Morbo nipón

Es fácil encontrar en la literatura japonesa una especial delectación al describir temas de carácter morboso, y quizá nadie lo explicó mejor que Junichiro Tanizaki, que ya en 1933 publicó «El elogio de la sombra», donde decía que en Occidente la belleza siempre se ha relacionado con la luz y lo blanco, y que lo oscuro y lo negro acostumbran a tener una connotación negativa. Y sin embargo, afirmaba Tanizaki, en Japón la sombra es considerada como parte de la belleza. Y así el lector ha de tener en cuenta eso al pasar las páginas de estos «Siete cuentos japoneses», en la edición de Atalanta (con ese mismo título se han editado en España selecciones diferentes de relatos de Tanizaki). El lector ha de poder sumergirse en algunos de estos relatos (especialmente en el de fetichismo de pies descrito en «Los pies de Fumiko») intentado comprender ese «elogio de la sombra» del que hablaba Tanizaki.

Desde la página 174 a la 178 hay una minuciosa y a veces cruel (dirá el protagonista del relato: «Los pies de Fumiko nacieron con joyas incrustadas. Con sólo cortar los dedos y unirlos con un hilo, se podría hacer un hermoso collar, digno de una reina») descripción de cómo el joven protagonista descubre que su protector, el adinerado y hombre mayor Muramatsu, tiene en su casa una geisha sólo para disfrutar de sus pies. Recomiendo leer con atención el prólogo de Ednodio Quintero sobre la vida y obra de Tanizaki (1886-1965), y sobre sus contrapuestas etapas de seguidor de las modas occidentales y después fiel continuador de las tradiciones japonesas. En alguno de estos relatos («El espía alemán») veremos una perfecta simbiosis de ambos lados, y de cómo se construye un obra usando al mimso tiempo la luz y la sombra.