Houellebecq: «No tengo miedo a las amenazas, quizá me equivoque»

El escritor presenta en Barcelona «Sumisión», novela por la que ha recibido amenazas de muerte de los yihadistas y que le ha obligado a viajar con escolta policial.

Hay gente a la que se le da muy bien coleccionar enemigos. Michel Houellebecq es uno de ellos, un auténtico «raro» literario que con sus palabras ha conseguido irritar a medio mundo y fascinar a la otra mitad. Con su nueva novela,«Sumisión» (Anagrama), se ha superado a sí mismo y ha conseguido soliviantar a los islamistas radicales; tanto,que ahora viaja con escolta oficial y ha de realizar su vida cotidiana en una semi clandestinidad. Los yihadistas le odian a muerte, la izquierda francesa bienpensante le acusa de islamófobo y generador de miedo y odio, pero Houellebecq, con su inseparable cigarro humeante, como si fuera indiferente a lo que se escribe o dice de él, vive impasible y curioso ante un futuro que no predice nada bueno. «No tengo miedo de las amenazas, aunque quizá me equivoco. Si las autoridades creen que necesito escolta, pues adelante. Me llevo bien con ellos, son simpáticos. No leo nada de internet y no sé lo que dicen de mí ni si las amenazas son graves. Veremos qué pasa», comenta el escritor, que ha dejado de ser el «enfant terrible» de las letras para convertirse en auténtico monstruo de cuatro cabezas.

El mismo día en que sucedía el atentado contra la revista «Charlie Hebdo» salía al mercado «Sumisión», novela en la que describe un futuro con un presidente francés islamista salido de las urnas en Francia, donde los nuevos conversos al islam empiezan a sacar partido de su adquirida fe y la vida cotidiana vira hacia un terreno heterodoxo. «No entiendo las críticas porque no es un libro que hable del islam, sino de política. Ni siquiera es una sátira, es política ficción», asegura el autor de «Plataforma».

El protagonista es François, un profesor universitario experto en el escritor decadente Joris-Karl Huysmans, que al final de su vida se convirtió al catolicismo. En su caso tendrá que decidir si se convierte al islam, lo que le permitirá tener un mejor salario, una mejor posición y, además, disfrutar de la poligamia. «Empecé el libro con la idea de escribir uno a modo de conversión católica al igual que Huysmans, pero fracasé. El cristianismo está creciendo mucho ahora en Francia, algo que yo no entiendo, pero ocurre. Después pensé en describir una guerra civil entre católicos e islamistas, aunque también fracasé. No tengo planes a priori de lo que voy a escribir, como se ve. Al final surgió esta idea y decidí seguir adelante», asegura Houellebecq. El libro, por descontado, no deja en buen lugar al islam, pero tampoco al catolicismo, al judaísmo, a las mujeres, a los intelectuales, a la universidad, a Francia, a los franceses, o a los corsos, por no seguir enumerando. «Vivimos momentos extraños. Leí el Corán por honestidad intelectual para escribir la novela y me sorprende que se utilice para cometer en su nombre auténticas barbaridades. Está claro que no habla de los problemas del capitalismo ni de las desigualdades sociales, ni del Estado de Derecho francés, pero sí de cómo hay que tratar a cristianos y judíos y dice que hay que tratarlos bien. Me parece aberrante lo que hace el Estado Islámico en su nombre», señala.

Una falla que crece

No ve muy claro cuál es el futuro de las sociedades modernas; sin embargo, de lo que no tiene dudas es de que el choque cultural y religioso se hará cada vez más grande debido a las desigualdades sociales cada vez mayores que asolan tanto Francia como cualquier otro país occidental. «La falla que se ha abierto y que ejemplifican los atentados de ‘‘Charlie Hebdo’’ no va a parar aquí y cada vez se va a hacer más grande», apunta el creador de «Ampliación del campo de batalla», mientras se enciende otro cigarrillo en el auditorio del Instituto Francés de Barcelona. ¿Quién se lo va a impedir? ¿Los Mossos que custodian la entrada?

Lo único positivo que ve en esta época es que la izquierda está empezando a perder el apoyo de los intelectuales, que comienzan a levantar la voz y hablar con libertad sin cinismo y con valentía: «La izquierda francesa está nerviosa porque ya no tiene el respaldo de los intelectuales. Los han controlado durante 70 años. Y no es que se hayan pasado a la derecha, que no les interesa, sino que ahora no constriñen su opinión a ninguna ideología», afirma. En su opinión, lo único válido en estos momentos sería una democracia directa, no representativa, en la que todo se decidiese por referéndum. «Es la única forma de salir de la crisis política. Todas las leyes se votarían por referéndum y se decidiría el porcentaje de los presupuestos votando», dice Houellebecq, una auténtica «rock star».