Fran Mayor: "No es posible jugar con fuego sin quemarse"

Expone hasta el domingo en la madrileña Materna y Herencia una veintena de obras, entre óleos y dibujos.

Expone hasta el domingo en la madrileña Materna y Herencia una veintena de obras, entre óleos y dibujos.

Dice el refrán que quien con fuego juega, se quema. Y el artista Fran Mayor ha querido jugar para arder al revelar las diferentes formas que existen de habitar en las grandes ciudades. Su nueva exposición está compuesta por unos 20 cuadros que hibridan la obra gráfica y la pintura. «Jugar con fuego» es ceniza y renacimiento; una combinación de dibujo, collage, óleo, impresión y grabado; una mezcla ecléctica que muestra la madurez de un joven pintor que no se lleva demasiado bien con las musas, al que la inspiración siempre le pilla trabajando y que lamenta que, actualmente en nuestro país, los pintores pinten menos de lo que deberían pintar. «España maltrata su cultura», apostilla.

–¿Cómo jugar con fuego sin quemarse?

–No es posible. Esta exposición es el resultado de habernos quemado muchas veces por la problemática de habitar en la ciudad, donde vivimos unos encima de otros.

–¿Estamos matando a las ciudades?

–No sé si las estamos matando o si nunca han estado del todo vivas. Las ciudades han sido como una especie de grandes moles, espacios que crecen y mueren al mismo tiempo, que tienen una parte de destrucción y otra de construcción.

–¿Y en el futuro?

–Las partes humana y animal deben ser las principales, de manera que los trazados, los espacios y las formas de poblarlas se enfoquen hacia el bienestar de quienes las habitan.

–Como si la vida y la arquitectura estuvieran condenadas a convivir...

–Es que se relacionan de forma muy estrecha. Una afecta a la otra, y viceversa. La arquitectura modifica nuestras maneras de hacer, de vivir y de pensar. Pero también es verdad que nuestros hábitos de vida cambian la estructura rígida de los trazados arquitectónicos impuestos.

–Su trabajo no podría ser catalogado como pintura al óleo tradicional, aunque bebe directamente de esta fuente.

–«Jugar con fuego» recoge cuadros que entrarían dentro de los marcos de la pintura en los que utilizo todas las técnicas y recursos plásticos que tengo a mi alcance para aportar capas de profundidad a la obra. Personalmente, me interesan los espacios híbridos.

–¿Usted con qué pinta?

–Con la cabeza y el corazón, aunque siempre dejo rastro del brazo ejecutor, es decir, de mi mano, que da la práctica, y eso debe evidenciarse. En cualquier caso, la reflexión y la emoción son indisolubles.

–¿Qué tal se lleva con las musas?

–A veces, bien; a veces, mal. Pero más mal que bien (risas). No se trata tanto de la inspiración de las musas como de mi constancia, que raya lo obsesivo. A partir de ahí empiezan a generarse encuentros y cosas que me interesan. Sea como fuere, pocas veces tengo una idea muy buena y puedo ejecutarla a la primera.

–A usted, la inspiración, ¿suele pillarle trabajando?

–La inspiración siempre te pilla trabajando. De hecho, mi inspiración es el trabajo, aunque en ocasiones resulte tedioso.

–¿Qué pintan hoy en día los pintores?

–No mucho, porque no tenemos un espacio. Sin embargo, hay estructuras o redes suficientemente sólidas como para que podamos seguir pintando y profundizando en la creación. Y esto resulta extensible a casi todas las artes plásticas. No obstante, en el panorama cultural actual las artes plásticas no pintan demasiado.

–¿Y si lo hicieran?

–Viviríamos en un país más sensato. Las artes plásticas son una forma de generar conocimiento y de abordar problemáticas que desde otros campos tienen ese altavoz que permite su salto al debate público. Pero los discursos que se hacen desde las artes quedan restringidos a espacios minoritarios. De ahí que prestar atención a estas formas de entender la realidad nos enriquecería tanto...

–Pínteme su cuadro sobre la situación actual que atraviesa España.

–Sería de grises con tonos rosados y verdosos. Tenemos una sensación de pesadumbre, de arrastrar inercias adquiridas y poco cuestionadas. Aunque también existen muchas iniciativas y propuestas para el avance. No soy pesimista.

–¿Es España un país para artistas?

–No. España es un país que maltrata su cultura y que no valora sus producciones. Y quienes no las valoran no están poniendo en valor su identidad, puesto que así se impide la creación de subjetividades comunes.

–Usted tiene 29 años. ¿Qué tal se lleva con los artistas veteranos?

–Con algunos, muy bien; y con otros, peor. Pero me interesa mucho lo que han hecho, dicho y siguen diciendo. El arte no entiende de edades, sino de recorridos. Y es que cuanto más vives, más grande es la mochila.

–Pero, en realidad, ¿qué es el arte?

–Una forma de enfrentarse a la vida y de comprender; una herramienta que nos permite posicionarnos e ir buscando nuestra propia dirección. Es, a fin de cuentas, una manera de estar en el mundo.

–¿De estar o de ser?

–Yo pinto como soy y también como estoy. La subjetividad forma parte indisoluble de las producciones, al igual que la identidad. Y la identidad y la subjetividad se relacionan de manera íntima en el trabajo pictórico.