Literatura

Víctor del Árbol: «Quiero seguir saboreando el Nadal»

Víctor del Árbol / Escritor. Desentraña los misterios de «La víspera de casi todo», el libro con el que ha ganado el Premio Nadal. Una obra coral en el que se fusionan los géneros literarios y que ha ambientado en la Costa da Morte

El día después. El nuevo ganador del Premio Nadal, Víctor del Árbol, fotografiado ayer en Barcelona
El día después. El nuevo ganador del Premio Nadal, Víctor del Árbol, fotografiado ayer en Barcelona

Desentraña los misterios de «La víspera de casi todo», el libro con el que ha ganado el Premio Nadal. Una obra coral en el que se fusionan los géneros literarios y que ha ambientado en la Costa da Morte

El día después del Premio Nadal, Víctor del Árbol no podía disimular su felicidad por haber logrado uno de los más prestigiosos galardones de nuestras letras. El autor catalán hizo ayer balance de su carrera y avanzó algunas pistas de lo que encontrará el lector que se acerque a las páginas de «La víspera de casi todo», que dentro de unas semanas publicará la editorial Destino.

–¿Qué impresiones tiene del día después de haber ganado el Premio Nadal?

–¿Impresiones? Todavía estoy saboreándolo porque será una digestión lenta y, además, quiero que sea así porque llevo muchos años esperando este momento. Lo quiero aprovechar al máximo. La verdad es que es una sensación muy bonita porque en los últimos años he tenido bastantes reconocimientos y premios, pero casi siempre fuera de España. Pero tener ahora uno en casa y que sea el Nadal es una cosa importante. Por tanto, quiero retenerlo, quiero disfrutarlo.

–El hecho de, como está diciendo, no haber tenido reconocimientos en su país, sino fuera, especialmente en Francia, ¿le hace pensar que no es profeta en su tierra?

–Es que la literatura no es una cosa de ser o no profeta en tu tierra. Es una cuestión circunstancial. Yo tuve la suerte de que en Francia me empezaran a conocer antes que en España y, luego, además, mi obra se tradujo en otros países. Aquí, el éxito ha sido más lento, pero estaba convencido que esto iba a llegar un día por una razón sencilla y es que yo soy un escritor español. Al final de lo que escribes es de lo que nos interpelan a nosotros, con lo cual tarde o temprano el gran público español me conocería. No tenía ese resquemor. Tenía claro que era una cuestión de paciencia, algo que en este oficio, como en el suyo, es una virtud. El premio me llega en un momento personal muy oportuno.

–«La víspera de casi todo», la obra con la que ha sido galardonado, ¿cómo la definiría? ¿Es una novela coral?

–Sí, es una novela coral, pero como todas las que escribo en la que no sabes quién es el protagonista del texto.

–¿Cree que no se puede decir que sea el personaje de la malagueña Paola, una mujer de unos 40 años, la principal protagonista de esta historia?

–Es verdad que ella tiene un papel principal, pero también hay otros personajes, como el de Germinal Ibarra. Esta novela diría que es una vida paralela. Por un lado está la de Germinal Ibarra, un tipo que ha sido policía durante muchos años. Es alguien bastante atípico porque ha quedado marcado por la enfermedad de su hijo y que padece el síndrome de Williams. Por otro lado está Paola, una mujer que procede de la alta sociedad malagueña y que ha decidido escapar de su pasado para iniciar una nueva vida. Estas dos personas confluyen en una noche en la Costa da Morte. De alguna manera en esas pocas horas, que van de la noche a la mañana, se explican sus dos vidas y cómo uno, que es Germinal Ibarra, quiere morir esa noche y por qué Paola, que está en un hospital agonizando, quiere vivir a toda costa. Podríamos decir que estos dos son los personajes principales, pero la verdad es que a su alrededor hay una serie de personas cuyas vidas también se explican. Es, por lo tanto, una novela coral. Todas las obras que he escrito son así. Es un tronco común, pero con muchísimas raíces.

–¿Se atrevería a introducir la obra ganadora del Nadal dentro de algún genero literario en concreto?

