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Ricardo Fernández Del Moral: «Se puede ser payo, manchego, técnico de sonido...y cantaor»

  • Ricardo Fernández Del Moral: «Se puede ser payo, manchego, técnico de sonido...y cantaor»

Tiempo de lectura 4 min.

08 de octubre de 2015. 21:30h

Comentada
8/10/2015

Ricardo Fernández del Moral encarna una nueva forma de ser flamenco en el mundo, una absoluta «rara avis» en un ambiente tradicional y purista. Es único por varias razones: es payo, manchego y tiene un oficio con poco duende, el de técnico en electrónica. Él no sólo canta, sino que además toca, y lo hace tan bien como para ganar la Lámpara Minera del Festival de las Minas (La Unión, Murcia) y por primera vez en la historia se alzó con cinco premios en otros tantos cantes: malagueña, taranta, soleá, toná y minera. Ahora participa en el espectáculo Las Minas Puerto Flamenco, en el que diez de los ganadores del festival reconstruyen la historia de este arte a través de los puertos de mar. Una gira que pasará por 30 ciudades y que terminará en el Teatro Real de Madrid en abril. Este viernes, comienza en Málaga.

–Por empezar por algún lado, hay pocos cantaores que toquen.

–Es verdad, aunque es algo tan antiguo como el flamenco. Uno de los primeros cantaores de los que se tiene constancia, que se llamaba el Planeta, aparece en algunos grabados del XIX haciendo ambas cosas. Y luego hubo otros, aunque es cierto que la guitarra era más básica y rudimentaria. Hacerlo ahora, tal y como se toca y se canta, es mucho más difícil.

–Hoy, es el único que me conste.

–Creo que sí. Es verdad que hay cantaores que en momentos puntuales piden una guitarra, pero que hagan todo un concierto con las dos cosas a la vez, no.

–Usted empezó con la guitarra.

–Mi padre es un gran aficionado y en mi pueblo, en Daimiel (Ciudad Real), hay una peña pero no teníamos guitarrista: venía uno de Ciudad Real. Y mi padre soñaba con tener un vecino que pudiera tocar. Así que aprendí. Pero un día descubro que lo que me gusta es el cante. Hasta que un día rompí mis miedos y mis vergüenzas. Y aquella noche me dijeron: «Lo que tenías guardado». Y me animaron a ir a un concurso.

–Ganó en Madrid el Concurso Nacional de Cante Joven.

–Enrique de Melchor me dijo que lo mío no lo había visto nunca. Que algunos guitarristas canturrean y otros cantaotres sacan algún acorde. Pero que, tan completo, no lo había visto.

–Y llega Las Minas.

–Cuando me admitieron, para mí ya había ganado. Pero el resultado fue increíble: gané la Lámpara Minera y cinco cantes.

–Yo tenía la duda de cuánta tradición hay en La Mancha.

–Históricamente ha dado artistas, aunque no haya tanta afición como en Andalucía. Algunos importantes, como Jacinto Almadén. Hay focos flamencos en las provincias del sur, y yo soy el resultado de la afición de la Mancha. Me he forjado en sus peñas.

–¿Hay una particularidad?

–No especialmente. Hay un mestizaje, de lugar de paso entre Andalucía y Madrid. Existe una seguidilla manchega que con los años derivó en algunos palos y cantes. Todos los folclores y mestizajes influyen en el flamenco, que es una amalgama de culturas: como el garrotín, que viene de Asturias, o la farruca, de Galicia.

–Usted participa en un espectáculo sobre los puertos, pero en Daimiel no hay puerto.

–Es cierto, ese mestizaje viene de los puertos de mar: los de Cádiz, Huelva, Palos, Sevilla o Cartagena, incluso Almería. Eran lugares adonde iban los emigrantes a América, y allí convivían durante meses. El gallego iba y cantaba sus cosas y el asturiano o el castellano las suyas. Y luego la gente que fue a América también convivió con lo que había allí y, de esa manera, nos trajimos un montón de cantes como la milonga o la guajira que en el argot se llaman cantes de ida y vuelta porque volvieron más ricos en América.

–¿Cuál es su forma de cantar?

–Es cierto que he me gusta el flamenco tradicional y aprender de los viejos a ejecutar los palos como son. Pero tienes que ponerle tu personalidad. Los cantes se modifican con el paso del tiempo. La jondura es cualquier cante que te erice la piel. El flamenco es comunicar emoción y emocionarse.

–¿Puede un rico cantar?

–Puede que sí, pero si cantas de verdad, cuando dices ay, te tiene que doler. Si es así, puedes.

–En su caso es el doble de difícil.

–El que toque la guitarra sabe la dificultad que tiene. Si me pongo a ensayar, cuando toco, no puedo hablar. Lo que pasa es que con el cante he desarrollado una técnica que ni sé cómo he mejorado.

–¿Cuando toca no puede hablar pero sí puede cantar?

–Supongo que funcionan partes diferentes del cerebro. O es que el ritmo interno del cuerpo me permite cantar. Yo tampoco le encuentro una explicación, pero hay palos mucho más complicados como la soleá o la seguiriya que no tengo dominados.

–¿Cuántas horas dedica al día?

–Pues a veces tres, cuatro o una. En fin, no es matemático.

–Usted tiene otra ocupación.

–Sí, soy técnico en electrónica. En esto del flamenco se supone que tienes que ser gitano, trabajar en el campo andaluz... y yo soy payo, de La Mancha y técnico en electrónica. Y canto y toco flamenco. Llevo muchos años en una empresa y podría vivir del flamenco, pero me siento cómodo. Antes me daban permiso para tocar en un pueblo a 50 kilómetros y ahora para ir a Japón, nunca he tenido problemas.

–Usted es un flamenco atípico.

–Como una persona corriente:hago flamenco y otras cosas también. Por suerte me lo permiten.

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