Walser, Welser y «walzer»

La Filarmónica de Viena reivindica el vals vienés de la mano de su director. Barenboim dirigirá el concierto de Año Nuevo en 2014

Welser-Möst bromea con un peluche durante el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena
Welser-Möst bromea con un peluche durante el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena

Concierto de Año Nuevo

Obras de Johan Strauss (padre e hijo), Josef Strauss, Joseph Hellmesberger, Franz von Suppé, Joseph Lanner, Richard Wagner y Giuseppe Verdi. Orquesta Filarmónica de Viena. Director: Franz Welser-Möst. 1-I-2013, Goldener Saal, Musikverein, Viena.

Parece un trabalenguas, pero todo cuadra. En la última semana del fenecido 2012, el diputado austriaco del grupo de Los Verdes, Harald Walser, volvió a sacar a colación las «sombras» de la Filarmónica de Viena desde la anexión al III Reich, en 1938, acusando abiertamente a la agrupación de «colaboración con el nazismo entre 1938 y 1945». El presidente de la institución, Clemens Hellsberg, respondió airadamente que los archivos de la Filarmónica están abiertos a cualquier inspección, pero aquí entró en acción Welser, o sea, Franz Welser-Möst (Linz, 1960), director de la Ópera de Viena –el teatro al que está adscrita la Filármónica– y responsable este 2013 del «Concierto de Año Nuevo», que ya había dirigido en 2011. El maestro salió en defensa de la orquesta y de su historia, declaró que «estos temas se plantean siempre que se acerca el Neujahrskonzert» –el llamado «concierto de los Valses»– y acusó al diputado de practicar el populismo. Para colmo, Walser se escribe casi igual que «Walzer», «vals» en alemán, con lo que la sopa de letras estaba servida.

Welser-Möst no recibió críticas entusiastas tras su primer 1 de enero en la Sala Dorada de la Musikverein vienesa, y me temo que tampoco va a salir esta vez bajo palio, como sí ocurriera antes con Mariss Jansons, o ha sucedido en el pasado con artistas como Boskowsky, Maazel, Karajan, Carlos Kleiber, Prêtre, o incluso Mehta, Muti y Harnoncourt. Y de hecho, anoche, tras el «Sylvester-Konzert» –ya se sabe que el concierto se da también en la noche del 31 de diciembre»–, la orquesta anunciaba que Daniel Barenboim, director en el 2009, volvería a comandar la sesión en 2014. Esta vez ni se ha esperado al 2 de de enero para hacer el anuncio.

El de Linz navegó con dignidad, decoro, contención, elegancia y un poco de sosería en la más breve primera parte, pero la sangre pareció hervirle en las venas cuando atacó la fanfarria inicial de «Caballería ligera», la obertura de Suppè, magistralmente tocada por la Filarmónica, desatando los primeros bravos en la sala. Welser-Möst había dirigido con buen gusto y lirismo, siempre recatado, eso sí, el infrecuente «Val de las montañas», de Johann Strauss, una de las once piezas que se interpretaban por vez primera en el concierto, lo que prueba, de otra parte, el interés que el artista se tomó en la velada.

Varias de estas novedades, el hermoso vals «Senderos de Hesperos» y la polka «La hilandera», ambas de Joseph Strauss –al que Welser-Möst adora, y del que programó siete piezas, ¡dos más que de Johann, el hermano mayor!–, la polka «Unter vier Augen», de Hellmesberger, o la Fantasía sobre «El Carnaval de Venecia», de Strauss padre, se advertían escrupulosamente preparadas, con la seriedad y la eficacia que son marchamo del director. En la última citada, Möst tuvo que hacer un esfuerzo de humorismo para repartir juguetes entre los profesores de la orquesta, dejando la rectoría musical en manos de ese fabuloso concertino que es Rainer Küchl, pero lo hizo, eso sí, con su inefable expresión de Buster Keaton forzado a hacer gracietas. Se le percibió en su ámbito cuando pisó el terreno de la ópera, con Wagner y Verdi, y desde luego con Suppè.

Mejorar el talante

«El Danubio azul» lo tramitó, sin más, y se despidió con entusiasmo, con una excelente «Marcha Radetzky». Es muy probable que su vinculación a la Ópera le haga volver a dirigir en 2015, y cabe esperar que las sucesivas reválidas mejoren su talante. Musicalidad tiene toda la que haga falta, pero humor, sentido de la complicidad y «estilo vienés» –por increíble que resulte esta carencia– le faltan en mayor o menor medida. Pero tiene un pie en cada lado del Atlántico –Cleveland hasta 2018, Viena hasta 2017, absolutas plazas mayores–, y sabe que hay que contar con él. Welser y «Walzer» seguirán, por ello, unidos.