Un paseo con el filósofo errabundo

Pilar Carrera recorre la obra, influencias y raíces del pensamiento de Walter Benjamin en un lúcido ensayo

Pilar Carrera recorre la obra, influencias y raíces del pensamiento de Walter Benjamin en un lúcido ensayo.

En un «statement» casi magrittiano sugiere Juan Barja, en su no-prólogo a «Las moradas de Walter Benjamin», que este libro «es» un libro –no una de esas colecciones de ensayos al uso– sobre Walter Benjamin, un libro bien trabado y «tramado» en siete capítulos y un epílogo que vuelve a ponernos en diálogo con un clásico de la modernidad cuya obra es inacabable, a fuerza de ser rica en fragmentos que se bifurcan y que, como los clásicos de Calvino, nunca acaban de decirnos lo que tienen que decir. Pilar Carrera, una excelente académica de formación internacional, se sale de los moldes de la literatura académica en una obra que se nos antoja pura «flânerie» literaria: un paseo sin rumbo aparente pero con firmes pisadas por la poética subyacente a la multiforme obra de Benjamin.

Escritura y vivencia

Su figura liminar, entre los mundos, y su obra, críptica y fragmentaria, que espejea sus variados perfiles a través de la tradición judía, el marxismo, la gran estela literaria baudeleriana, la pasión por la crítica de arte y su legado en la escuela de Frankfurt, a través de su discípulo Adorno, se ha convertido en imprescindible por haber construido un marco de referencia teórica fundamental para comprender la modernidad. Este libro propone un recorrido teórico y crítico por algunos aspectos cruzados de la escritura y la vivencia benjaminiana en claro diálogo con sus obras clave («Infancia en Berlín hacia 1900», «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica», «La tarea del traductor» o «El libro de los pasajes»). La aparición de este libro coincide con la edición, a cargo de la propia Pilar Carrera en colaboración con Jenaro Talens, de una colección de fragmentos de Benjamin que, bajo el título «Mediaciones», pretende abordar una temática de su obra: la que se refiere a la representación y la mediación.

Siguiendo los paseos del «flâneur» entre las ciudades del tardocapitalismo, desde la pretendida autobiografía de infancia, se recorren las imágenes de la naturaleza en Rousseau, los pasos perdidos de Walser o el paso de la bohemia parisina por los arrabales de la gran capital. Vemos donde moran los fragmentos textuales y los elementos documentales y de contexto en el mundo de Benjamin, de dónde bebe su tradición y cómo su obra es también traducción, con perífrasis y desvíos abundantes, del paisaje urbano deshumanizado como clave teórica.

Lo inquietante de la mirada de Benjamin, como señala Carrera, es que se encuentra a medio camino entre la mirada del niño y el ojo de la cámara que reproduce lo que ve: ambos están desprovistos de pathos y presentan un alienante desasosiego de cotidianidad en la contemplación que nos ofrece el paseante. Este libro, en suma, supera la miopía de muchos comentaristas de la obra de Benjamin y nos recuerda que es el filósofo errabundo que mejor conecta con nuestra era. Carrera nos ofrece una magnífica forma de recorrer la escritura vivencial de Benjamin, entre literatura y pensamiento, y constatar, merced a las numerosas interconexiones con otros autores, críticos y teóricos culturales de la modernidad, la enorme vigencia del filósofo berlinés.