus obras están llenas de luz, color y movimiento», explica el experto.

Políticamente incorrecto

¿Cómo era realmente la relación con Buonarroti? «En el libro podemos leer que no deja títere con cabeza. Tiene para todos, aunque hay contadas excepciones como las de Tiziano, Tintoretto, Correggio y Parmiggianino. A Miguel Ángel le dedica todos los vituperios que se puedan imaginar, pero en el fondo le admira. Querría ser de mayor como él. Le fascina como escultor y como arquitecto, pero le denosta y le vilipendia como pintor. Desprecia absolutamente su pintura al fresco. Afirma que «pinta retratos de oídas. Pone a caldo a unos y otros: a los italianos que viven en España a los pintores españoles, de quienes dice que no le gustan nada porque su pintura es producto de un gusto ‘‘engañador’’. Se despacha en cada línea», subraya.Es su esencia la que se contiene en los márgenes del libro de Vasari. Un Greco íntimo y personal», concluye, y se felicita de que el texto ahora pueda estar al alcance de todos «porque nos permite conocer a fondo la psicología de un gran artista. Son notas tan personales como políticamente incorrectas».

Sin embargo, no es el único que escribe en los márgenes de este libro capital, bien a tinta, bien a lápiz, cuya historia casi es digna de una novela casi folletinesca. El libro perteneció a Federico Zuccaro, quien visitó a El Greco en 1586 y se lo donó con sus escritos, a los que el pintor de Candía añade los suyos propios, nada menos aque unas 14.000 palabras. Éste se lo regalará finalmente a Luis Tristán. Tres manos distintas e identificables capaces de ornar cada página del volumen y añadirles su impronta personal La obra no apareció en el inventario de la biblioteca de El Greco hasta 1614 ni tampoco entre los libros que relacionó en un listado su hijo, Jorge Manuel en 1621. Se piensa que quizá pasara a manos de Tristán, tras el regreso a Italia de El Greco, antes de 1611. Los textos formaron parte de la colección de obras de un convento de Madrid. Hasta el siglo XX no se tienen más datos. Se sabe entonces que fue adquirido por Xavier de Salas, historiador y ex director del Museo del Prado, que lo compró en Gran Bretaña y en cuya familia ha permanecido hasta ahora.