Literatura

«Núñez Herrera es el padre de los “capillitas” progres»

DAVID GONZÁLEZ / Editor
DAVID GONZÁLEZ / Editor

Para muchos, «Sevilla: teoría y realidad de la Semana Santa», el mítico libro de Antonio Núñez de Herrera, es el acercamiento más humano a esta fiesta.

La editorial Almuzara, de la mano de David González, acaba de recuperar «Sevilla: teoría y realidad de la Semana Santa», publicado en 1934.

–¿De dónde sale esta edición?

–Cuando nos planteamos volver a editar el libro, que inicialmente iba a ser de manera exenta o con un pequeño acompañamiento, me empezó a aparecer un material imposible que supone el 90% del volumen que hemos editado. Se trata de escritos de todo tipo que van desde el periodismo puro hasta las colaboraciones más sesudas desde el punto de vista literario, con lo cual hemos pasado de tener un libro extraño sobre la Semana Santa a encontrar un nuevo escritor de Sevilla.

–Cuenta Núñez de Herrera en un artículo que Sevilla tiene que pasar de objeto de la lírica al del ensayo. Sus textos tienen una mirada sin alambicar, pura, directa.

–Bueno eso lo dice en un artículo que se encuentra en una serie que le encargan con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 para el periódico «La libertad» en Madrid. En la capital española creo que se atreve a decir muchas cosas que no se podían decir en Sevilla y pienso que lo hace además en un tono muy acertado. Con unas visiones más ajustadas, queriendo bajar a Sevilla del pedestal literario porque piensa que la potencia de la ciudad no está precisamente en esa literatura que es entre tópica y esencialista: vamos a buscar las esencias o a entroncar con los tópicos, y a él le encanta Bécquer, pero quiere encontrar lo accidental, lo moderno, lo que choca.

–Dice que quiere ser cazador...

–Claro, porque busca la instantánea, la fotografía, que es una cosa muy de su tiempo, había periodistas que publicaban las «Kodak». Lo que intentaba era hacer una prosa poética, muy avanzada, vanguardista, muy de captación del lenguaje, buscando las claves de Sevilla en lo existencial, no en las esencias, en lo callejero. Creo que por eso le gustaba tanto la Semana Santa, como nos gusta a muchos, vivencial y callejera.

–¿Este nuevo Núñez de Herrera le ha cambiado el criterio que tenía sobre él cuando comenzó la investigación de estos textos?

–Evidentemente, es mucho el material, pero siempre he tenido la sospecha de que su libro dejaba ver otras muchas cosas. No sólo era un libro entre vanguardista, humorista y populista, sino que había una visión incluso estética de lo que es la Semana Santa. Por eso, yo digo ahí que lo que aparece en los nuevos textos es una desembocadura del libro primero. Es una visión más completa que ahora se ve mucho mejor. Y se ve como escritor, porque era fundamentalmente eso y además cuando ejerce de periodista se reconoce como aprendiz, novato, que nunca ha hecho reportajes. Lo que hacía eran reseñas de libros, prosas vanguardistas y los artículos, que siempre captan un instante y dan una punzada casi imaginada de la ciudad, que concuerda mejor que otro tipo de textos.

–Pero que no concuerda muy bien con lo que en algunos círculos de la ciudad se piensa. Para muchos no es un libro adecuado, es una obra caída en el olvido.

–La verdad es que sobre eso hay muchas claves que ahora puedo aportar. Para empezar su situación familiar y muerte prematura en 1935 en Montegordo (Portugal), ya que lo hace a un año del desastre de la Guerra Civil que propicia que todo se desbarate. Además, él está totalmente implicado en la II República, por lo que creo que es un personaje que si hubiera vivido no tendría prosperidad y sí una casi segura suerte fatal con la guerra. Son circunstancias familiares, personales e históricas; lo que concluye con una conjunción de actos que lo hicieron pasar al olvido. A eso hay que unir una cuestión que me parece muy llamativa; pues él en 1934 recibe un premio por un artículo sobre Sevilla y luego un homenaje. Eso hace que la gente se entusiasme y le animan a sacar el libro, que sale en diciembre de 1934, pero creo que no gustó a nadie. La prueba de ello es que no hay una sola reseña en la prensa ni en sus necrológicas donde se da cuenta de todas las cosas que había hecho pero no del libro, que fue mucho más importante y se publicó sólo un año antes de fallecer. «Teoría y realidad» era demasiado avanzado para 1934 tanto formal como ideológicamente y cayó sobre él un gran silencio.

–Porque aborda una tercera vía para entender la Semana Santa y la propia Sevilla que no se ha querido desarrollar.

–Núñez de Herrera no se puede decir que era de izquierdas, sí socialista de Diego Martínez Barrio, pero su visión es curiosa porque nunca pensó en separar la Semana Santa sino en englobarla en la propia ciudad. Me gusta recalcar que el libro siempre se llamó «Sevilla: teoría y realidad de la Semana Santa» porque era una parte importante de la ciudad. Respecto a la tercera vía, evidentemente es una visión que no sólo tuvo difícil encaje entonces, sino que ahora tampoco lo tiene en muchos sectores. Hace poco bromeaba diciendo que Núñez de Herrera es el padre de los ‘capillitas’ progres, pero no sólo porque sea progresista, sino porque existe una manera de ver la Semana Santa que se desarrolló desde los años diez hasta los treinta del siglo XX que no tiene nada que ver con la tradicional. Se trata de una fiesta ciudadana, cívica, con unos amplios componentes de inversión, carnavalesca, de catarsis de la ciudad en el que aparecen sectores de la población que no son socialmente admitidos y que alcanzan protagonismo para tomar la calle. Hay una tercera vía, que no es la visión conservadora y seria, ni la que le da la patada a las cofradías. Su valor es ése, que trata de englobar todo eso.

–Además de lo que ya se conocía, ¿qué le ha llamado la atención como escritor?

–Lo primero es que hay un escritor muy despierto que en aquel momento lee la literatura contemporánea, lo hace con perspicacia y desde una Sevilla, que queramos o no era provinciana. La sección que se llama «Fintas y teoremas» es quizás el modelo literario que él asume como propio, porque en la revista «Mediodía» él no es un poeta, colabora como prosista y estaba muy atento a la prosa contemporánea que viene con Gómez de la Serna o Antonio Espina, la prosa de la Generación del 27, que es lo que es porque quiso hacer una prosa vanguardista que aplica a muchos experimentos literarios incluso en la prensa.

–¿Éramos más modernos de lo que nos han contado?

–Sin duda, no hay ni la más remota duda. Es decir, en las visiones que hacen Manuel Chaves Nogales, Andrés Martínez de León, Núñez de Herrera, así como otros que luego dieron un giro de exilio interior como Rafael Laffón o José María del Rey después de la Guerra Civil, se ofrecieron un punto de vista moderno que estaba en relación con la literatura más avanzada de entonces que hoy se está redescubriendo con autores como Joseph Roth o Paul Morand.