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Cela: «Siempre dije que se metían a políticos los que no servían para otra cosa»

Cela: «Siempre dije que se metían a políticos los que no servían para otra cosa»
Cela: «Siempre dije que se metían a políticos los que no servían para otra cosa» larazon

En el centenario del nacimiento del escritor, Marina Castaño se atreve a contestar un cuestionario sobre lo que él pensaría hoy sobre la política y la literatura.

–¿El día más feliz de su vida fue cuando supo que ganó el Nobel?

–Como escritor, probablemente sí. Como hombre, no. La vida me ha brindado muchos momentos de felicidad. En la Complutense hay una enorme cabeza mía, obra de Víctor Ochoa, en la cual hice inscribir una frase: «Para el éxito, sobra el talento. Para la felicidad, no basta». Con esto creo que queda suficientemente respondida su pregunta.

–¿Es cierto que algunos premios están concedidos de antemano?

–¡Claro, amigo mío! Eso ocurre en todas partes, aunque yo no soy en absoluto partidario.

–¿Qué le parece que otro Nobel, Vargas Llosa, esté pasando la purga mediática por la que pasó usted?

–Es inevitable, pero yo creo que le compensa como me compensó a mí. Isabel es un encanto de criatura.

–¿Qué aconsejaría al jurado del Premio Cervantes?

–Yo no doy nunca consejos. Cada cual que se equivoque solo, jeje.

–¿Sigue siendo la envidia el pecado nacional?

–Sí, y lo será por siempre. Va impreso en el ADN de los españoles.

–¿Sería el español más feliz si ese pecado nacional fuera la lujuria?

–¡Claro! La lujuria no es un pecado, sino una bendición de Dios. ¡Pobre del que no sienta arrebatos de cachondez en la vida!

–¿Hubo algo más que amistad entre usted y su choferesa negra?

–¡Jamás! Hicimos cada uno nuestro papel con absoluta asepsia, si bien Marina y ella se hicieron buenas amigas. Asistió, incluso, a algún cumpleaños mío y también a mi funeral. Y siguen hablándose entre ellas.

–Aquella mujer estaba ciertamente delgada. ¿También usted prefiere a las delgadas?

–Sin duda, no hay más que ver a Marina, mi mujer.

–¿Qué es más difícil, ser fiel a la misma mujer toda la vida o escribir una buena novela?

–Mire, joven, yo nunca he sido fiel ni tampoco lo he intentado. Las mujeres siempre me han gustado más que el pan frito.

–¿Qué responde a quienes siguen criticando su literatura por castiza?

–Allá cada cual. Por otra parte nunca hice más cosa que reflejar la identidad de un país: el nuestro.

–¿Qué le pareció el libro de Umbral sobre usted?

–De náusea, pero en el pecado llevó la penitencia. Debió ser más agradecido, hombre, gracias a mí tuvo el premio Cervantes, ¿de qué si no? Umbral sólo ha sido un buen articulista, como escritor ha sido insignificante. Pero no lo olvide, siempre he tenido a mi alrededor un enjambre de traidorcillos que se manifestaron después de mi muerte. Bien que lo ha padecido la pobre Marina.

–¿Qué autores de la generación de 1950 le gustan?

–Le hablaría de Carmiña Martín Gaite, Ana María Matute, José Ángel Valente, Caballero Bonald (jejeje), Josefina Aldecoa... ¡vaya, me salen muchas mujeres! ¡para que luego digan que soy machista! Carme Riera, por supuesto... y tantos otros.

–¿Cuáles fueron sus autores preferidos del «boom»?

–¿Se refiere a todos los que triunfaron bajo el manto de doña Carmen Romero? Prefiero no hablar, que ya bastantes palos me dieron por esto. Hay un autor que siempre admiré y con quien tuve bastante contacto. Gallego, como yo. Manolo Rivas. Y no estoy diciendo que formara parte de esos a quienes bauticé como «los 150 novelistas de Carmen Romero».

–¿Sigue creyendo en la amistad?

–Sí como concepto, lo mismo que en la lealtad, pero desgraciadamente no son realidades de las que podamos aportar hechos en nuestra vida, salvo contadas excepciones.

–¿Qué papel tendrían en sus novelas Rajoy, Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez?

–Uff, ¡qué difícil me lo pone usted! Siempre dije que se metían a políticos los que no servían para otra cosa... Son muy pobre gente y mis personajes han sido siempre muy sólidos.

–Se le acusó, con alguno de sus allegados, de formar un «sindicato del crimen» ¿Fue aquello exagerado?

-¡Qué tontería! Sólo éramos un ingenuo grupo de periodistas (a quienes los malintencionados llamaron «los costaleros del Nobel») que nos reuníamos en casa para criticar la política del momento, mientras comíamos jamón y bebíamos vino tinto.

–No hizo ascos a la publicidad ¿Qué producto le gustaría anunciar ahora?

