Cataluña: guerra de Sucesión, no de Secesión

Javier La Orden Trimollet publica «La última batalla», una novela histórica basada en dos episodios dinásticos en la Europa del XVIII.

Óleo de Jean Alaux sobre la batalla de Denain del 24 de julio de 1712

Javier La Orden Trimollet publica «La última batalla», una novela histórica basada en dos episodios dinásticos en la Europa del XVIII.

En el siglo XVIII la dinastía Hannover sustituyó a los Estuardo en Gran Bretaña y los Austrias cedieron en España el cetro a los Borbones. Durante gran parte del siglo, ambos países se hicieron la guerra y España y Francia se enfrentaron a los Hannover británicos. La nueva novela de Javier La Orden, «La última batalla» (Reino de Cordelia), se centra en estos episodios, la sucesión en el trono de España y la lucha dinástica en Gran Bretaña, a través del protagonismo de la familia Larzáin, que, no solo luchó en la Guerra de Sucesión española, sino que en 1715 acompañó a Escocia al pretendiente Jacobo Estuardo en su intento de recuperar el trono. Diego de Larzáin combatió en Glen Shiel y participó en 1741 a las órdenes de Blas de Lezo defendiendo Cartagena de Indias. En 1745 viajó a Escocia para luchar al lado del hijo de Jacobo, el príncipe Carlos Estuardo, en Prestonpans y Falkirk y en la decisiva batalla de Culloden, la última librada hasta hoy en suelo británico, que acabó definitivamente con las posibilidades de los Estuardo de volver a reinar.

«Una novela histórica al estilo de Alejandro Dumas», afirma La Orden sobre su libro. El tema religioso y la cuestión sucesoria trajeron de cabeza a Europa durante varios siglos. La falta de descendencia de Carlos II en España conllevó una lucha por la corona española entre el descendiente elegido, Felipe de Anjou –Felipe V–, y el archiduque Carlos de Austria. «España era el gigante moribundo del que querían aprovecharse las potencias europeas que estaban como buitres disputándose algún trozo de su Imperio. Carlos II pensó que la única manera de mantenerlo unido era nombrar heredero al nieto del poderoso Luis XIV. Francia era la nación más potente de Europa y con él, España podría mantenerse unida». Para el autor, «lo ocurrido en Cataluña fue, claramente una guerra de Sucesión por el trono de España, jamás una guerra de Secesión separatista. Un sector defendía al heredero designado por el rey, de la casa de Borbón, y otro decía que el verdadero rey debía de ser Habsburgo como Carlos II, y el más próximo era Carlos de Austria. Fue una guerra civil entre los partidarios de éste, la Corona de Aragón, contra el resto, la Corona de Castilla y León, a favor de Felipe V. No buscaban independizarse, sino mantener sus fueros y libertades. Cataluña nunca quiso separarse de España», asegura La Orden. ¿Esos fueros anteriores a 1713 justifican, pues, los argumentos independentistas actuales? «Para nada –continúa–, en todo momento decían “nosotros somos españoles”, pero no querían un rey francés centralista que impusiera, como en Francia, una sola ley y una sola lengua para todos, querían volver a la situación que tenían con los Austrias, por eso deseaban un Habsburgo».

Nada que ver con Escocia

¿El caso es comparable con Escocia? «No tiene nada que ver. Escocia fue un reino totalmente independiente de Inglaterra hasta principios del XVIII, cada cual con su Parlamento. Cataluña en cambio era un condado de la Corona de Aragón, nunca hubo un Reino de Cataluña». Y el problema escocés comenzó siendo religioso. «Inglaterra, con Isabel I (Tudor), se vuelve anglicana y cuando llega un rey católico quiere las mismas libertades que los protestantes, pero no están dispuestos a consentirlo y lo echan, es lo que llaman “la gloriosa revolución”, lo expulsan de Inglaterra. Intenta recuperar su trono, pero es derrotado. Al morir, es su hijo Jacobo III, que nunca llegó a reinar, quien lo intenta recuperar en tres ocasiones, anhela volver a Escocia y conquistarla con ayuda del rey francés. El cuarto intento, el último, es el de su hijo Carlos, que también fracasa».

La batalla de Culloden fue la última de Carlos de Estuardo por el trono inglés, pero allí se perdió algo más que una batalla. «Fue el final de la Escocia céltica, de la cultura gaélica y de los celtas que llevaban ocho siglos viviendo en sus montañas en un sistema totalmente feudal, muy medieval, que duró hasta mediados del XVIII y de los que ya no queda más que un 1%. Se perdió el trono y, lo peor, la vieja cultura gaélica de Escocia. Las represalias de los Hannover fueron terribles. En términos actuales sería un genocidio, una limpieza étnica, arrasaron con todo vestigio. Los anglosajones consideraban a los celtas como una raza inferior. Igual que en la época de Arturo, el alma céltica sucumbió ante la espada anglosajona», concluye.