Teatro

Fleming, una Arabella sofisticada

«Arabella». de Strauss. Intérpretes: R. Fleming, T. Hampson, A. Dohmen, G. Benacková, H. Müller, D. Behle. Coro y Orquesta de la Staatskapelle de Dresde. F. Klepper, dtor. de escena. C. Thielemann, dtor. musical. Grosses Festspielhaus. Salzburgo.

A la soprano le cuesta aparentar la edad del personaje
A la soprano le cuesta aparentar la edad del personaje

Sabido es que a Thielemann, como a Karajan, no le gustan nada las producciones rupturistas. De ahí que no se esperasen sorpresas con la regia de Florentine Klepper en una coproducción con Dresde, pero la virtud suele estar en el término medio y la obra estrella de Pascua resulta vetustamente tradicional. Tiene un pase el acto primero, demostrando que el Grosses FestspieleHaus posee unos hombros enormes, pero la escena de la fiesta y la supuesta vuelta a casa aportan muy poco y otro tanto cabe apuntar del movimiento de la figuración, vestida como fantasmas de la ópera. Cierto es que estamos ante un texto intrascendente a pesar de llevar la firma de Hugo von Hofmannsthal, siendo de hecho la última colaboración con Strauss, y que lo que aquí importa es la música, pero se han visto producciones mucho más interesantes de esta ópera.

Elegir dos protagonistas jóvenes y desconocidos resulta un riesgo, pero también fichar a dos estrellas que ya no están en su mejor momento. Thomas Hampson canceló su participación en un concierto tras la primera de «Arabella» a fin de estar en forma para la segunda. No lo consiguió, con problemas en los agudos y sin graves, llegando a marcar más que cantar en gran parte del segundo acto. Esperemos que este estado vocal sea algo pasajero, pues no es normal en un barítono de apenas 58 años. Él era perfectamente consciente de la situación por su expresión en los saludos finales. Renée Fleming sólo cuenta con 55, pero le resulta difícil aparentar la juventud de Arabella a pesar de su espléndida figura. Vocalmente tampoco es lo que fue, aunque resuelve con gran inteligencia, quizá sofisticando en exceso, apoyándose en un registro agudo aún admirable y en su elegancia innata, amén del dominio straussiano. Albert Dohmen canta el papel de Conde como pocos, pero le falta la ironía del personaje. Gabriela Benacková resulta una adecuada Condesa, así como Daniela Fally en Fiakermilli. Curioso que la pareja realmente triunfadora sea la de los jóvenes, Daniel Behle como Matteo y muy especialmente Hanna-Elisabeth Müller, la gran revelación del festival. Esta joven soprano de voz gratamente fresca y amplia ya está lanzada.

Obviamente Thielemann y la Staatskapelle quedan por encima de todo, con una sonoridad de lujo que, sin llegar a sepultar las voces –salvo el caso de Hampson–,muestra lo que es un forte y también un piano. Las frases finales de la cuerda son difícilmente repetibles. Una buena «Arabella» en su conjunto, premiada con casi 15 minutos de ovaciones, aunque hemos conocido superiores.

Thielemann ya ha anunciado su próxima Pascua salzburguesa: nada menos que Jonas Kaufmann como protagonista absoluto –tras el propio Thielemann, claro– con el «Requiem» de Verdi y su doble debut en «Payasos» y «Cavalleria rusticana». Curioso repertorio para el director berlinés.