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De Pedro "el bello"a Pedro "el viejo"en un segundo

Sometemos a los líderes a la aplicación rusa que se ha hecho viral y que ha puesto en jaque la privacidad de los usuarios.

Sometemos a los líderes a la aplicación rusa que se ha hecho viral y que ha puesto en jaque la privacidad de los usuarios.

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Quien a estas alturas no se haya descargado la aplicación viral del momento, FaceApp, y no haya enloquecido al verse con unos cuantos años más y repleto de arrugas, está completamente «out». Y los que lo hayan hecho, que ya son miles millones de personas en todo el mundo, ahora temen que se estén utilizando sus imágenes por recónditos lugares de la red. En primer lugar, calma. Nadie en este planeta lee la letra pequeña cuando se descarga una aplicación gratuita y cede a diestro y siniestro información privada (emails, documentos, voz...) a golpe de click. Pero claro, si aesto sumamos el hecho de que la empresa desarrolladora de la aplicación de envejecimiento (también rejuvenece, pero la sociedad se empeña en verse gagá) es rusa, ya están todos los ingredientes sobre la mesa para que esto se convierta en una polémica. Tan solo en la tienda de Apple se han descargado FaceApp 46 millones de personas. Suma y sigue. Ahora la duda es: ¿Dónde van a para las imágenes sin retocar que subimos a dicha herramienta? ¿Nos robarán las fotos? Sí. Sin ninguna duda, concluyen los expertos. Pero, ojo, que Instagram, Face-book, WhatsApp (ojo con los mensajes de voz), hacen lo propio, hasta 13.000 apps, según los expertos en ciberseguridad, recopilan nuestros datos sin reparos. Así que no carguemos la tinta contra la aplicación rusa porque su modus operandi no es novedoso ni son las únicas «alimañas» que sacan tajada de nuestra curiosidad.

ALBERT RIVERA, 39 años. «Manifiesta su buen estado a través de una dieta sana, sueño reparador, higiene diaria, antioxidantes e, incluso, un buen estado de ánimo. Aún así, les recomendaría una limpieza facial diaria , exfoliaciones y productos hidratantes así como el uso de fotoprotección» Dra. Jazmín Fragoso, Clínica Beoxy

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«Es cierto que esta «startup» es rusa, pero todo su contenido está alojado en Amazon y Google Cloud, con lo cual no es que no haya riesgo, pero no se puede decir que los datos vayan para ruso. Es más, no seamos ingenuos, cualquier aplicación gratis hace que el producto seas tú, nadie trabaja por amor al arte. Este es su modelo de negocio. El usuario cede (por dejadez) todos sus derechos a estas aplicaciones y lo hace con un contrato, que es cuando se aceptan los términos de uso. Es un contrato en toda regla donde luego no cabe escandalizarse», explica Chema García, investigador de «Thiber», el «think tank» más importante de España sobre ciberseguridad. El hecho de que sean Amazon y Google los encargados de almacenar nuestros datos no es garantía de que los tratarán mejor que los rusos, como piensan algunos. Ni siquiera la crítica que ayer se hacía por la red de que aplicaciones como FaceApp no cumple con los estándares de privacidad de la Comunidad Europea. «Es un contrato formal, no hay engaño alguno», insiste el experto.

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PABLO IGLESIAS, 40 años. «Muestra exceso de adelgazamiento facial. Le haría falta un injerto capilar en la zona frontal; presenta también blefarocalasia, descolgamiento del párpado superior. Le haría una blefaro, rellenamos la ojera con grasa lipofilling y aplicamos infiltraciones de bótox para todas las arrugas de expresión». Dr. Franco Góngora, Director de la Clínica FG

Pero, ¿qué hacen entonces estas empresas con nuestras fotos, en este caso? «Su rentabilidad tecnológica más inmediata es integrar sus modelos de inteligencia artificial, que es el nuevo petróleo de la tecnología futura», apunta García. Es decir perfeccionar sus patrones, al igual que se hace con los famosos cuadraditos en los que, en ocasiones, nos hacen elegir qué fotos tienen un semáforo o donde aparece un barco. «Es una manera de mejorar los modelos predictivos, conocer patrones dentro de una imagen y que solo se consigue a base de entrenar imágenes a través de miles personas. Así el sistema aprende qué es cada elemento, así como estados de ánimo, razas, voz belleza, etc...», asevera el experto.

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SANTIAGO ABASCAL, 43 años. «Se observa con claridad un exceso de arrugas frontales y ojeras. Vemos también blefarocalasia del párpado superior y arrugas de expresión en las que aplicaríamos infiltraciones de bótox. Le haría falta también un injerto capilar». Dra. Jazmín Fragoso, Clínica Beoxy

Pero esto no se queda aquí, porque terceras empresas están ansiosas de tener todo este volumen de datos para sus bases. Y sí, nosotros también aceptamos que la empresa primaria pueda donárselos a una tercera. «Pueden revender la información que usted como usuario le ha dado gratis o bien vender las capacidades que ellos han desarrollados con todos estos datos», apunta el analista de «Thiber».

PABLO CASADO, 38 años. «Para las arrugas de expresión aplicaría bótox en la zona de las patas de gallo; también tiene bastante marcada la ojera para lo que haríamos un relleno con lipofilling con su propia grasa y una blefaro para la blefarocalasia superior de ese párpado». Dr. Franco Góngora, Director de la Clínica FG.

De hecho, ya hay páginas que parecen ser de ocio: distinguir que persona es real y cual no. Jugar en estas web es alimentar los negocios que hay detrás que buscan perfeccionar la reproducción del rostro humano, hasta un punto en el que no se sepa quién es humano y quien «replicante» a modo de «Blade Runner». Otro ejemplo que pone García sobre el uso que hacen de nuestros datos sin ser nosotros conscientes es en aplicaciones como las del correo de Gmail: «Te facilitan una plataforma y te quitan el spam, el malware, te clasifican el correo gratis.... ¿sospechoso?», sonríe. Pero, ¿alguna de las fotografías que hemos subido a la app podremos llegar a verlas publicadas en un lugar indeseado. «Posible, sí. Que vaya a ocurrir, no se sabe. Eso, sí, que el rostro del usuario será utilizado para generar rostros humanos virtuales, es seguro», concluye.

Pues si se trata de acogerse a aquello de «perdidos al río», arrojemos al mar de la incertidumbre a los políticos y veamos si su vejez será más dura que la del resto de los mortales.