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Fernando Esteso: «He entrado en las casas sin tener que llamar a las puertas»

El 13 mayo, y no es un milagro de Fátima, estrena en Tarragona una obra teatral con Félix el Gato, «Dos hombres y un vespino», en la que habla de la vida, canta y baila. «Me siento muy querido, mucho», confiesa el cómico, uno de los grandes, que repasa su carrera y el presente del cine. Acaba de estrenar «Incierta gloria», filme dirigido por Agustí Villaronga.

El 13 mayo, y no es un milagro de Fátima, estrena en Tarragona una obra teatral con Félix el Gato, «Dos hombres y un vespino», en la que habla de la vida, canta y baila.

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Tiene Fernando Esteso (Zaragoza, 1945) un algo de ternura. O un mucho. Y de timidez. En una mesa de un restaurante, rodeado de gente, parece que se hace pequeño, como si se disolviera, aunque siempre, siempre hay alguien que reconoce al actor y le saca de ese mundo tan suyo.Viste unos vaqueros y un jersey marino de pico por el que asoma una camisa azul claro. Es cordial en el trato y tiene tanto que contar que necesitaríamos una tarde entera, o dos o tres, para ponernos al día de tanta vida vivida. «Nadie mejor para entrevistar a Fernando Esteso que Gema Pajares», le decimos con un guiño de ojo y el se ríe a carcajadas. «Yo tengo una sobrina que se apellida Esteso Pajares. La puedes buscar en Twitter si quieres», asegura. Y no es broma, aunque pareciera que todo lo que circunda al mundo de este maño de raza lo fuera. En su vida también ha habido drama y hondura. Y muchísimos buenos momentos y risas y llantos. También.

Ha sido, dice, un actor de monólogos, de conversaciones con uno mismo, y por eso ha decidido poner en suerte un espectáculo que ya da la pista de lo que puede ser desde el nombre: «Dos hombres y un vespino». ¿Quién será Redford y quién Newman?

–Con ese nombre imagino que usted no querrá vendernos una moto...

–¿Una moto? Mira, son dos cómicos que empiezan una ‘‘tourné’’ en un teatro y llegan allí accidentados porque han tenido un percance con una moto. La verdad es que los vendajes no se sabe muy bien si es para dar pena o porque de verdad están hechos polvo.

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–¿Y así arranca?

–Es un juguete cómico que tiene al vespino como elemento, es el vehículo con el que iniciar la charla. Félix (el Gato) dice que tenía uno rosa, que era de su hermana y se presenta con un pañuelito para no despeinarse... y ahí es cuando empezamos a contar nuestras cosas, las normales, las que le suceden a uno cada día con un humor limpio y blanco, y cómo pasa esta vida que va a toda velocidad. Y hay también una parte musical, con baile, como si fuera un homenaje a Ginger Rogers y Fred Astaire y a todos los cómicos españoles, que somos muchos y buenísimos. Una parodia para pasar un buen rato.

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–¿Y con patrocinador?

–Claro, el coñac «La Parra». Lo tengo registrado a mi nombre (risas).

–Habla de un humor blanco y limpio, ¿es que el de ahora está más sucio?

–Yo he hecho monólogos y comedia toda mi vida y jamás he necesitado utilizar un lenguaje malsonante, ni faltar a nadie al respeto, ni de pensamiento, ni de palabra ni de obra. Me gusta la doble intención y los juegos de palabras y cultivar ese sentido del humor que si lo tienes serás capaz de reírte de los otros cinco. Pero para eso hay que tenerlo. Hoy se practica otro tipo que no es apto para todos los públicos. El nuestro lo era y lo es. Buscamos, no la carcajada, sino el estado de ánimo y que la gente esté deseando que la función no se acabe y que no llegue el momento de abandonar el escenario.

Seguimos charlando y se le acerca un hombre de mediana edad y le mira con gratitud. Apenas le dice unas palabras: «Le tengo que dar las gracias por las veces que me ha hecho reír. Gracias». Y se marcha feliz después del saludo. Y a Esteso se le sale la sonrisa de la cara, se le escapa de pura satisfacción.

–¿Se ha acostumbrado alguna vez a recibir tanto cariño?

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–La calle no ha variado. Han cambiado los tiempos: hoy vivimos rodeados de tecnología y pendientes de los móviles, pero las personas siguen siendo las mismas. A mí me han recomendado de generación en generación porque las abuelas me veían con sus hijos y ahora me paran los nietos. Y ese patrimonio, que es tuyo y es un orgullo, no te lo puede quitar nadie, ni siquiera ese señor adusto con gafas que maneja los dineros. Te diré que hay generaciones que se saben enteros los diálogos de nuestras películas. Es impresionante.

–Veo que se siente, no querido, sino inmensamente querido.

–Muchísimo. Fíjate que he sido cofrade de honor en la Semana Santa de Valencia. Eso de salir el Domingo de Resurrección y escuchar los aplausos y que te gritaran «guapo» me ponía la piel de gallina. Menos mal que no fue el día de Viernes Santo. Me hicieron feliz.

–De la pareja de los 80 que formó con Andrés Pajares usted era el buenazo. Pero interpretaban a dos desgraciados en el fondo.

–Hacíamos de pícaros pero buenos chicos. A mi se me podía dejar la puerta abierta para que pudiera entrar en las casas, es decir, que he entrado en ellas sin necesidad de llamar al timbre porque era un hombre que no entrañaba peligro. Era Fernando, menos en Andalucía, que me llamaban «Fennando», un tipo cercano y asequible con el que te podías encontrar en cualquier momento.

–El cine español les debe mucho, Fernando, porque han dado mucho también a la industria.

