¿Fue el descubrimiento de América explotado por los Reyes Católicos?

La polémica esclavitud de los indígenas enturbió la actuación del Imperio español, pero quizá fueron los monarcas los primeros en frenarla.

La polémica esclavitud de los indígenas enturbió la actuación del Imperio español, pero quizá fueron los monarcas los primeros en frenarla.

¿Fue el Descubrimiento de América, como se ha dicho, una empresa explotadora de los Reyes Católicos para con el pueblo indígena? ¿Pretendieron con ello Isabel y Fernando culminar un fabuloso negocio apropiándose de las riquezas naturales de aquellas tierras, como también se ha afirmado? ¿Persiguieron incluso hacer numerosos esclavos, vulnerando así los más elementales derechos humanos? Abordemos ya estas falsas leyendas. De la abrumadora documentación que todavía hoy se conserva, emerge la principal razón del Descubrimiento de América: la expansión de la fe de Cristo.

El mismo Cristóbal Colón le habló a Isabel de un proyecto para extender el catolicismo, primero en las islas y tierras que se fueran descubriendo, y luego tendiendo la mano a los reyes de la India que buscaban establecer contacto con los cristianos y con Roma. Colón había propuesto tan nobles objetivos a la soberana en su entrevista oficial de Alcalá de Henares, previa a la negociación de Santa Fe: «...Y se perdían tantos pueblos cayendo en idolatría y recibiendo en sí sectas de perdición, y Vuestras Altezas como católicos cristianos pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para la conversión de ellas a nuestra santa fe». El polémico asunto de la esclavitud de los indígenas ha enturbiado también la recta actuación de los Reyes Católicos. El problema se planteó cuando, a finales de 1494, Colón envió a los reyes una primera remesa de 500 esclavos. Sabemos, por dos Reales Cédulas del 12 y 16 de abril de 1495, que el mencionado envío se realizó desde La Española con la expedición de Antonio de Torres, compuesta por cuatro navíos.

Al parecer, los indios fueron hechos esclavos en acciones de guerra emprendidas por Colón y descritas por Bartolomé de las Casas. Los así «alzados», en el derecho de guerra de la época, eran hechos prisioneros en calidad de esclavos. No puede sorprender por tanto que el almirante actuase de ese modo, conforme a las ideas comunes de su tiempo. A no ser que esa acción de guerra fuese «injusta», como la califica el propio De las Casas, censurando a Colón por actuar «sin voluntad de los Reyes», pero reconociéndole al mismo tiempo como hombre «cristiano y virtuoso y de muy buenos deseos».

Nos interesa saber qué hizo Isabel al enterarse de que la expedición de Antonio de Torres había salido de La Isabela con este cargamento de esclavos, el 2 de febrero de 1495, arribando al puerto de Cádiz a primeros de abril. En pocos días, el obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca, comunicó la llegada de la remesa a los reyes, pidiéndoles instrucciones sobre los esclavos.

Con buena conciencia

El 16 de abril salió de la cancillería una Real Cédula en la que se ordenaba al obispo Fonseca que paralizase la venta de esclavos «porque Nos querríamos informarnos de Letrados, Teólogos e Canonistas si con buena conciencia se pueden vender». De esta consulta a teólogos y canonistas no se conserva más documento hoy que el anuncio de los propios reyes en su carta, ya citada, del 16 de abril. Sabemos ahora que la reina aguardó cinco años antes de adoptar su propia resolución: los que van desde la Real Cédula suspensiva del 16 de abril de 1495, a la «resolutiva» de la libertad de los indios, fechada en Sevilla el 20 de junio de 1500.

Isabel ordenó recoger a los indios para entregárselos a Pedro de Torres y repatriarlos a sus familias, todo ello por su cuenta y riesgo. No resulta extraño así que el historiador Rafael Altamira, a la vista del documento correspondiente, reflexionase así: «Fecha memorable para el mundo entero, porque señala el primer reconocimiento del respeto debido a la dignidad y libertad de todos los hombres, por incultos y primitivos que sean; principio que hasta entonces no se había proclamado en ninguna legislación, y mucho menos se había practicado en ningún país».

Es importante subrayar que, aunque la doctrina universal fuese contraria en la práctica a la libertad de los esclavos, la reina Isabel dudó ya entonces en su propia conciencia de la licitud del tráfico con seres humanos, decidiendo finalmente liberarlos. De este modo, a Colón, en las instrucciones para el cuarto viaje, le dirá taxativa: «Y no habéis de traer esclavos». Con esta decisión, Isabel se anticipó en 35 años a la formulación del derecho de gentes de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto: en América no habría esclavos mientras ésta continuara, durante siglos, en otros continentes.