–Voy a decir lo que he dicho siempre y lo voy a repetir hasta que sea necesario. Creo que si debo de hablar de un género, este género es el mestizo. Esto lo hago por una razón muy sencilla y es porque se vale de todos los recursos posibles. Para mí la literatura se sirve de todo para poder explicar una historia y contar unas vidas. En ese sentido, yo uso el género negro, el «thriller», la novela psicológica, hasta ahora la novela histórica porque empleaba un contexto histórico muy fuerte que en esta ocasión no pasa... Pero en realidad estamos hablando de la literatura, estamos hablando de narrativa y, sobre todo, hablando de algo que para mí es muy importante y es sobre una voz que es la mía. Lo único que intento es configurar una voz propia donde el lector se sienta reconocido. Creo que eso es lo que cualquier escritor busca en el fondo, de manera que puedas ser capaz de quitarle las tapas a un libro y en las tres primeras frases puedas decir: «¡esto es de Víctor del Árbol!». Yo creo que eso es lo que uno tiene que buscar, más allá de un género concreto. Quiero decir que entiendo lo de las etiquetas, pero es algo que me importa poco.

–¿Cree que su nueva novela podría ser premiada en Francia como ha sucedido con algunos de sus libros?

–¿Esta novela? Podría ser premiada por una razón muy sencilla. Déjeme que le explique una cosa. En Francia estoy considerado como un autor «noir», un escritor de novela negra, pero usted sabe que en Francia hay la contracción entre «police» y «noir», algo muy distinto de lo que nosotros entendemos como policía negra. Aquí, a este respecto, tendemos a confundir lo que es la literatura policial con la de género negro y no tienen nada que ver entre ellos. Así que en Francia me siento mucho más cómodo porque esa diferencia está muy marcada. En «La víspera de casi todo» es verdad que hay un policía, pero lo que hay sobre todo es una persona y no una investigación.

–¿Desde su punto de vista y como escritor, ¿cómo definiría la novela policiaca? ¿Cómo la diferenciaría de la que es de género negro?

– Creo que la novela policiaca es en cierto modo moralista. Lo que busca es que la justicia prevalezca, que el crimen se resuelva. En la narrativa negra no es así porque lo único que hace es poner en el tapete nuestras contradicciones y el dolor. En ese sentido, Ibarra sí es un policía pero no tiene delante una investigación que realizar. Es un policía que tiene un hijo que padece una enfermedad rara, que lo está consumiendo por dentro y que tiene unos motivos personales para querer suicidarse. Eso es algo que no tiene nada que ver con ningún caso que deba cerrar.

–Me gustaría que hablara un poco de esta enfermedad que padece el hijo de Ibarra: el síndrome de Williams. ¿Cómo ha llegado hasta ella?

–Bueno, he tenido relación con una persona que ha tenido una enfermedad rara y en este país, como en muchos países, estas cosas están poco estudiadas porque comercialmente a las farmacéuticas no les interesa investigar en una cura. Entonces el síndrome de Williams es una enfermedad que me ha interesado mucho porque, a pesar de todas las deficiencias que conlleva, tiene una cosa maravillosa y es un sentido de la musicalidad extraordinario. De esta manera les da a los enfermos un componente que me resulta maravilloso. Una persona que padece el síndrome de Williams, una serie de disfunciones físicas y mentales muy importantes, sin embargo, es capaz de tocar el piano solamente de oído. Por eso se le llama también el síndrome de Mozart. Así que me pareció justo, bueno y útil poner este tipo de enfermedad sobre el tapete y darle visibilidad. Hubiera sido muy fácil coger otro tipo de enfermedad más común, pero quería hablar de la soledad que padecen a un nivel social y hospitalario. Los familiares se lo tienen que comer solo y yo lo he vivido de cerca.

–¿Qué papel juega la Costa da Morte en su libro?

–Es fundamental. Antes decía que es una novela coral, pero si hay un personaje principal es el paisaje, porque crea atmósfera. La Costa da Morte tiene para mí el significado del fin del mundo, de esa naturaleza que no está domada por el hombre.

Un escritor con los premios como aliados

Llegar a ser finalista de un premio con el prestigio del Fernando Lara es digno de mención. Lo interesante es que nunca se editó (sólo se imprime el ganador). Esto es lo que le ocurrió a Del Árbol con «El abismo de los sueños». El autor sigue convencido de que esa novela no se publicará nunca. Ha tenido grandes momentos en el mundo de la literatura, aunque él mismo reconoce que ponerse en un listado con Miguel Delibes, Ana María Matute o Carmen Laforet como sucede ahora que ha obtenido el Nadal es el no va más. Y eso que Del Árbol no es un desconocido en los premios. Ganó el Tiflos de novela por «El peso de los muertos» o el Le Prix du polar Européen por su gran éxito «La tristeza del samurai».