Hiroshi Sugimoto: «La cámara ve de una forma diferente al ojo humano»

La Fundación Mapfre repasa en una amplia exposición la trayectoria Hiroshi Sugimoto, uno de los grandes fotógrafos actuales, a través de sus principales series de imágenes.

Sugimoto contempla una foto de su serie «Diorama»
Sugimoto contempla una foto de su serie «Diorama»

La Fundación Mapfre repasa en una amplia exposición la trayectoria Hiroshi Sugimoto, uno de los grandes fotógrafos actuales, a través de sus principales series de imágenes.

Las fotografías de Hiro-shi Sugimoto nacen de un planteamiento intelectual y estético antes que de un paisaje. Para él, la imagen surge del interior, de ese lugar de donde provienen las ideas, las reflexiones, las preguntas y las respuestas que cada individuo da a sus propias inquietudes y problemas. La imagen, para él, no nace del encuentro fortuito con una realidad, del deslumbramiento que le produce una escena o una vista bañada por una luz especial. Él piensa y después busca a su alrededor la foto que condense sus ideas. En sus trabajos, los márgenes de lo real y de lo ficticio son barreras muy frágiles de franquear, de traspasar, y en ese juego, el artista se encuentran muy cómodo, en su campo.

–Parece que una de sus principales preocupaciones es el límite que separa la realidad de la ficción.

–Ésa fue la primera pregunta que me planteé cuando empecé a estudiar fotografía. La gente solía creer en todo lo que veía. Pensaba que las fotos son la realidad. Pero ahora la fotografía ha cambiado mucho en el mundo digital y la gente ya no se fía más, pero, en cambio, esa época de confianza en la foto sí que existió. La imaginación y la visión que yo comunico con mis fotografías es lo que me diferencia de los demás artistas. Pero tiene razón: la pregunta sobre realidad siempre ha estado presente en mi obra como artista.

La Fundación Mapfre inaugura mañana una exhaustiva retrospectiva por los diferentes trabajos de este fotógrafo, uno de los más importantes, a través de cinco secciones, cada una dedicada a una serie esencial de su trayectoria: «Theaters», que todavía no ha cerrado; «Lightning Fields», que sigue en proyecto; «Dioramas» (1976-2012), «Portraits» (1994-1999) y «Seascapes», quizá la que más represente su figura en el mundo que todavía está en curso. Son un conjunto de 41 imágenes en un gran formato que aborda más de cuatro décadas dedicadas a la fotografía.

–¿Qué tipo de cámara usa para sus series?

–Una muy grande porque necesito grandes fotos, de 8x10. Pero también lo hago porque así obtengo resultados de mejor calidad que con lo digital es imposible de conseguir.

–¿Qué opina de las cámaras digitales y de los móviles?

– (Risas). Creo que mi cámara hace mejores fotos que las digitales y los teléfonos. Son más bonitas y por eso pretendo seguir usándola.

Sugimoto, hombre cauto, que habla despacio, empleando sólo las palabras necesarias, pero con un acentuado sentido de la ironía, pasea por las salas, se detiene delante del marco de unas de sus instantáneas, cambia de posición para observar mejor el papel fotográfico que ha usado para una impresión, pasa muy despacio una mano por un marco, contempla un pequeño detalle, uno muy minúsculo, apenas apreciable para los demás, de una de las imágenes, como si hubiera encontrado una imperfección, un cabo suelto. Sugimoto es una persona que valora la calma, que parece vivir ajeno a las prisas que identifican nuestra época, pero su actitud delata los ademanes del artista exigente, intransigente consigo mismo, habituado a llevar al límite del perfeccionismo cada uno de sus proyectos.

–¿La cámara es capaz de percibir lo que no percibe el ojo humano?

–La cámara puede llegar a ver de una manera diferente a la del ojo humano. Especialmente estas series están sobreexpuestas (se refiere a «Theaters»). Dejo la cámara expuesta durante varias horas y se ven cosas que con el ojo humano no puede ver.

«Theaters» resume adecuadamente cómo Sugimoto, que es un artista interdisciplinar, que también ha abordado la escultura, la arquitectura y la instalación, estudia cada una de sus series. Quería alterar la noción de tiempo y lo consiguió. Puso una cámara en el interior de un cine y adecuó el tiempo de exposición al de la película que se proyectaba. Al final de ese intervalo, se tomaba la imagen. Así ha conseguido que en cada una de sus imágenes la pantalla salga en blanco –es un fuerte resplandor que ilumina cada uno de los interiores– y concentrar cerca de dos horas de duración en una sola imagen.

–¿Son importantes los conceptos filosóficos que existen detrás de cada una de sus obras?

–No sé si llamarlo filosofía o no, pero la realidad es que existe demasiada información en una misma imagen.

–Quiere decir que al mismo tiempo puede hablar del tiempo, la vida, la muerte, que son asuntos muy humanos.

–Cada una de mis fotos es todo eso junto. Puedes verlo de muchas maneras. En una ocasión me dijeron que en mi obra podías proponerte ver cualquier cosa que quisieras, que nada es incorrecto en ellas. A lo mejor esta interpretación lo que significa, en el fondo, es que todo está mal (risas).

A Sugimoto le gusta jugar con la perspectiva, con la mirada, con lo que es real y con lo que es falso. En «Diorama» se adentró en un asunto muy polémico en la fotografía: la autenticidad. Retrató en el Museo de Historia Natural de Nueva York los «tableaux» prehistóricos. En estas instantáneas pueden verse animales de otra época, incluso seres primitivos, pero la fotografía crea la falsa ilusión de ser reales, que estas fotos podrían haber sido obtenidas hoy en día en cualquier paraje de la naturaleza.

–Su serie de fotografías más famosa es la que dedicó al mar.

–En realidad, sólo quiero transmitir la sencillez, las cosas que son mínimas. En el fondo, estas fotos son sólo agua y aire, pero, en cambio, son capaces de capturar la mente de la gente. También está relacionado con el tiempo. Para mí no representan el momento actual. De hecho, pueden ser anteriores a la civilización o, si se prefiere, posteriores. Debemos tener en cuenta que la presencia humana es bastante reciente en este planeta, sólo unos miles de años. Algo insignificante en comparación con el tiempo que ha transcurrido desde que se crearon la Tierra o el mar. Así es como yo imagino la Tierra antes de que irrumpiera la Humanidad. Cada vez que tomo imágenes del mar, es como lo veo. El paisaje del mar es lo único que compartimos con nuestros antepasados. Hemos cambiado tanto la Tierra que ya no existe la naturaleza. El mar es lo más natural que tenemos, lo único permanece igual.