Literatura

Versos para arder en Paz

Como Rubén Darío, como Pablo Neruda, Octavio Paz es también uno de los máximos poetas hispanoamericanos y uno de los más grandes que ha dado la lengua española. Se ha nutrido tanto de la vanguardia y del surrealismo, de donde proviene su imaginación asombrosa y sus juegos verbales, como de la tradición más clásica, que ha moldeado con orden y precisión una palabra que en el fondo resulta «impalpable» porque, como señala acertadamente Octavio Paz, «la poesía va y viene entre lo que es y lo que no es». La antología «Lo mejor de Octavio Paz. El fuego de cada día», publicada por primera vez en 1989, cuando el poeta hizo una selección de su obra en verso desde 1935 hasta ese año, reúne algo de esa palabra impalpable de la que habla el autor de «La llama doble». Ahora, en este nueva versión que coincide con el centenario de su nacimiento, a su poesía se le ha agregado el agradecido discurso pronunciado cuando le otorgaron el Nobel, y las palabras que dijo durante el brindis ofrecido por los reyes de Suecia.

«La antología más completa y fiel a los deseos de su autor que pueda hallarse», explica Gimferrer en una nota breve al comienzo de este libro que deslumbra por una poesía que es única y profunda, en la que las obsesiones del autor, su sentido metafísico de lo que significa el acto poético, se mezclan con un presente que es siempre instante. Como afirma el propio Paz en el inicio: «La poesía cambia con el tiempo pero sólo, como el tiempo mismo, para volver al punto de partida». Una poesía que va desde la temática erótica hasta el torrente verbal, desde la erudición hasta la simpleza para demostrar que la diversidad de su linaje y la variedad de su pensamiento tiene su origen en una modernidad que intenta alcanzarse y se escapa a cada rato, como el fuego de cada día.