Chicote es cultura

La mítica coctelería de la Gran Vía madrileña recupera las tertulias literarias que ya acogió en los años 30 y a las que acudía lo más granado del sector

Perico Chicote, que levantó el local en 1931, y Ernest Hemingway

La mítica coctelería de la Gran Vía madrileña recupera las tertulias literarias que ya acogió en los años 30 y a las que acudía lo más granado del sector

Son incontables las celebridades del mundo del espectáculo, patrio y extranjero, que han pasado por el bar que Perico Chicote abrió en 1931 en plena Gran Vía: desde Ava Gardner a Tim Robbins, pasando por Bette Davis, Almodóvar, Lola Flores, Frank Sinatra, Catherine Zeta-Jones, Sofía Loren, Tyrone Power, Pepe Isbert o James Stewart. La lista es interminable. Cada uno de ellos, a su modo, y a veces con su sola presencia, ha contribuido a convertir el Museo Chicote en un valiosísimo anecdotario que permite estudiar los usos y costumbres de la farándula casi a lo largo de un siglo. Los hay que protagonizaron aquí conocidos y achispados episodios que hoy circulan de boca en boca con la inexactitud y exageración propias de las leyendas populares.

Pero no todo dentro de estas cuatro paredes fueron juergas desaforadas, flirteos varios o chascarrillos ingeniosos; hubo además espacio para la conversación sosegada o incluso la discusión, aunque no exenta de humor, acerca de la propia cultura; porque aquí se dieron cita también los autores y pensadores más destacados del momento, como recogía con gracia Agustín Lara en su chotis «Madrid». Buena parte de esa «crema de la intelectualidad» –que dice la canción– era la que formaba la Peña Teatral Chicote, que se inauguró en 1934 con Jacinto Benavente como presidente. Y ese espíritu de caluroso diálogo que caracterizó sus reuniones es el que pretenden recuperar los actuales gestores del establecimiento en las nuevas tertulias literarias que han instaurado los miércoles por la tarde. «Se trata de volver a convertir este lugar en un punto de encuentro para toda la gente interesada en la cultura –explica Raúl Gómez, responsable de comunicación de Museo Chicote y uno de los impulsores del proyecto–. Habrá muchas caras famosas, pero también habrá mucha gente anónima que quiera intercambiar con ellas sus opiniones».

Las de Fran Perea, Luis Merlo, Luis Alberto de Cuenca, Javier Cámara o Carmen Machi son algunas de esas caras que ya está previsto que se vean en sucesivas convocatorias, y que vendrán a sustituir a aquellas otras que ocuparon las mesas y sillas de la mítica coctelería antes de la Guerra Civil. Nada menos que nombres como Ortega y Gasset, Edgar Neville, Muñoz Seca y Dámaso Alonso, entre otros, fueron los ilustres tertulianos que conformaban con Benavente aquella peña teatral tan diversa en opiniones como pródiga en cordialidad.

Porque sólo bajo esa necesaria premisa de concordia puede explicarse que en aquellos tiempos coincidieran muy a gusto en Chicote, junto a intelectuales, poetas y artistas de todo pelaje, los mangantes y los millonarios; los monárquicos y los republicanos; los seminaristas y las prostitutas. Y, mientras unos hablaban de teatro y teorizaban sobre la cultura y la vida, otros entraban solos con mucha formalidad por Gran Vía, saludaban, y salían poco después a hurtadillas, en secreta y amorosa compañía, por el contiguo Cock-Bar de la calle de la Reina, al que se llegaba por un oculto pasadizo. En ese clima de diversidad y tolerancia, salvando las distancias, y ahora que nadie acude a Chicote para esconderse de nada, es en el que pretenden desarrollarse estos Miércoles literarios.