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Dos madres y una obsesión

El «thriller» de Kubica parte de un acto de bondad que acaba por ser una pesadilla

Vuelve Mary Kubica con un nueva intriga psicológica de envergadura muy superior a su primera novela «Una buena chica». Como puede apreciar todo lector enganchado a la intriga doméstica, títulos, estética, grafismo y trama se parecen hasta el punto de homologar el subgénero con un estilo propio. Ya decía Lévy-Strauss que los mitos tienden a la serialidad y que, según Lacan, las series, por aquello del deslizamiento del significante, hay que tomarlas en serio. La autora escribe sobre mujeres obsesionadas que acaban abocadas a la locura, esta vez a causa de la represión de la maternidad perdida. Tres personajes femeninos centran la intriga de este intenso melodrama que va descubriendo las cartas poco a poco, con un tempo lento, imprescindible para desarrollar los personajes y hacer verosímil el tránsito de una obsesión reprimida a la pérdida del principio de realidad.

El núcleo de la intriga

Los narradores en primera persona se alternan. Dos en el eje del relato actual y el tercero desvelando poco a poco el núcleo de la intriga ocultada hasta confluir los tres relatos y encajar las piezas dispersa. Hay un par de aspectos que convierten esta novela de suspense en un relato singular al superar las convenciones del género: el aborto y la maternidad como trauma reprimido de la protagonista, culta y altruista, y la niña con un bebé que irrumpe en su vida y la trastoca hasta el desequilibrio emocional. Por un lado, esos dos universos dispares colisionan con estrépito en el relato y descubren cuán opuestas son esas dos Norteamérica representadas por la madre urbana marcada por la pérdida de un hijo y la joven rural maltratada, dos caras de una misma moneda excesivamente manoseada.

Frente a la rural, Kubica opone la familia acomodada de Chicago, con sus manías y obsesiones por el reciclaje, la comida vegana y la ayuda a los refugiados. La primera, en clave de cuento de hadas, sin escatimar los componentes más espeluznantes, el que entronca con el ogro desalmado, émulo de modernos violadores como el padre austríaco Josef Fritzl, que encerró durante 14 años a su hija Natascha. La segunda, burlándose de los tópicos ecologistas y el humanitarismo caritativo, la enfrenta con sus contradicciones, con el vacío de unas vidas burguesas que saltan por los aires cuando esa niña maltratada y su bebé enfermo entran en sus vidas y ponen al descubierto sus imporrantes rencias emocionales y refuerzan con el drama de esta joven herida el equilibrio precario familiar.

Porque es la familia el eje sobre el que pivota la novela de intriga doméstica y sus relaciones ocultas por la costumbre. Inopinadamente, algún agente externo o una crisis interna la pone en entredicho y enfrenta a sus componentes al drama oculto o reprimido: lo familiar vuelto extraño. Cuando no es el secuestro infantil es un marido raro o incluso una mujer ideal desquiciada, todo envuelto en un idílico cuadro en cuyo interior se cuece a fuego lento el drama familiar latente. Aquí plantea el conflicto entre el suspense, con la figura amenazante del extraño, y el drama psicológico de una madre frustrada. El efecto logrado es altamente explosivo.

Una novela «on fire» que consigue angustiar al lector hasta un final que no busca el giro imprevisto, sino recomponer el puzzle y apaciguar las expectativas creadas con un dominio literario de la tensión y la angustia digno de encomio.

Sobre la autora

Excelente novelista de suspense psicológico. Con su primera novela, «Una buena chica», sorprendió al público y con esta segunda revalida el éxito obtenido

Ideal para...

los muchos lectores que siguen los relatos de intriga doméstica y quienes deseen pasar un buen rato conteniendo la respiración

Un defecto

El personaje de la hija adolescente resulta un tanto tópico y sin una función clara ni definida dentro del relato

Una virtud

El control pausado que sabe ejercer con amestría sobre el tempo narrativo

Puntuación

8