"Don Carlo", el mayor reto de María Agresta en el Real

La soprano italiana interpreta por primera vez en su carrera la ópera más completa de Verdi, así como la más exigente tanto en el plano técnico como interpretativo.

La soprano italiana interpreta por primera vez en su carrera la ópera más completa de Verdi, así como la más exigente tanto en el plano técnico como interpretativo.

Giuseppe Verdi, al igual que compuso historias de amor y pintó con sus notas la exaltación de la belleza, narró a través de su trabajo la historia de la humanidad. Sus obras tratan la relación entre las personas de la misma manera que su música evoca a diferentes tipos de libertad. Tal fue su dedicación por la música que sus obras se han escuchado en numerosas versiones y se han interpretado en la mayoría de los grandes teatros del mundo. Uno de ellos, el Teatro Real, espacio que cerró su última temporada con «Il Trovatore» y ahora inaugura la 2019/2020 con «Don Carlo», también del compositor italiano y que, para muchos, es la que más le define.

El miércoles el escenario madrileño abrirá sus puertas –hasta el 6 de octubre– a una ópera que, según la define Nicola Luisotti, director musical, es «un milagro», ya que lo que ofrecen estas partituras es de «una belleza que supera a la mente» y, por ello, «tiendes a pensar que no puede ser humano». Por su parte, Maria Agresta, soprano italiana que debuta en esta obra e interpreta a Elisabetta de Valois –papel que comparte con Ainhoa Arteta y Roberta Mantegna, ya que la obra cuenta con triple reparto– afirma que «Don Carlo» es «seguramente la ópera que nos hace entender dónde quería llegar Verdi con sus composiciones». «Es delicada, pero al mismo tiempo llena de pasión, de fuerza», explica Agresta, añadiendo que además tiene «un componente político muy interesante». «Don Carlo» es, en palabras de Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, «un caos de versiones» que Verdi realizó «de manera entusiasta». En sus inicios, la ópera contaba con cinco actos y un ballet. Sin embargo, el compositor italiano la cortó preocupado por tener una extensión demasiado larga, cambio del que nació la versión de París –con cuatro actos y sin el ballet–, que se estrenó en la Ópera de la capital francesa en 1867. Pero Verdi no estaba satisfecho y volvió a modificar la obra. En una de estas exigencias nació la versión de Módena, que ahora se interpreta en el Teatro Real y que cuenta con cinco actos y que suprime el ballet.

Espesor dramático intenso

Podría decirse que Verdi se percató de que los cortes afectaban a una de sus obras más características, aunque también la más compleja. Para Agresta, la de Módena es la versión adecuada, ya que «narra toda la historia y da a entender mejor lo que ocurre, lo que justifica que también tenga gran dificultad». Teniendo en cuenta que la obra posee tanta historia y trabajo a sus espaldas, despierta la curiosidad de cómo debe ser interpretarla. «Es necesario tener gran dominio técnico», explica Agresta, «porque atraviesa todo el rango vocal de un soprano: desde notas gravísimas hasta otras muy agudas, con un espesor dramático intenso». Pero, para cantar una ópera, asimismo hay que interpretar: «También es difícil –continúa la soprano–, ya que a veces las emociones se declaran de una manera tan explícita que te arriesgas a banalizarlas». Todo este trabajo, Agresta lo afronta con una máxima que la acompaña desde que su mentora, la célebre soprano Raina Kabaivanska, se lo aconsejó: tener confianza en la música y escuchar lo que el compositor quiere decir y aquello que quiere que se diga a través de la música. Con esto, la que interpreta a Elisabetta de Valois afirma que para cantar «Don Carlo» ha tenido que escuchar al propio Verdi. Y de qué mejor manera que a través de la obra que resume todo su trabajo: «En ésta se siente el cúmulo de todas sus obras y la fuerte personalidad de Verdi», confirma Agresta.

