El primer tuit

Joan Didion, Janet Malcolm y Renata Adler formaban la triada capitolina del ensayo estadounidense en los setenta. Adler es la más salvaje. Fue tan famosa como Susan Sontag y alcanzó suficiente carisma para que Richard Avedon la inmortalizara en aquella foto con trenza insurrecta de jefa apache. Trabajó cuatro décadas para el «New Yorker» y fue la primera mujer crítica de cine en «The New York Times». Cuando abordó la primera de sus dos novelas el resultado fue esta jam session fragmentaria escrita desde una voz sensible con una capacidad de percepción poco común. Jenn Fain es una joven periodista que ejerce en un Nueva York nervioso por la efervescencia anti-Vietnam y con el Watergate de fondo. No tiene objetivos ni relaciones estables, pero le saca punta a cuanto sucede, sin concesiones. Sabe darnos cuenta de lo que observa, siente y le emociona con un ritmo asincopado. El resultado es un desordenado collage entre lo íntimo y el retrato de época. Psicodélico, paranoico, dominado por la elegancia y el humor, sabe arrastrarnos mientras divaga con extrema lucidez a través de frases que son argumentos en sí mismos. Es la reina del anti suspense. La precursora del tuit antes del tuit. Con esta no novela ganó el Ernest Hemingway Award, por lo que hay que agradecer al «The New York Review of Books» que la rescatara de los descatalogados y, a Sexto Piso, por traerla al castellano. Un texto que produce envidia... por no haber sido capaz de escribirla uno mismo.