Ectoplasmas a la carrera

Cazafantasmas **. Director: Paul Feig. Guión: Paul Feig y Katie Dippold. Intérpretes: Kristen Wiig, Melissa McCarthy, Kaye McKinnon. Estados Unidos, 2016. Duración: 116 minutos. Comedia fantástica.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Los adolescentes que llenamos las salas en las vacaciones, estivales o invernales, de los años ochenta podríamos decir que sí, aunque la nostalgia es mala consejera para marcar estándares de calidad. No estaría de más recordar que fue la década en que Ronald Reagan cortó las alas de un Hollywood que, gracias a «La guerra de las galaxias», percibió que quizá los thrillers políticos y el cine comprometido estaban agotando su atractivo en taquilla. ¿Cómo revisitar un «blockbuster» clásico como «Cazafantasmas», que se ha ganado –sin méritos reseñables, al menos para este crítico– la reputación de objeto totémico de la cultura pop para los ya maduros habitantes del planeta Generación X? Paul Feig responde con otra pregunta: ¿qué ocurriría si nuestros héroes se convirtieran en heroínas? Feig, que ha dedicado su carrera como cineasta a demostrar el potencial cómico y taquillero de un puñado de excelentes actrices –empezando por Kristen Wiig en la excelente «La boda de mi mejor amiga» y acabando con su intérprete fetiche, Melissa McCarthy, en «Cuerpos especiales» o «Spy»–, parecía el cineasta más adecuado para este proyecto. El problema es que los efectos del cambio son insignificantes: más allá de un elogio de la camaradería femenina, la película condena a esta pandilla de cómicas a repetir lo que hicieron sus precedentes masculinos. No es extraño que el título en castellano de la película sea escandalosamente neutro, demostrando la desconfianza que aún tienen los estudios en los «blockbusters» con toque femenino, y tampoco lo es que lo más destacable del filme sea la hilarante vis cómica de Chris Hemsworth haciendo una sangrante parodia de lo que sería un «hombre objeto», o la versión anabolizada del arquetipo de la rubia tonta, secretaria para más señas. Al fin y al cabo, el patriarcado, aunque ridiculizado, controla la función cuando atraviesa el plano. Por lo demás, «Cazafantasmas» es, por un lado, un producto diseñado para no molestar a los fans integristas del original (léase los consumidores fanáticos de los libros de «Yo fui a EGB»), que disfrutarán de una copia en toda regla, mejorada por efectos especiales con un cierto aroma «vintage» –sobre todo en lo que se refiere a la viscosidad ectoplásmica y a los colores fosforescentes–, y, por otro, un «blockbuster» veraniego del montón que puede atraer, moderadamente, al joven público de multisalas, un vulgar artefacto diseñado en las cocinas sobrenaturales de los departamentos de marketing.