Arturo Fernández, un rompecorazones con un gran amor

Se casó primero con Isabel Sensat, de familia aristocrática y con quien tuvo tres hijos, y después fue muy feliz hasta el fin de sus días con la abogada Carmen Quesada.

¡Ay!, con Arturo Fernández se va toda una historia del cine y el teatro españoles, además de un físico para algunos envarado pero de gran prestancia. Ese fue su principal medio interpretativo, que le valió para servir actuaciones únicas. Inolvidable fue su película «Un vaso de whisky», donde alzaba mucho la ceja izquierda, una de esas altas comedias en las que formaba un trío único con Alberto Closas y Carlos Larrañaga, quien le sucedió en dos de sus grandes triunfos representados a lo largo de cinco años. Una de ellas fue una comedia de Alejandro Casona estrenada por el asturiano y que después Carlos presentó en giras inagotables. No se parecían en nada, pero hacían los mismos personajes y, con Alberto Closas, compusieron un trío que se distinguió por su elegancia personal. De ella siempre presumían, ironizando acerca de esa peculiaridad que los asemejaba, como no les pasaba en el escenario. Nacido en Asturias, donde mañana será enterrado, en Gijón, desde muy temprano tuvo compañía teatral propia y casi siempre actuó reestrenando títulos olvidados de Alejandro Casona. Memorable fue en «La tercera palabra», a la que dio cientos de representaciones, o el drama «La playa vacía», que estrenó el Teatro Moratín que Jaime Salóm creó en Barcelona. Era una ciudad que lo veneraba como a los grandes, y Arturo correspondía haciendo allí largas temporadas, especialmente en el Teatro Talía, que hoy se llama Martínez Soria, buen recuerdo al también gran actor cómico. Arturo, como galán eterno, era un rompecorazones. Estuve en su primera boda, celebrada en Barcelona, con Isabel Sensat, de gran familia empresarial y social, y con la que tuvo tres hijos. El enlace, que duró muy poco, fue sensación en la Barcelona de aquellos años con gran pujanza escénica. Arturo era incondicional y siempre vivió en unos apartamentos que también hicieron época. Hace pocos años se unió a la encantadora Carmen Quesada y fue de lo mas feliz, pareja que duró hasta el final, ya que un cáncer le obligó a retirarse. Pero igual que sobresalió con su apostura reflejada en «Un vaso de whisky», también lo hizo procurando no descuidar su acento asturiano. Fue único en su estilo, resultado de unas actuaciones teatrales que marcaron una época y un estilo que no volverán. Pero nos quedan como símbolos.