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Frida Kahlo: retrato del activismo político y feminista

La vida y el mundo de la artista mexicana fue "surrealista y espontáneo"tal y como la definió el escritor francés André Breton

Se cumplen 109 años del nacimiento de la pintora mexicana que provocó un gran impacto en la literatura, la música y el cine posteriores a su muerte.

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Desde un inicio, encuadrar la obra pictórica de Frida Kahlo en un movimiento artístico resulta una tarea arduamente complicada. La enorme influencia de su vida personal en sus pinturas hace difícil que se pueda incluir a la pintora mexicana en alguno de las categorías artísticas que surgieron en la primera mitad del siglo XX. Es más, tanto los analistas de su obra como sus propios biógrafos coinciden al señalar que cualquier intento de separar la vida personal de la "profesional"es prácticamente imposible. Frida tenía una característica muy peculiar: era, a la vez, sujeto y objeto de su propia obra. Sin embargo, si hemos de unir a Frida Kahlo a algún movimiento, diríamos que su pintura tiene rasgos expresionistas y surrealistas con ciertos toques de temática popular.

En el 109º aniversario de su nacimiento no voy a hablar de la Frida pintora. Tampoco de su infancia ni su adolescencia o de su relación con Diego Rivera. En lo que quiero centrarme es en aquella Frida que fue icono del activismo político y de la lucha feminista en una sociedad mexicana enteramente patriarcal. Aunque en uno de estos puntos va a ser inevitable relacionarlo con su obra pues, como ya se ha dicho anteriormente, es difícil separar la vida personal y la pintura de esta gran artista llamada Frida Kahlo.

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El compromiso político

Frida era la viva imagen del carácter mexicano. La artista sigue siendo, a día de hoy, una de las principales embajadoras de la cultura mexicana, representando la diversidad de su gente y sus diferentes etnias. Así mismo, Frida es también uno de los iconos del activismo político en México en su lucha contra la desigualdad, la injusticia y la violencia de género. Esta concepción del mundo no se entiende sin su ideología política. La artista mexicana era afín al Partido Comunista, alzándose como una de las grandes activistas de izquierdas. Como ejemplo a esta afinidad, una de las obras en las que mejor plasmó su ideología es El marxismo dará salud a los enfermos. A su vez, defendió con especial ahínco las costumbres y los símbolos de la tradición mexicana así como la causa de los y las indígenas de su país.

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Icono feminista

En medio de una sociedad patriarcal y machista en la que la primaba la supremacía del hombre, Frida fue la excepción que confirmaba la regla. Encarnó un nuevo estilo de mujer fuerte y autosuficiente. En el México que le había tocado vivir, la pintora expresó en su obra (una vez más vemos la relación personalidad- pintura) su identidad femenina desde su propio punto de vista como mujer, es decir, rechazó la visión que se tenía de la mujer desde el mundo tradicional masculino. Un ejemplo claro de este rechazo es su propia representación en sus cuadros, en donde vemos una Frida con bigote, entrecejo y vestimentas típicas del folcklore mexicano (algo así como un mariachi). Frida vivió también su sexualidad con mucha libertad, era bisexual, gesto que le llevó a crearse varios detractores e incluso detractoras. En definitiva, fue una de las mujeres que contribuyó a la creación de un nuevo estilo de identidad para la mujer y es, actualmente, uno de los principales símbolos del feminismo.

Posterior influencia

Tras su muerte el 13 de julio de 1954, la imagen de Frida Kahlo permaneció en los ojos del mundo. Su genialidad y carácter poco convencional para la época han servido de inspiración a artistas posteriores. En la música, grupos como Coldplay o Red Hot Chilli Peppers tienen entre sus canciones letras que van dedicadas a Frida. También los cantautores Joaquín Sabina y el guatemalteco Ricardo Arjona mencionan a la artista mexicana. En el cine, fue representada por la actriz Ofelia Medina en Frida, naturaleza viva (1984) y por Salma Hayek en Frida (2002). En literatura, su paisana Elena Poniatowska quiso ponerse en el lugar de Frida en un cuento incluido en su obra «Las siete cabritas».

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