¿Pero es que ha sido opaca la Academia de Cine?

En una junta directiva donde cada uno defiende sus intereses, la nueva presidenta de esta institución, Yvonne Blake, abría la polémica al abogar por la transparencia.

En el punto de mira Yvonne  Blake afronta un periodo tumultuoso y delicado de la Academia
En el punto de mira Yvonne Blake afronta un periodo tumultuoso y delicado de la Academia

La llegada de Yvonne Blake a la presidencia no ha calmado precisamente las aguas en la academia del cine español. Al contrario, sus acusaciones de falta de transparencia no sentaron anda bien entre algunos sectores temerosos de hablar.

La junta directiva de la Academia de Cine es un órgano que representa a todas las especialidades del mundo del cine (14 en total). Cada gremio elige a sus dos vocales que actúan y son nombrados con independencia del presidente, lo que siempre ha provocado fricciones y problemas, la más reciente, la precipitada salida de Antonio Resines de la presidencia.

«Fue una operación de acoso y derribo desde el mismo momento en que entró en su despacho. No pudo realizar su trabajo como quería», aseguran desde la propia institución. El caso de Porfirio Enríquez, anterior director general, está, por otro lado, en manos de los tribunales, ya que la Academia consideró su despido procedente alegando la falta de comunicación de ciertas decisiones a la junta directiva.

El director de fotografía interpuso entonces una demanda ante el tribunal de lo laboral y acudió posteriormente a un acto de conciliación en el que no se alcanzó acuerdo alguno, lo que implica que la demanda está en firme y pendiente de fecha para que se celebre el juicio. Desde el interior de la Academia se habla de afrontar la renovación seria de los estatutos en lo tocante a este organismo, que, según Andrés Vicente Gómez, «exige ejercer su autoridad. Dentro hay familias y clanes que lo único que hacen es cuidar los intereses del sector al que representan y poco más». Los vocales pertenecen a las categorías de Animación, Dirección, Dirección Artística, Dirección de Producción, Diseño de Vestuario, Efectos Especiales, Fotografía, Guión, Interpretación, Maquillaje y Peluquería, Montaje, Música, Productores y Sonido.

Discrepancias

Y es que la Academia de Cine es un «continuum» de titulares. Tras la renuncia del anterior presidente, Resines, y de su equipo al año de acceder al cargo por «serias discrepancias con parte de la junta directiva que han imposibilitado en los últimos meses el trabajo diario», la calma quiere instalarse en el palacete de la calle Zurbano. Otra cosa es que lo consiga.

Yvonne Blake nació en Manchester en 1938 y llegó a la presidencia el pasado octubre elegida por 193 votos de los 248 emitidos (el número total de académicos es de 1.200). Es la decimoquinta presidenta de la casa y la tercera en 18 convulsos meses. Desde su elección repite determinadas ideas que quiere que vertebren su mandato como un mantra: transparencia, atraer a un público joven, clarificar las cuentas, abrir la institución.

No ha tenido palabras precisamente amables hacia Resines, cuyos gastos durante su gestión como presidente (el cargo no está remunerado) ha calificado de «extravagantes», adjetivo que no gustó nada al intérprete. Desde su salida en julio sin concluir su mandato, Resines apenas ha abierto la boca. Dicen quienes lo conocen bien, «guardar silencio para no enturbiar más el ambiente de la Academia, que ya de por sí está enrarecido». Apenas ha salido de su boca una frase: «Todo lo que hice fue en beneficio de la institución».

Como ejemplo de esa supuesta nueva transparencia, la elección de director general –cargo ahora mismo vacante tras la salida de Porfirio Enríquez, que fue nombrado en junio de 2014 y cesado a finales de septiembre de este año– ha sido encargada, por parte de la dirección y la junta directiva, a una empresa de búsqueda de cazatalentos, MV Executive Search, compañía española e independiente «especializada en la selección y valoración de directivos y profesionales y en la consultoría de soluciones de recursos humanos», según se lee en su página web y cuyo proceso de selección de currículum finaliza este viernes.

