Crítica de cine

«Road movie» en Nazaret

«Road movie» en Nazaret
«Road movie» en Nazaret larazon

Hay llamadas que cambian o empiezan historias incluso cuando el telefonazo no va dirigido a uno mismo. Así le ocurrió a Annemarie Jacir (Belén, 1974) cuando su pareja descolgó el móvil que le convertiría en el cómplice de «Invitación de boda»: «La idea surgió al recibir mi marido la noticia de que su hermana se iba a casar». Hecho que, según escribe la tradición, obligaba a éste a regresar a casa para repartir, junto a su padre, las invitaciones de boda. «Una costumbre palestina que ya no se practica tanto, excepto en Nazaret», explica la directora. Fue entonces cuando Jacir se sumó a la aventura: «Me pareció muy interesante». Se sentó en el asiento de atrás del coche y allí pasaría cinco días recorriendo la ciudad y los alrededores. Casa por casa entregando las tarjetas.

Protagonismo compartido

Los minutos de silencio en los atascos, las charlas en las callejuelas, cada timbre que pulsaban eran una nueva idea para sumar a un futuro largometraje. Estaba dentro del «wajib» –nombre original del filme–, es decir, el deber de cumplir con la tradición. Excusa suficiente para levantar una historia que rebuscase en las relaciones entre hombres, padre e hijo en este caso: Abu Shadi (Mohammad Bakri) y Shadi (Saleh Bakri): «Quería ahondar en lo que los hombres no se dicen entre sí», dice la realizadora palestina.

Revivir aquel viaje en la pantalla, aunque sin ella de paquete y sí al otro lado de la cámara. Una «road movie» por la necesidad de encerrar a sus dos protagonistas en un mismo espacio y que no tuvieran escapatoria: «Me gustó la idea de que estuvieran ambos en un automóvil porque deben hablar entre ellos. No hay a dónde ir y tienen que enfrentarse el uno al otro. También se trata de ver quiénes son cuando están solos y, luego, frente a otras personas. Se quieren mucho, pero, al mismo tiempo, no se soportan. Un caso que también se produce en la realidad. Al final, lo que realmente quieren es algún tipo de respeto básico».

Dos figuras que deberán compartir protagonismo con un tercero, la propia Nazaret. Ciudad en la que viven 76.000 palestinos con estatus de «ciudadanos israelíes» y que Jacir entendió «como un personaje más», explica: «Es un lugar que está pasando una crisis de identidad y que está lleno de contradicciones. Quizá sea por ello que la tradición se vive con más fuerza que en otras ciudades», comenta una directora que no ha querido «entrar en cosas políticas obvias».