A grandes rasgos, «Don Carlo» narra una historia de amor imposible. El protagonista, que le da nombre a la ópera, y Elisabetta de Valois están profundamente enamorados, pero el deber político obliga que ella deba casarse con Felipe II, padre de Don Carlo. Para Elisabetta no hay elección, sino capacidad de adaptación. Y es a raíz de este hecho desde el que se define su personaje: «Una mujer que decide hacer lo que sea por su pueblo y que sacrifica su amor y su pasión por el bien de éste», explica, y añade que, para ella, Elisabetta «es una gran reina y muy responsable». Es necesario tener en cuenta que la historia de Schiller en la que se basó el compositor para crear sus partituras no responden a la realidad. Habla de la historia española de una manera ficticia y el único puente que la conecta con la realidad es lo que los oídos no pueden percibir, pero sí los ojos: la vestimenta y la puesta en escena. Según explicó Axel Weideauer –realizador de la dirección de escena de la ópera– en la presentación ante la Prensa de «Don Carlo», tanto la decoración como los vestidos son un vehículo que apelan a la realidad. Al igual que Schiller utilizó en su obra a personajes históricos para alejarla de la ficción, en «Don Carlo» se encarga de esto la dirección de escena, y de una manera, por cierto, claustrofóbica.

Un trabajo mágico

El mundo de la ópera es para muchos un gran desconocido. Y no debería serlo. Aunque a veces es difícil entender sus historias, merece la pena intentarlo. Para Agresta, entender una «es como escribir o leer», es decir, algo que se aprende y se educa a lo largo de la vida. «Hay que explicarla y tratarla del mismo modo que una materia de escuela, el público debe venir al teatro con los deberes hechos», añade. Además, la soprano confirma que conoce a personas que «no amaban la ópera, pero que poco a poco han ido entrando en este mundo mágico y jamás han querido salir». Para comprender estas partituras, por tanto, hay que conocer, pero ya no solo el espectáculo en sí, sino también «todo lo que viene de antes», apunta, «la preparación, el trabajo de las pruebas, la construcción y todo lo que se realiza para obtener el resultado final son los ingredientes necesarios para que la ópera funcione y la gente se apasione tantísimo».

Ante esto, y aún siendo desde siempre Italia la cuna del bel canto, la soprano celebra la manera en la que se reciben las óperas en España. «El público se acerca a ellas con una curiosidad libre de estereotipos y con el fin de divertirse». Sin embargo, lamenta que en Italia «sentimos la presión de haber sido los “creadores” de esta música y eso en ocasiones nos hace olvidarnos de que lo único que debemos aportar es belleza». Todas estas emociones se reunirán a partir del miércoles en el Teatro Real con «Don Carlo», de manera que el espectador pueda percibir tanto el extenso esfuerzo que Verdi dedicó a su obra como su profundo mensaje a través de grandes voces.

España abunda en el elenco

La versión de Módena de «Don Carlo» que estará en el Teatro Real hasta el 6 de octubre cuenta con triple reparto. Con excepción en el papel de Don Carlo, ya que cuenta con cuatro intérpretes: Marcelo Puente (arriba, en la imagen, junto a Maria Agresta) y Sergio Escobar sustituyen a Francesco Meli, que no actúa por cuestiones de salud, y comparten papel con Alfred Kim y Andrea Carè. Además de Agresta, el de Elisabetta de Valois lo alternará con Ainhoa Arteta y Roberta Mantegna. El elenco también incluye a Silvia Tro Santafé, como la princesa de Éboli, y Juan Jesús Rodríguez, como el marqués de Posa.

«Plácido Domingo siempre ha sido una persona gentil y disponible»

La ópera de «Don Carlo» trata, casi durante toda su duración, sobre la idea de la libertad. La de pensamiento y la de expresión, a veces reprimida por deber y otras sufrida por amor. Maria Agresta afirma que «la libertad de un individuo empieza donde termina la de otro» y esto no lo relaciona solo a la ópera, sino también con la situación que ahora atraviesa Plácido Domingo. Ante las acusaciones por acoso sexual que se ha recibido el tenor desde el pasado agosto, la soprano defiende que «si algo ha sucedido será la justicia la que decida lo que debe hacer». «Con el maestro Domingo he trabajado en muchas ocasiones», recuerda Agresta, «y nunca he visto ni vivido actitudes de este tipo, siempre ha sido una persona muy gentil y disponible». Pero, ante todo, pide respeto: hacia las mujeres que han denunciado, porque «si se han sentido indignadas o “violadas”, solo puedo ser solidarias con ellas», así como hacia Domingo, ya que «no quiero pensar que se desacredite a una persona como él» si no hay motivos. La soprano defiende que «no debemos fomentar las discusiones o decir cosas solo porque las hemos escuchado, sino que es necesario buscar y apoyar la verdad».