Ración de ópera con cuchillo y tenedor

Los comensales, prestos a degustar la insólita experiencia
Los comensales, prestos a degustar la insólita experiencia

Hay cenas destinadas a ser míticas, como el banquete que ideó Platón o la última que celebró Jesucristo acompañado de sus discípulos. Más sorprendente es el caso de los invitados de «El discreto encanto de la burguesía» de Buñuel, que pese a sus esfuerzos, nunca lograron disfrutar de la comida. El Celler de Can Roca buscó ayer crear una de esas veladas míticas, trasladándose, por unas horas, al claustro de Arts Santa Mònica, una sala de exposiciones en las Ramblas de Barcelona. Doce selectos comensales fueron los invitados de una propuesta diferente titulada «El sueño»: un investigador del virus VIH –Bonaventura Clotet–, un cocinero –Ferran Adrià–, un antropólogo –Jöel Candau–, una actriz –Freida Pinto–, una física teórica –Lisa Randall–, un poeta ensayista –Rafael Argullol–, un artista plástico –Miquel Barceló–, una directora de cine –Nandita Das–, un biólogo investigador –Ben Lehner–, un director de orquesta –Josep Pons–, un escritor sobre temas gastronómicos –Harold McGee– y un investigador en robótica –Abderrahmane Kheddar–.

Diámetro medido

Siete hombres y cinco mujeres participaron en una propuesta diferente de los hermanos Roca en la que la cocina se fusiona con otras artes para crear un espectáculo único. En ella también hubo espacio para incorporar elementos analógicos, cibernéticos u oníricos, todo ello con la ayuda de la ópera, la poesía, las artes escénicas, la música, el cine y, sobre todo, la cocina. El número 12 fue la clave de esta iniciativa porque la cena se estructuró en función de los 12 actos que se divide la ópera, así como las 12 catas, los 12 vinos y los 12 comensales que se sentaron en una mesa redonda a la manera de la esfera de un reloj. La mesa tenía un diámetro de 240 cm, e incorporaba un sistema de altavoces bajo el mantel que emiten el sonido de las imágenes que se proyectan sobre su superficie. Alrededor, cuatro pantallas envolventes se proyectaban secuencias potenciadas por unos altavoces que crearon una atmósfera de una dimensión sonora enérgica. Joan y Jordi Roca fueron los encargados de meterse en los fogones, mientras que Josep Roca se encarga de la selección de los 12 vinos a probar. Todo ello con un libreto del artista Franc Aleu, encargado de firmar la sorprendente puesta en escena, además de contar con la implicación del diseñador Peret.

Los platos se dividieron en 12 actos, además de un preludio inspirado en el romanticismo wagneriano. De allí se pasó al inicio del sueño con una esfera de trufa blanca y negra y destilado de tierra. En el segundo acto, llamado «Espacio», se sirvió aire de higo chumbo del cabo de Creus. En «Serpentarios», con música de fondo de Arturo C. Urbina, los comensales degustaron anguila ahumada con angula y un canapé eléctrico. La voz de Sílvia Pérez Cruz resonó en el acto titulado «Bajo el mar», mientras los platos de Pere Gifre y Dani Molina se llenaban con salsa de anemona de mar a la plancha emulsionada con aceite de oliva, navajas, algas y espardenyes. Uno de los momentos más curiosos fue el del quinto acto, el llamado «Jardín de las Hésperides», en el que hubo una combinación de productos como mandala dibujada con limón, curri, remolacha, mango, coco, hinojo, yogurt canela y cardamomo. Para «El noviazgo», a partir de una composición de Albert Guinovart, los invitados comieron Ying yang de ostras bañado con «palo cortado», salsa de ostra, ajo blanco y ajo negro. Albert Pla fue el maestro de ceremonias musical de la sección llamada «La carnalidad», en la que los hermanos Roca elaboraron salsa de mole, rosas a la brasa, jugo de pichón y pechuga de pichón dispuesto en forma de rosa, con gotas de agua de rosas. La «Gloria» se alcanzó en uno de los últimos momentos de este «sueño» con un plato que respira gracias a un puré de cacao helado de masa madre.

Al final de «El sueño», los comensales hablaron con los medios presentes, algunos de ellos extranjeros, para explicar sus impresiones de la insólita velada. Ferran Adrià afirmó que una cena así «la tendría en cuenta» para su nuevo proyecto, elBulli Foundation, además de recordar que es muy difícil innovar en la cocina. Por su parte, Miquel Barceló definió a los tres responsables de El Celler de Can Roca como «una Santísima Trinidad». El profesor Rafael Argullol, que rememoró lo mucho que les costó convencerlo de que la cocina es un arte, sí que definió de esta manera lo vivido en primera persona. Otro invitado ilustre, el director de orquesta Josep Pons, aseguró que los hermanos Roca abrieron anoche «una puerta cuya existencia nadie conocía hasta ahora».