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Augusto Ferrer-Dalmau: «No sabría cómo pintar una gran mentira»

Este pintor de batallas transmite sobre el lienzo los éxitos gloriosos de la historia militar

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Pérez-Reverte se refiere a él como pintor de batallas. El propio Ferrer-Dalmau se define como un «idealista irresponsable que se mueve por pasión». Trabajó hace años como diseñador textil. Le encanta cocinar platos contundentes y colecciona sables de caballería. Dice que a todas horas le asiste la soledad infinita del artista. Escucha música melódica mientras pinta. Ha sido galardonado con numerosos premios por sus obras. Como los soldados que dibuja en sus batallas, es buen amigo de los suyos, y el «peor enemigo»... Le encantan los colores tierra y le gustaría ser recordado como «un catalán orgulloso de ser español».

–No me diga que en el colegio le suspendían en dibujo, como a Picasso...

–No, era de los que sacaban buenas notas. En la clase pintarrajeaba todos los libros.

–¿Y qué pintaba?

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–Soldaditos, batallas, castillos... Lo que veía en las películas.

–¿Por qué pinta?

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–En aquella época, era una forma de jugar. Los juguetes que no existían los pintaba. Me sigue gustando y disfruto con ello.

–¿Qué es lo más curioso que ha dibujado?

–Algún paisaje tropical que nada tiene que ver con lo mío para un amigo que me lo pidió. Me pareció una cosa absurda.

–¿Usted también tiene un retrato de Dorian Gray que envejece ?

–Sí, claro que tengo un retrato de Dorian Gray. Todo pintor que se precie tiene que tener uno en el armario.

–¿Cuántas horas pasa en su estudio?

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–Todas. Mañana, tarde, noche, fines de semana... No salgo de él. Paro, duermo, continúo, como mientras pinto... Mi pintura es quien maneja mi vida social; no tengo.

–¿De qué obra se siente más orgulloso?

–De «La batalla de Rocroi» porque refleja mucho el carácter español: la resistencia, el heroísmo, el honor hasta el final. Es el reflejo de nuestro sino.

–¿Por qué siempre hazañas bélicas?

–Porque es lo que me ha apasionado siempre; es algo que me sale desde que era pequeñito. Forma parte de nuestra historia y de nuestra humanidad.

–¿Qué es lo más difícil cuando uno pinta un cuadro de esas características?

–El planteamiento y la documentación.

–¿Cómo se informa?

–Llevo con el planteamiento del cuadro de los tercios que estoy pintando ahora más de dos semanas, pensando en cómo colocar las figuras y documentándome. El conjunto general del cuadro para mí es lo más difícil.

–¿Le ha asaltado alguna vez el miedo al lienzo en blanco?

–Sí, bloquearme muchas veces. Cuando me pasa me doy un paseo, cambio de aires, dibujo otra cosa, aunque sea una tontería, y vuelvo a retomar el tema, hasta que salgo del agujero.

–¿Quién le enseñó a pintar?

–Mi madre pintaba muy bien y me enseñó cuatro trucos y yo empecé a desarrollar el resto por mi cuenta. Ella pintaba también cosas militares porque era hija de militar. Me dedicaba a mirarla y la imitaba.

–Usted que es catalán, ¿cree que pinta algo el desafío soberanista de Mas?

–No pinta nada, ni ahora, ni antes ni después.

–¿Cómo esbozaría el retrato del presidente de la Generalitat?

–No sabría cómo pintar una gran mentira, pero me iría a dar un paseo y ya encontraría la fórmula .

–¿Y el de Pujol?

–Pues quizá un traje al estilo «hermanos Dalton».

– ¿Cómo pintan cuatro elecciones seguidas cuando parece que el bipartidismo se acaba?

–Como siempre, todas pintan igual.

–¿Le han pedido alguna vez que pinte, por ejemplo, una mayoría absoluta?

–No, espero que no me pidan nada de esto.

–En el Debate del Estado de la Nación la oposición acusó a Rajoy de pintar una España en rosa pastel. Usted, que mezcla tanto los colores, ¿cómo la pintaría?

–Sobre un lienzo viejo con un fondo ocre empezaría a darle tonos claros.

–Dicen que fue uno de los impulsores de la Lauredada de Alcántara...

–Yo no impulsé. Eramos un grupo de personas que nos juntamos, dirigidos por Jorge Fernández Díaz, y entre todos aunamos esfuerzos. Antes de que gobernara el PP, la providencia quiso que un día Fernández Díaz fuera a la Academia de Caballería conmigo y su hermano Alberto y se interesara mucho por saber por qué no se había concedido esa Laureada. Él tomó el compromiso de que se concediera esa laureada si gobernaba, y así fue. A mí me encomendó la tarea de organizar el primer encuentro con militares amigos para saber cómo estaba la situación. Sin duda, fueron momentos de gran emoción.

–¿Dibujó algo sobre esta Laureada?

–Precisamente he pintado muchos cuadros de esta Laureada antes de que se concediera. Por ello formé parte del «grupo Alcántara», porque conocía gente relacionada con el tema y la caballería.

–Calderón de la Barca decía: «La milicia no es más que una religión de hombres honrados». ¿Lo ve así?

–Exactamente lo mismo, es una religión de hombres honrados que darían su vida si fuera necesario por todos nosotros sin distinción de credo y religión.

–Y pintando tantas batallas, ¿nunca pensó ser militar para vivirlas?

–Siempre, lo intenté, pero era un mal estudiante. Hubiese cambiado la impresión por ser militar de caballería. Vivirlas me habría ahorrado muchas horas de investigación. Cuando pinto vivo la batalla, disfruto de ello.

–¿Cuál es el objetivo de un artista como usted?

–Transmitir a la gente los éxitos gloriosos de nuestra historia militar. Para mí eso es un orgullo, y que la historia no se olvide.

–Ha estado en Afganistán haciendo bocetos... ¿siempre va a la arena para tocar el realismo?

–No puedo reconstruir el pasado porque no estuve, pero el presente sí, voy y lo veo. Ver para pintar...

–¿Y cómo hizo ese viaje en el tiempo para inmortalizar la batalla del Glorioso?

–Con la ayuda de muchísima gente, pero sobre todo de Pérez-Reverte, que conocía muchísimo todo el tema. Reconstruimos una maqueta para poder hacerlo. Fue un trabajo muy laborioso que me llevó cerca de tres meses, diez horas diarias

–¿En qué capítulo de la historia se ha embarcado ahora?

–Estoy con los tercios y me pasaré en breve a la batalla de Pensacola.

–¿Nunca se ha pintado a sí mismo en una batalla?

–No, pero no lo descarto. Si algún día lo hago, no lo diré.