–Es que cuando venía una superproducción de Hollywood si estaba una película nuestra en la cartelera el distribuidor se ponía a sudar y esperaba a que desapareciésemos. Y es así, no es broma. Éramos una competencia muy fuerte. Hemos hecho temblar a George Lucas con «La guerra de las Galaxias», palabra. Salir con 75 copias en esa época significaba una barbaridad y había varias sesiones, a las cinco, a la siete, las nueve y las once. Nuestras películas tenían una vida larguísima.

–Filmes que eran taquillazos y con los que ustedes, no lo puede negar, ganaron auténticas fortunas.

–Estábamos más pendientes de gustar que de gastar, pero ganamos, ganamos mucho. Llegábamos a cualquier sitio y aquello era una fiesta. Estaba todo el mundo pendiente de nosotros. Fue una época maravillosa.

–¿Qué significa Mariano Ozores en su vida?

–Con los cuatro directores que he trabajado he tenido mucho «feeling», aunque él me resulta especial. A mí me ha gustado ser dirigido, eso de que éramos indomables es una leyenda. Cuando estuvimos en teatro con «La extraña pareja» dirigidos por Osuna le decían: «Ya verás cómo son estos dos, un par de indisciplinados». Queríamos hacer una versión inolvidable y par diez que lo logramos. Ozores es un cielo. Nunca he trabajado más a gusto que con él. Recuerdo cuando le dieron el Goya de Honor, merecidísimo y, el detalle de querer que estuviéramos en el escenario Andrés Pajares y yo a su lado. A él le debemos todo. Y al público.

–Hizo de ustedes una pareja nada extraña.

–El nuestro fue un encuentro maravillloso. Andrés y yo éramos amigos, habíamos trabajado juntos. Ozores tenía esa varita mágica de la oportunidad, de saber lo que había que hacer en el momento justo. Mira, «Los bingueros» la rodamos en el momento de la legalización del juego. Por su cámara han pasado grandes cómicos que han sido enormes dramáticos. De ahí surgió una bonita relación con Mariano, Andrés e Izaro Films.

–¿Para cuándo un papel protagonista dramático?

–Me gustaría mucho hacerlo. Por mí, ya. Es lo mismo que un secundario, solo que está más tiempo en pantalla, pero por lo demás... (se ríe). Una vez estudiado el papel, las horas ya no importan.

–No se lo tome a broma.

–Quiero hacer un drama, venga. Me encantaría echarle un pulso a Andrés Pajares en uno, quizá porque le considero un gran amigo.

–¿Con qué director le gustaría trabajar?

–¿Y con quién no? Yo estoy abierto a todos.

–Segura («Torrente 5», 2013) y Villaronga («Incierta Gloria», 2017) han sido los últimos.

–Menudos dos monstruos. Santiago se sabe hasta las coletillas de mis diálogos y de mis canciones. Me las cantaba en maquillaje.

–¿Y qué ha significado en su vida Pajares?

–Todo: el teatro, la revista, la amistad y el respeto. Es un hermano de escenario, una persona con la que me he sentido protegido, seguro, creíble y a gusto. Hemos estados siempre muy compenetrados y entre nosotros ha habido «feeling».

–En el fondo, siempre interpretaban, permítame que se lo diga, a dos desgraciados.

–Éramos una pareja de infelices a la que hasta zurraban, como en «Los bingueros». No sabes cómo pegaban aquellos. Mariano (Ozores) buscaba la moralina, que es una moraleja con sabor a caramelo para que el gusto no fuese tan amargo. Pero es cierto que el trasfondo era triste: dos tipos que querían aprovecharse y de los que se aprovechaba cualquiera. Qué injusticia.

–¿Estamos ante una crisis de imaginación en el cine? ¿Nos faltan buenos guiones?

–Hoy no se escriben buenos guiones. Nosotros nos sentábamos alrededor de una mesa camilla en un apartamento y allí entre todos y en tres semanas y media teníamos listo el texto.

–¿Qué cine le gusta?

–El que me entretenga, el que no haga que me levante de la butaca, el que no maleduque. El que tenga sentimiento, humanidad, verdad y que sea, ante todo, creíble.

–¿Ha sido su papel en «Incierta gloria» de Villaronga el mejor en la pantalla?

–Es un compendio de todo lo que se puede pedir a una producción. Y agradezco, a parte del trabajo del director, maravilloso, los escenarios de mi tierra, de ese Aragón seco y agrio.

–El IVA ha bajado para los espectáculos en vivo, pero no para el cine. ¿Le parece bien?

–Me parece que la ayuda al cine ha de venir de la mano del espectador. Es necesario ayudarle a que entre en la sala y a que esté motivado.

–¿Se queja demasiado el colectivo?

–No sé si demasiado, pero lo hace en los lugares menos oportunos para ello. Aquí en España lo que se hace es darle leña al mono, venga, y hay que tener respeto. ¿No te parece que siempre salen los mismos en las películas de televisión y de cine? Si dijera lo que pienso no me volverían a contratar.

–¿Trabajará en cine a corto plazo?

–Por ahora no. La gira que abrimos el día 13 de mayo en el Tarraco Arena Plaza de Tarragona es lo que tengo por ahora. Después, a Madrid.

–¿Le duele que no se acuerden los directores de usted?

–Hombre, doler, doler... pero parece que los intérpretes de cierta edad ya no existimos.

–¿Y cómo ve a España políticamente hablando?

–¿Esto es serio? Yo pienso que nada lo es y esto, menos que nada. Aunque si miramos fuera de España... Con Trump a la cabeza, Turquía tan dividida, Venezuela llena de pobreza y con esas manifestaciones...Vivi-mos de milagro. Hasta ahora (y mira el reloj. Y se sonríe).