Cultura

Nostalgia de cuando no éramos libres

Durante cientos de años los gitanos de los Balcanes recorrían pueblos y ciudades con un oso adiestrado para bailar sobre sus patas traseras y todavía en 2007 era habitual contemplar el espectáculo en Bulgaria. Los osos tienen la nariz extremadamente sensible y en ella les insertaban un aro, la «jolka», para que al tirar de él se pusiera inmediatamente a bailar. El sufrimiento era terrible y las sociedades a favor de los derechos animales de los países occidentales consiguieron acabar con la tradición. Los osos fueron puestos en libertad, les quitaron las anillas, se les trasladó a un hermoso parque, fueron cuidados y mimados, pero muchos murieron de tristeza y muy pocos aprendieron a vivir en libertad. La metáfora está servida y el periodista Witold Szablowski (Polonia, 1980) viaja por todo el mundo haciendo entrevistas y escribiendo, como reza el subtítulo del libro, «Historias reales de gente que añora vivir bajo la tiranía».

El volumen se divide en dos partes en las que se repiten los mismos epígrafes: «El amor», «La libertad», «Negociaciones», «La historia», «Los instintos»... En la segunda cada capítulo se encabeza con un fragmento de la primera, de modo que el lector nunca pierde la conexión entre la vida de los osos bailarines y la vida en diferentes países: en Cuba, un machetero o una maestra de salsa que adoran a Fidel. En Londres se encuentra con una polaca que vive en la Victoria Station, una peculiar mujer que representa la libertad sin más. En Ucrania, varias personas abominan de Europa, «¿La Unión Europea? Prefiero morirme antes». Albania, el lugar donde se vivió un infierno por el que todos pasaron pero que nadie pagó, vive del turismo mostrando los cientos de búnkeres sembrados por el país. En Tallin, Estonia, aparece la eterna desavenencia con los rusos que vivían mejor que los estonios en su propia tierra. En Lublin, Polonia, han montado un parque temático sobre «El señor de los anillos» en una granja colectiva. Mientras que en Belgrado sigue las huellas de Radovan Karadzic, que se escondió allí con otra identidad, trabajaba en la medicina alternativa y era apreciado por quienes le conocían.

Borrar el capitalismo

El Crepe Karadzic es una muestra, aunque es más llamativo oír hablar del eterno amor a «Stalincito» y cómo cada cual interpreta la historia a su medida. Las últimas entrevistas tienen lugar en la plaza Sintagma de Atenas, donde alguien dice: «Vamos a borrar el capitalismo de la faz de la tierra». Szablowski ha llevado a cabo un gran trabajo que habla sobre el comportamiento de los osos y de los seres humanos y fuerza al lector a sacar conclusiones. Los pocos osos que han sabido sobrevivir braman cuando sienten dolor y bailan instintivamente. Los habitantes de los antiguos países socialistas añoran otros tiempos y relativizan el dolor pasado en aras del «trabajo para todos». La incógnita está en los que no vivieron bajo esos regímenes. Las personas que no pueden sentir nostalgia porque añoren su juventud, como ocurre en algunos casos, pero sí viven una realidad que es como el «jolka» que les impulsa a bailar.