Los muertos hablan en Corea

Cuando el militar golpista Park Chung-hee fue asesinado en 1979, Corea del Sur cayó en las garras de un régimen más despótico. Una dictadura militar enmascarada bajo una aparente apertura económica. Las protestas que se llevaron a cabo contra el antiguo tirano se recrudecieron contra el nuevo Gobierno que día a día proclamaba medidas más restrictivas, como la ley marcial de 1980. En ese momento los estudiantes de la ciudad de Kwangju se lanzaron a la calle con un resultado desolador: una matanza planeada; una carnicería con saña...

A través de siete personajes, «Actos humanos» nos traslada a aquellos instantes: torturas, pánico, desolación por no encontrar a los desaparecidos, los reencuentros... Pero, por encima de todo, el recuerdo de los asesinados. Porque la memoria no tiene cura y, en lugar de atenuarse con el tiempo, cada vez es más nítida.

Atrapados en el limbo

La historia de la masacre sobrevuela en las voces de quienes están atrapados en un nudo espaciotemporal entre la vida y la muerte. Aprisionados en ese «limbo», evocan una y otra vez el linchamiento. Conoceremos a los estudiantes que protagonizaron aquel episodio, a las familias que perdieron a los suyos e incluso masticamos el dolor de la propia autora. Una tragedia polifónica que la gran pluma de Kang sabe retratar, al tiempo que trascender para abordar temas universales. ¿Será el hombre un ser cruel por naturaleza?, se pregunta una de las víctimas. «¿Lo de la dignidad humana es un engaño y en cualquier momento podemos transformarnos en insectos, bestias o masas de pus y secreciones?». Ese es el núcleo medular del drama.

A través de los ojos del estudiante Dong-ho, atrapado en la sangrienta vorágine, asistimos en primera fila, más que a los asesinatos, a las consecuencias de la tragedia. El joven llegará a cuestionarse lo que significa estar vivo, tener alma, o el tiempo que permanecerá el élan vital junto al cuerpo en el que ha morado... No en vano, cuando arranca la narración, el joven ya está muerto y su alma trata desesperadamente de entender lo que le ha sucedido y por qué. Sabremos, también, de las vidas de distintos personajes que Dong-ho conocía de las oficinas del gobierno provincial.

Intensidad, crudeza, incomodidad, náusea... y seda. La prosa de Kang puede ser gélida y acariciadora a un mismo tiempo. Sus palabras saben aterrar y arropar en un perfecto contrasentido. Páginas que nos deja solos ante el abismo de la crueldad en un relato lleno de autopsias sobre la verdad y la mentira, la barbarie y la humanidad.