Literatura

Eduardo Lago: «Obama no necesita un "negro"para escribir bien»

Escritor

La casualidad de un encuentro fue el origen de la novela de Eduardo Lago. «Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee» (Malpaso). El autor se reconcilia con Nabokov y utiliza «El original de Laura», la última obra inconclusa del autor de «Lolita», como parte de la trama de su tercera novela. El escritor lleva cerca de 30 años viviendo en Nueva York, donde fue director del Instituto Cervantes e imparte clases de literatura en Sarah Lawrence Collage. Dos tramas se entrelazan través del protagonista: un escritor fantasma cotizado en EEUU quien tiene que escribir las memorias de un magnate a punto de morir y por otro recibe el encargo de revelar la trama oculta de la novela de Nabokov Inicia la investigación, se descubre que hay oscura relación entre ambos trabajos.Una estructura sólo viable para un gran autor como Lago.

-Antes de empezar... reconocerá que me dé vértigo preguntarle a un gran preguntador.

-(risas) Bueno, espero que no sea así. También es raro para mí estar al otro lado, ¿apagamos la grabadora y que no se enteren tus jefes?

-Leyendo el título uno se queda uno sin aliento. ¿Se le ocurrió antes o después del texto?

-Durante el proceso. Y fue difícil porque era largo, pero me di cuenta a mitad de la redacción

-Un ejercicio literario donde intriga y creación se dan la mano a la sombra de una novela inacabada de Nabokov, «el original de Laura».

-Dejó hilos sueltos que son fascinantes. Pero fue la excusa para tener acceso al laboratorio secreto de un mago, porque deja abiertos los cartílagos del relato. Podría haberme centrado en otro pues quería que participara el lector como co-creador.

-Le tenía fobia a Conrad, a Mann, Dostoievski o Cervantes. ¿Qué cambio hacia él, en usted?

-Tenía sus opiniones y se metía con quien le parecía, por eso me caía un poco gordo, pero al sumergirme, vi su grandeza, y comprendí que todos los grandes tienen algo de maniáticos.

-Odio la metaliteratura porque muchos lectores se quedan fuera de juego por falta de erudición.

-La manera en que lo he concebido vale para cualquier lector. Una cita en Manhattan, el laberinto de un videojuego, un escritor que le propone a otro que culmine un proyecto... No es tan raro. Hay acción, entretenimiento y discernimiento. Todo es cultura, juego y aprendizaje.

-Suma de historias, de peripecias personales y de viajes ¿Un rompecabezas difícil de hilvanar?

-Todo ocurre en Nueva York, en las agencias literarias donde se firman proyectos millonarios. Es una reconstrucción de la ciudad, la época, las discotecas, el glamour anterior al sida, la droga, el desenfreno... Los viajes del escritor fantasma son paralelos a las otras vidas que leerá el lector.

-Usted no es un escritor comercial. ¿Queda un hueco para los autores de culto?

-Mira el Nobel de Alice Munro. Una mujer que escribe literatura de verdad, sin pensar en elementos comerciales. Hay literatura que no muere.

-Barth decía: «La realidad es un sitio interesante para ir de vacaciones pero no para quedarse a vivir. De hecho, la ficción nunca ha pasado mucho tiempo ahí». ¿Entiende la premisa?

-Barth dice: Galdós, Tolstoi o Dickens contaban cosas acordes a su realidad, pero ¿qué es la realidad? Nabokov decía que había que escribirla con comillas. Sólo hay que sacudirse el «blandibu» para aceptar que ha habido evolución.

-Ha traducido a James, Garland, Dean Howells, John Barth, Sylvia Plath,... Javier Marías decía que un buen traductor es un mejor escritor...

-Acertadísimo. Una de las mejores novelas de Marías es la traducción de Tristram Shandy «Difícil». O Borges con «Orlando» de Woolf. Un buen traductor es un gran escritor.

-Lleva 26 años viviendo en Nueva York, y está más expuesto a la literatura anglosajona...

-Nueva York ejerce una extraña fascinación sobre los escritores españoles y al tiempo reconozco que la literatura norteamericana está muy viva. Estoy al tanto de ambas y en la española veo escritores que me interesan, aunque hay menos vitalidad en el viejo continente.

-Ha dicho: «Soy escritor porque me vine a Nueva York. En España me hubiera adocenado»...

-Ése es el motivo principal por el que me fui. Me sentía ahogado y con pocas posibilidades. Aquí está muy viva la épica, suceden cosas, como bien traduce el cine, las series... Ahora en España hay un cambio, ¿en qué derivará la crisis? No lo sé.

-¿De aquí a escribir en inglés, hay un paso?

-No me queda más remedio aunque no es doloroso porque ni renunciaré a mi lengua ni a mi nacionalidad. La próxima novela no queda otra que escribirla en inglés, porque sino estaría en desventaja. Dijeron en «Le Monde» que era un escritor norteamericano que escribía en español.

-Es conocido por su reporterismo literario ¿Qué autor le ha emocionado más y hubiera alargado el café?

-Me ha impresionado el poeta Ashbery, es difícil estar tan cerca de alguien que está tan cerca de lo sagrado. También Edward Said o Harold Bloom, un hombre que se lo ha leído todo... Un privilegio hablar con Roth y pasar un día con él junto al mar. Y sin duda DeLillo, que quizá es uno de los más grandes... Que para mí es el equivalente de haber entrevistado en su día a Proust o Kafka.

-Dejar de ser director del Cervantes,¿se vive con añoranza o con alivio?

-No podía escribir y a eso responde, pero es un puesto fascinante y fueron cinco años de importancia que me permitieron servir a lo que conozco de la cultura de aquí y a la mía.

-Los políticos, terminan escribiendo. ¿Obama será un gran escritor cuando acabe su mandato?

-No lo será. Lo es. Es de los pocos que no necesitan un escritor fantasma. Es un hombre que lee, interpreta y tiene sensibilidad. Además, tiene una historia que contar. Si escribe una obra, no tendrá «negros». A diferencia de Clinton u otros que se meten en cambiar estrategias geopolíticas, él ha ido haciéndolo poco a poco, con buen pie....Es hombre de acción, sensato.