Michael Ignatieff: «Cataluña debe sentirse dueña de su casa, pero dentro de España»

El ensayista y profesor publica un libro su dramática experiencia como político en Canadá

Michael Ignatieff
Michael Ignatieff

El profesor Michael Ignatieff (Toronto, 1947) no pudo resistir la tentación de postularse como candidato a primer ministro de Canadá cuando disfrutaba de una sólida posición como intelectual y académico, con un pasado en Harvard y Cambridge. Así que un buen día de 2006 dejó las aulas y se metió de lleno en la arena política. El viaje terminó en 2011 con una estrepitosa derrota en las urnas que dejó al Partido Liberal al que representaba en una humillante tercera posición. De esa experiencia dolorosa ha escrito un libro valiente y brillante que ahora se publica en España con el título «Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política» (Taurus).

Ignatieff desciende de la nobleza rusa (su bisabuelo y abuelo fueron ministros en la época de los zares). Además de su labor docente, cubrió la guerra de los Balcanes y dirigió documentales en la BBC. Escribió una biografía de Isaiah Berlin y varios títulos sobre la irrupción de los nacionalismos y los derechos humanos. El periodista Ángel Jaramillo lo ha definido como un Mongtaine metido a corresponsal de guerra.

-De haberse convertido en primer ministro de Canadá, ¿hubiera cambiado la manera de hacer política o la política le hubiera cambiado a usted?

-La política cambia a todo el que la practica. Si piensas que puedes controlar la política es que no has entendido nada de ella. Pero sí que creo que si hubiera sido primer ministro, hubiera cambiado algunas cosas. Por ejemplo, habría dado más libertad a los parlamentarios frente a la disciplina de partido. La disciplina de partido mata la representación. La idea central del libro es que la democracia no puede funcionar a menos que los oponentes se traten como adversarios. Si se tratan como enemigos dispuestos a destruirse, destruirán la democracia. Esta distinción tiene que estar muy clara porque los adversarios de hoy pueden ser los aliados de mañana. En un momento en el que España, Escocia y otros lugares enfrentan movimientos secesionistas es incluso más importante mantener la idea de la política como un juego de adversarios y no de enemigos.

-¿Cuál es la causa principal de la desafección actual entre la gente y la política?

-Lo que trato de decir en el libro es que una democracia no puede funcionar sin buenos políticos. Yo he estado dentro de la política durante varios años, gané dos elecciones y perdí la tercera. Fui líder del Partido Liberal. Nada de esa experiencia me convenció tanto sobre la importancia de un buen líder político. Por eso, el cinismo actual de la gente sobre la política es peligroso. Los malos políticos pueden arruinar un país. Los buenos lo pueden salvar. Es algo especialmente importante ahora en España que haya políticos buenos y sabios.

-¿Hay muchos casos de escritores metidos a políticos?

-El gran Mario Vargas Llosa es un ejemplo. Vaclav Havel en República Checa es otro. En Canadá estuvo Pierre Trudeau, académico y gran político. Un intelectual puede tener una buena educación, pero necesita la capacidad de inspirar y de decidir. Yo tenía una buena preparación y sabía tomar decisiones, pero fui incapaz de inspirar. La política no es sólo una cuestión de gente bien preparada o gente de familias ricas y bien conectadas. Barack Obama es el presidente de EE UU y es hijo de una madre soltera. En Europa necesitáis que sucedan más cosas de este tipo.

-Vargas Llosa dijo que lo revolucionario no es que un negro llegara a la Casa Blanca, sino que un intelectual se convirtiera en presidente de EE UU.

-Sí, un hombre de ideas. No me gustaría discrepar de Vargas Llosa, un gran hombre y amigo, pero añadiría un matiz: Obama estuvo muchos años como senador de Illinois, es una criatura de la política de Chicago. Por tanto, no procedía sólo del mundo académico, como fue mi caso. Obama es un intelectual, pero con una gran experiencia en la política. Mi experiencia demuestra que no puedes saltar de las aulas a la arena política, que fue lo que yo hice. Es muy difícil. Los "outsiders"como yo no suelen valorar lo suficiente las habilidades de los políticos. No son habilidades agradables.

-¿Puede un primer ministro ser una persona honesta?

-Maquiavelo comprendió este problema muy bien. En las democracias, la gente no te vota para que seas agradable, sino para que hagas cosas y resuelvas sus problemas. Lo que la gente no tolera es que un político robe o que engañe sobre las cosas que preocupan.

-¿El nacionalismo es un problema coyuntural? ¿Cuáles son sus límites?