–Jaguar, sin duda, como Stephen Hawking. Es un gran coche, muy británico, como a mí me gusta. No olvide que soy medio inglés. Yo tuve dos. También un Bentley que me regaló Marina.

–¿Y aceptaría concursar en un «reality show»?

–De ninguna de las maneras. Yo no me mezclo con la chusma. ¿Cómo me pregunta eso?

–¿Cuál es la tontería más grande que ha escuchado con motivo de la conmemoración cervantina?

–Me pareció una payasada innecesaria el numerito en el Congreso de los diputados. Claro que dado el momento que se está viviendo en España y la gentecilla que se sienta en los escaños, nada debe espantarnos. ¡Hasta se tutean con el presidente durante las sesiones! Todo esto me apesta.

–¿Qué enseñanza principal sacó del Quijote?

–El Quijote sirve para pensar. Si sólo se me hubiera permitido leer un libro en mi vida, ese hubiera sido el Quijote. Y rogaría que no me privasen de los sonetos satíricos de Quevedo.

–Muñoz Molina todavía no ha logrado olvidar cuando se metió con él en un breve artículo. ¿Hay gente demasiado sensible?

–Se equivoca. Llegamos a tener una relación cordial en la Academia. Por otra parte he de decir que, a veces, he sido demasiado cáustico con mis colegas. Quizá hoy hubiera sido de otra manera.

–¿Cuál es el ataque más feroz que recuerda contra su persona?

–Creo que fue Terenci Moix, que antes había sido buen amigo mío y, sobre todo, de Marina.

–¿Qué opinión le merece el habla políticamente correcta que está terminando con el epiceno?

-Me parece tan ridículo... No lo puedo soportar: hombres y mujeres, perros y perras, niños y niñas. Al final esto es sexismo puro.

–¿La Academia puede seguir siendo la misma tras admitir «almóndiga» y «arrascar»?

-No lo entiendo, la Academia está para pulir los vulgarismos, no para fomentarlos.

–Un articulista decía en un periódico de Málaga que, por razón de edad, debería usted haber dejado de publicar hace años...

–Mire, yo dejé de escribir cuando dejé de respirar, literalmente, y Marina, mi mujer, puede constatarlo, y ni en ese momento me faltó coherencia para ligar palabras y frases. Ahora bien, cada cual puede decir lo que quiera.

–¿Qué le da lástima?

–España, que ha dejado de respetar a las personas y a las instituciones. Claro que, hoy día, hay muy poca gente respetable.

–¿Y qué es lo que le sigue cabreando?

–La estupidez humana, la falta de coherencia...

–¿De qué habla con Carmen Balcells?

–Ha sido magnífico volver a encontrarnos, aunque entiendo que todavía le quedaba mucho por hacer ahí abajo. Sin embargo, llevaba tiempo preparando su marcha.

–Usted mantuvo relación de amistad con Pemán, a quien ahora llaman asesino y hasta acusan de haber matado a 400 jornaleros...

–No sé cómo se puede tolerar, y nadie mueve un dedo para evitarlo. Es demencial.

–Prohibieron un homenaje literario a Foxá en Sevilla y retiran el busto de Mercedes Fórmica en Cádiz. ¿Con la censura vivíamos mejor?

–Perdone, será con la no censura. Para censura, la que ahora están padeciendo. Por suerte ya no estoy ahí, desde esta distancia se ve todo con otra perspectiva y se disfruta de una libertad que, desgraciadamente, ustedes no tienen.

–¿Es usted más de Twitter, de Instagram o de Facebook?

–¿Perdón? Mire, joven, yo nunca tuve siquiera un teléfono móvil. Esas cosas las manejaba Marina.

–Le pidió en una ocasión a Manu Leguineche que no le preguntase sobre la actualidad, que no le interesaba. Qué mal viviría usted en la España de hoy...

–¡Desde luego! Ya le digo que aquí arriba se está divinamente.

–Don Camilo, como vecino de Madrid, ¿dónde pedirá asilo por tener a Celia Mayer de concejala de Cultura?

–¿Ésa es la de las tetas al aire? ¡Ah, no, es la de los titiriteros y la de los Reyes Magos vestidos de mamarrachos! Mire, es el tiempo que les está tocando vivir. Allá cada cual, allá los votantes, con los votos no se juega. Luego vienen las lamentaciones. Madrid tendría que ser como Londres, un punto turístico de referencia mundial y en estos momentos sólo es una ciudad sucia y cochambrosa, como su gobierno municipal.

–Su discurso de ingreso en la Academia trató sobre Gutiérrez Solana. ¿Por qué el gran pintor sigue siendo un escritor casi secreto?

–Porque España es un país tan pobre que no da para tener dos ideas sobre la misma persona. Es decir, que si eres pintor, ya no cabe que tengas también buena pluma.