Cine

José Luis Garci: el cine español vuelve a hacer "Crack"

Cartel de «El crack Cero», el regreso de José Luis Garci al cine tras siete años, que se estrenará el 11 de octubre
Cartel de «El crack Cero», el regreso de José Luis Garci al cine tras siete años, que se estrenará el 11 de octubre

Las grandes historias de cine negro arrancan con una mujer y un encargo. No hace falta más. ¿Quién puede decirle «no» a una chica en apuros o a otra, de mirada felina y ademán displicente, que está pidiendo a gritos comisaría? Ya sea la señorita O’Shaugnessy de «El halcón maltés» o la turbia hija de un general que responda a las exactas facciones de Lauren Bacall en «El sueño eterno». Para hacer una película solo se necesita una mujer y una pistola, decía Godard. Por eso amamos el cine negro, porque siempre hay mucho de cada. A José Luis Garci solo le faltaba una mujer y un encargo para volver a meter la cámara en su género predilecto, aquel que desmenuzaba cada lunes –si no me falla la memoria– desde 1995 a 2005 en «¡Qué grande es el cine!», el programa en el que quien esto escribe (como tantos otros de su generación) aprendió aquel cine de rubias y botellas, en el que ellos fumaban más que un carretero y ellas estaban deseosas de quitarlos del tabaco con drásticas recetas que, por supuesto, incluían algún marido cornudo y un nueve largo. Pero volvamos a la mujer. Garci colgó la cámara en 2012 tras el fracaso (y llovía sobre mojado) de «Holmes & Watson. Madrid Days», pero, «de pronto, me ocurrió lo que a Bond: ''Never say never again''. El motivo de mi vuelta atrás fue una larga conversación con mi querida Maite Imaz, viuda de Areta, de Alfredo Landa Areta, que así se llamaba mi amigo. Maite –que lamentablemente tampoco está ya- me animó a cerrar la trilogía de los cracks», explica el director. Y así, llega en octubre «El crack Cero», precuela de «El crack» (1980), la historia del detective Areta que interpretó Alfredo Landa y que buscaba a la hija desaparecida de un empresario de Ponferrada en ese Madrid en que aún estaba bien visto fumar y no había leyes precisas para cada paso que se da en la vida. ¿Qué Madrid nos encontraremos en este regreso patrio al cine negro? Por lo pronto, el del precioso cartel de Miguel Navia, con esa Gran Vía que, como escribía Raúl Guerra Garrido, es Nueva York. Además, el ambiente untuoso, de turbomix que se va de las manos, de la Transición española, época en la que se desarrolla esta precuela en la que Areta es más joven y ¿más inexperto, menos desencantado? Si acaso lo iba buscando o lo necesitara, Carlos Santos puede quitarse de una patada la etiqueta de cómico que lo acompaña desde que empezó su ya considerablemente abultada carrera en el cine con este desafío: tomar el testigo del llorado Alfredo Landa, otro presunto cómico que fue el mejor también para encogernos el alma con su Paco el Bajo o con este Areta. Por cierto, y por si había dudas respecto a lo que decíamos al principio, copiamos la sinopsis de «El crack Cero»: «Seis meses después del suicidio del afamado sastre Narciso Benavides, una misteriosa y atractiva mujer casada visita a Germán Areta». Una mujer y un encargo. Vamos bien por ahora.