Sánchez Ferlosio, oficio de periodista

Hace pocos meses se publicaba el primero de los proyectados cuatro tomos de la obra ensayística de Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927), bajo el irónico título de «Altos estudios eclesiásticos», que recogía fundamentalmente su dedicación lingüística y semiológica. Ahora acaba de aparecer, también ejemplarmente editado por Ignacio Echevarría, un segundo recopilatorio centrado en suobra periodística, «Gastos, disgustos y tiempo perdido», un epígrafe que se explica con el graciosísimo texto que abre el volumen, «Breve historia de un dinero malgastado»: relata aquí el autor una anécdota de un viaje a Roma en el que adquiere la reproducción de un fresco con la imagen de Santo Tomás de Aquino; de regreso a casa descubre en este retrato cierto parecido con Ortega y Gasset, y al momento lo deseche, en línea con la conocida fobia que siempre ha profesado al autor de «La rebelión de las masas», y recomendando así sumo cuidado al gastar el dinero. Sin olvidar un artículo de 1980 en el que, respecto al deporte, señalaba que «no cría más que gastos, disgustos y tiempo perdido». Sánchez Ferlosio, integrante de una generación de heterodoxos librepensadores, inicia en la década de 1970 su colaboración en la Prensa con desigual asiduidad, pero con la potente contundencia de su independiente criterio e irrenunciable individualismo. Sin compromisos partidistas ni ideas preconcebidas, estos artículos de carácter político y cultural retratan con transgresora originalidad un tiempo social que abarca desde la Transición a nuestros días, en un asombroso ejercicio de análisis y penetrante disección histórica.

La tumba de machado

Destacan escritos como «Discurso de Gerona», de un impecable escepticismo sobre los mitos del nacionalismo catalán; el conjunto de textos aquí agrupados como «Interludio taurino», de agudos matices sobre los pros y contras de la atávica fiesta nacional, y acertadas semblanzas de Curro Romero y Rafael Ortega; «La demencia senil de la cultura española», donde critica la peregrina idea de traer a España los restos mortales de Antonio Machado. La rigurosa y dura colección de artículos que abordan desde las cloacas del Estado en la época de los GAL al terrorismo etarra, siempre bajo una insobornable ética humanista. En «El mito de la envidia» se perfila este concepto entre el egocentrismo y la baja autoestima, en una modélica observación sociológica; y dedica unas crónicas, con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, a una revisión crítica y anticonvencional de este secular proceso histórico, desmontando tópicos, y prejuicios. Con una luminosa inteligencia, siempre a contracorriente de lo convencionalmente bienpensante, es éste un periodismo comprometido, plagado de referencias culturales, de una transgresora ironía que roza el sarcasmo cuando es preciso y la lúcida malevolencia al denunciar injustos planteamientos sociales o absurdas creencias dogmáticas. Esta característica prosa hipotácticaes la mejor expresión del sugestivo ensayo moderno, profundamente imbricado en la realidad social de su tiempo.