El Primavera Sound, ¿sacrilegio o normalidad?

El festival arranca con una primera jornada en la que sobresalen Erykah Badu y Courtney Barnett

La cantante estadounidense de neo soul Erikah Badu, durante el concierto de la jornada inaugural el Primavera Sound ofrecido anoche en el Parc del Fòrum de Barcelona
La cantante estadounidense de neo soul Erikah Badu, durante el concierto de la jornada inaugural el Primavera Sound ofrecido anoche en el Parc del Fòrum de Barcelona

El festival arranca con una primera jornada en la que sobresalen Erykah Badu y Courtney Barnett.

Parecía que iba a haber una revolución, y no. Anoche en el Primavera Sound hasta sonaron guitarras y el público vibró con formaciones de toda la vida. Mac Demarco, Courtney Barnett e Inerpol hacían parecer que el mileniarismo no iba a llegar nunca. Durante unas cuantas horas, acapararon el interés de un festival que propone un nuevo canon estilístico, una cátedra que, según Alfonso Lanza, director de comunicación del festival, tampoco hay que tomarse tan a pecho. “Es una foto fija del momento. El cartel solo plasma la realidad”.

Así que mientras el crucero del Primavera zarpaba, Mac Demarco llevaba su rock descosido a uno de los escenarios principales, este año enmoquetado de verde. El canadiense se presentó ataviado de guiri, como algo más de la mitad del público, por cierto, y se empleó a fondo de “anti crooner” con los temas de “Here Comes the cowboy”.

El Primavera Sound ha sido adquirido en parte por un fondo de inversión extranjero y se ha entregado al reguetón. Con eso ya podríamos haber titulado cualquier cosa. Pero lo cierto es que sigue siendo el mismo festival, el de Interpol. Los neoyorquinos arrasaron con sus temas de siempre y los apocalípticos hallaron su descanso. 53.000 personas, según la organización, se dieron cita anoche en el Forum de Barcelona. El sábado se espera la asistencia de 64.000, récord histórico.

Las mujeres. No hemos hablado de ellas, pero fueron las estrellas. Primero Courtney Barnett, que no necesita empoderarse porque más aguerrida que ella no hay empuñando una guitarra para zurdos. Y Erykah Badu, una hechicera contemporánea. Y Christine & The Queens, que convirtió el escenario en un cabaret golfo hasta que Charli XCX dio el golpe definitivo sobre la mesa.

El primer leit motiv de este año es el cartel paritario. El segundo, la apertura estilística, el riesgo en definitiva para un evento masivo con una marca internacional. “Lo del reguetón ha dado que hablar, pero bien mirado, son sólo 8 artistas de un elenco de casi 300. Hace seis o siete años trajimos a Slayer y programamos unas cuantas bandas de metal extremo. Aquello llamó la atención, pero creo que nada como este año. Parece que hay gente que no estaba preparada para aceptarlo”, aseguraba Lanza. Junto a él, Inés Arnal, responsable de la marca Heineken, patrocinador principal del evento, subraya la importancia de ser vanguardista: “Si no generas valor, en esta industria tan competitiva y consolidada, no consigues nada. Hay que ir contra los estereotipos”.

Este año, una de las iniciativas más llamativas es el Your Heineken Stage, un escenario en el que el público ha elegido la composición del cartel, formado por actuaciones de culto como la de Amaia y El mató a un policía motorizado y otras como 107 Faunos o Viva Belgrado tocando At The Drive In, entre otras sorpresas.

Antes, la leyenda del rap Nas presentó lo mejor de “Illmatic” y Charli XCX apabulló con su propia versión del hip hop en el siglo XXI. El festival ya esperaba la llegada de una de las grandes incognitas: Miley Cyrus en el Primavera, ¿sacrilegio o normalidad?