-El nacionalismo es un problema permanente. Cuando la economía se globaliza, las identidades nacionales se vuelven más importantes. Pasa en Reino Unido, Canadá, España o Ucrania. Mi objeción no es contra el nacionalismo. Entiendo que los catalanes se sientan orgullosos de su herencia, de su lengua y cultura, pero me opongo a la secesión. Así que el reto es hacer que los catalanes sientan que ellos mandan en su propia casa, pero que al mismo tiempo pueden estar dentro de la casa de España. Hay que buscar un acomodo dentro de la Constitución. Que Cataluña saliera de España no sería sólo un problema para España, sino un golpe al orden europeo.

-¿Cuál es la solución última para Ucrania, un país que históricamente ha vivido entre Occidente y Rusia?

-La solución debería estar en manos de los ucranianos. No en la manos de EE UU o de Rusia. Putin está tratando de evitar que Ucrania caiga en manos de la OTAN o de Europa, pero es Ucrania quien tiene que decidir. A Putin no le importa si Europa asume los problemas económicos de Ucrania siempre y cuando Ucrania no entre en la OTAN. Esa podría ser una buena solución para Rusia, pero ¿lo sería para Ucrania? No lo sé. El drama real de Ucrania es que ha desperdiciado 20 años de transición democrática, por sus gobiernos tan corruptos. Así que ahora tienen limpiar la casa. La revolución ucraniana trata de esto. El trabajo de la comunidad internacional es hacer retroceder a Putin para que Ucrania pueda limpiar su casa y poner la democracia en orden.

-¿El conflicto de Ucrania nos conduce a otra Guerra Fría?

-No hay duda de que Putin en Rusia y Xi Jinping en China, junto a los Estados musulmanes que hay en las fronteras del sur de ambos países, forman un bloque de 1.600 millones de habitantes que viven en regímenes capitalistas autoritarios. No es el viejo sistema soviético, sino una nueva realidad muy integrada en la economía global. Por eso yo no hablaría de una nueva Guerra Fría desde el punto de vista económico. Pero no olvidemos que Putin y Xi son autoritarios, no les gusta la democracia liberal ni los derechos humanos. No les gusta nada de lo que nosotros representamos. Así que no finjamos, no son enemigos, pero son adversarios. No creen en lo que nosotros creemos. No son expansionistas, aún. No tengamos miedo en defender que nuestra visión de la nuestra civilización es diferente a la suya. No somos iguales.

-¿Obama se equivocó al apoyar al bando perdedor en la guerra de Siria?

-Recordemos como empezó la guerra siria. Comenzó como una insurreción popular, pero pacífica, contra la tortura y el asesinato en una pequeña ciudad. ¿Cuál es el lado correcto? El lado correcto es parar esa violencia. Obama apoyó al bando correcto, que es el bando de la libertad en esa batalla. Pero lo que ha pasado desde entonces es que se ha producido una metástasis, como en un cáncer. Algunos organizaciones internacionales calculan que hay 200 grupos armados en Siria, quizá más. Es una guerra de todos contra todos. No es Asad en un lado contra los grupos de oposición en el otro. Asad controla la costa, las montañas y Damasco, la capital, pero ha perdido el 40% del territorio, y no lo va a recuperar. La idea de que Asad va a ganar no me parece acertada. Ha tenido su "momentum", pero no va a recuperar zonas críticas de Siria. Ni recuperará el apoyo de la mayoría suní, que ha roto el contrato que permitió que la minoría alauí gobernara el país.

-Usted, que ha sido periodista, ¿qué cree que tienen que hacer los periódicos para no perder lectores?

-Como consumidor veo que las plataformas digitales de los periódicos son fantásticas. Yo pago por periódicos digitales miles de dólares al año. Si yo puedo pagar -naturalmente soy clase media alta-, el resto de la clase media alta también va a pagar. Y yo prefiero pagar por suscripciones que por anuncios. Pero pagaré siempre y cuando me den algo que no me dé nadie más. El otro fenómeno es que los periodistas se están proletarizando. Cuando estaba en la campaña electoral de Canadá en 2011, los periodistas más importantes tuiteaban, escribían en el blog, opinaban en las televisiones, y escribían una columna. Todo en el mismo día. Hace 20 años, los periodistas escribían una cosa al día, o a veces una a la semana. Y lo hacían mejor porque tenían tiempo de pensar. Ahora no hay tiempo de producir, se ven empujados a producir más de lo que pueden. El periodismo está sufriendo y si el periodismo sufre, el público desaparece.