A Enrique González Macho (presidente de la Academia de abril, de 2011 hasta febrero de 2015) que ahora se invoque la transparencia también le deja perplejo: «Es como si antes no la hubiese habido. En la época en que dirigí la Academia la gente se quejaba de exceso de ella. La hubo siempre. Hemos sido translúcidos. Jamás he visto ocultismo. No lo entiendo», comenta, opinión a la que se suma de manera enérgica el productor Eduardo Campoy, que dirigió la institución de octubre de 2010 a febrero de 2011: «Mientras he sido miembro de la junta directiva, y luego director general y presidente. Ha habido una claridad absoluta, así como en las etapas anteriores. No entiendo a qué se refiere la presidenta. Me consta que la mitad de los miembros de la junta directiva habían estado en mi época y sabían cómo se funcionaba, por lo que la afirmación me asusta y me alarma. Me parece una salida de tono crear la sombra de la duda sobre anteriores gestores», asegura. En términos similares se explica otro conocido productor cuya identidad prefiere no desvelar: «Ni lo entiendo ni lo comparto. No arrojemos dudas sobre una institución que tiene más de tres décadas de vida. Quienes han estado al frente lo han hecho lo mejor que han sabido y podido. No destruyamos la labor de otros compañeros. Que se esgrima la transparencia como si lo anterior hubiera sido opaco me parece a todas luces injusto».

Andrés Vicente Gómez, otro productor curtido en mil batallas, piensa que fue un «calentón» de Blake el utilizar ese término, «pues si por algo se ha caracterizado la Academia es precisamente por ser transparente, ni ha habido intereses ni el presidente cobra sueldo alguno. Yo creo que estaba mal influida por la junta directiva, que no sirve más que para cuidar de sus propios intereses y de los de sus sectores y que se dedica a poner chinas en el camino del presidente y del director general, como ha ocurrido durante la presidencia de Resines y que es un refugio de profesionales venidos de aquí y de allá, aburridos y medio jubilados. Creo que nunca debió de pronunciar la palabra transparencia porque arroja una sombra sobre el trabajo de anteriores presidentes y sus equipos. «Yo les deseo mucha suerte, pero no creo que hayan elegido el mejor camino», comenta.

Ser más abiertos

Otro de los retos que se plantea el equipo de Blake, Mariano Barroso y Nora Naves (vicepresidentes primero y segunda, respectivamente) será intentar atraer más caras conocidas y más profesionales jóvenes; aumentar el número de socios y «ser más abiertos, pero también más exigentes con el talento», ha declarado.

Borja Cobeaga ha sido uno de los cineastas con los que la nueva dirección ya se ha puesto en contacto para que forme parte de la casa: «A mí me han llamado. Y me parece una iniciativa muy buena esa de invitarnos a entrar para borrar el sentimiento de distancia que tenemos, de que sólo los veteranos forman parte de ella y de que es una institución más burocrática que otra cosa. Si están buscando una regeneración me parece un buen camino. Por ejemplo, Carlos Vermut es un director imprescindible que tendría que estar dentro, aunque haya dirigido sólo dos películas», explica.

A González Macho la idea le parece atractiva, pero pone sus «peros»: «Habrá que cambiar ese punto en los estatutos. Por un lado es bueno, pero también tiene su peligro, pues la profesión del cine es muy atractiva desde fuera y muchos son los llamados y pocos los elegidos al final. Si hay que abrir puertas, hagamos académicos a todo el país. ¿A quiénes hay que abrir la institución? Que sea académico quien quiera serlo. Uno es libre de serlo o no», y añade que sí que sería un excelente momento para releer los estatutos de la Academia, «porque aunque se ha hecho revisiones puntuales, tiene 31 años de vida y habría que retocar ciertas cosas. Creo, por ejemplo, que en lo referente a la composición de la junta habría que cambiarla». Para Campoy, «se debería replantear un cambio en los estatutos, aunque ya se hicieron cosas puntuales en los anteriores mandatos, pues cada presidente ha tratado de dar un impulso porque llegas cargado de entusiasmo. Lo que no es de razón es que un presidente haya sido elegido y su programa avalado y votado por la totalidad de la asamblea y que la junta directiva no le deje cumplir con sus proyectos. Se solucionaría con cambiar un par de puntos», y aboga por remar en la misma dirección. «Yo creo que todos deberíamos pasar por el cargo para devolverle cuanto el cine nos ha dado», apostilla.