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El gancho de Arteta

  • La Orquesta de la Comunidad de Madrid con su director titular, Víctor Pablo Pérez
    La Orquesta de la Comunidad de Madrid con su director titular, Víctor Pablo Pérez

Tiempo de lectura 2 min.

20 de abril de 2018. 01:46h

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Gonzalo Alonso 20/4/2018

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Obras de Ginastera, Ovalle, Halffter, Laboa, Guastavino, Ramírez, Montsalvatge, Mascagni, Puccini, Leoncavallo, Verdi, Giordano. Soprano: Ainhoa Arteta. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Director: Víctor Pablo Pérez. Auditorio Nacional. Madrid 17-IV-2018.

Los bares de alrededor del Auditorio Nacional estaban mucho más animados que habitualmente antes de los conciertos. «Es que hoy canta Arteta», explicaba el barman. Otro tanto sucedió al final del concierto. Lleno en el Auditorio con presencia de mucha prensa rosa. Pocos artistas españoles provocan una reacción similar. El programa, tan bien construido como atrayente, se inició con una pieza orquestal de Ginastera, muy adecuada y muy bien tocada por la ORCAM, con un Víctor Pablo Pérez enérgico y potente como no volvería a mostrarse en el resto de la tarde. Seguidamente apareció la soprano con un llamativo vestido rojo y se escucharon bastantes «¡Oh!» en medio de una calidísima ovación de bienvenida. El público era suyo antes de empezar a cantar. Y empezó con una primera parte compuesta por canciones con el denominador común de lo latinoamericano: «Azulão», «La rosa y el sauce», la «Canción de cuna para dormir a un negrito», «Alfonsina y el mar», etc. que Ainhoa Arteta fue desgranando con mucho gusto y matices expresivos que arrancaban ovaciones tras cada grupo de piezas. Fue un excelente prólogo para una segunda parte operística, el plato fuerte. Arteta, que empezó su carrera como ligera, ha ido evolucionando hacia un repertorio mucho más pesado como «Manon Lescaut», «Andrea Chenier» o esa «Adriana Lecouvreur» que aborda ahora en el Maestranza sevillano que precisa unos graves que aún no le son propios, pero que resuelve con inteligencia. Las arias de «Bohème», «Turandot», «Pagliacci», «Andrea Chenier» y «Tosca» provocaron vítores «¡Bravo!». Tuvo un elemento en contra y otro a favor: la mala acústica donde se situó –la peor en toda la sala, como se comprobó después al pasearse por el patio de butacas cantando «Carmen»– y el mimo con el que Víctor Pablo contuvo a la orquesta para que se pudiese escuchar a la solista. Dos propinas: «Oh mio babbino caro» y la citada habanera de Bizet que, según explicó, fue la que de pequeña se hartó de escuchar en voz de Callas y animó a cantar. Curiosamente, quizá a propósito, era enorme su parecido con la greco-americana en uno de sus últimos recitales, tanto en el peinado como en el blanco segundo vestido. También la capacidad para expresar y llegar al corazón de la audiencia por encima de algunas limitaciones vocales. Una noche muy peculiar dentro de la cuidada y variada programación de la ORCAM.

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