Peter Greenaway: «Mi documental chocó contra la censura»

El nuevo filme del polémico cineasta, sobre Lutero, fue vetado por la televisión de Holanda, el país de nacimiento del teólogo reformista

Peter Greenaway
Peter Greenaway

El nuevo filme del polémico cineasta, sobre Lutero, fue vetado por la televisión de Holanda, el país de nacimiento del teólogo reformista.

Peter Greenaway es ateo, algo que no pierde oportunidad de recordar, y, sin embargo, cita la Biblia con frecuencia. Su más reciente documental retrata a Martín Lutero, al que considera un «pensador mediocre y egocéntrico». En su paso por Santiago de Compostela como invitado especial del Festival Cortocircuito, habló de su último proyecto.

–Trabajó en un documental sobre el Bosco que tenía que ver con la Reforma. ¿Fue entonces cuando pensó en Lutero?

–Todos los periodos históricos son fascinantes, pero a mí me interesa en particular el que va de 1492 a 1517. La primera fecha, el descubrimiento del nuevo mundo, y la segunda es un punto de inflexión en el que se empezó a dejar atrás la dominación del catolicismo y comenzó la Reforma. Tanto Colón como Lutero me atraen enormemente. Sucedieron muchas cosas, entre ellas, la muerte de El Bosco un año antes de que Lutero clavara sus 95 quejas en las puertas de Wittenberg. Me entusiasma la cultura holandesa y, sin embargo, el plan de sacarlo por la televisión de ese país se ha estrellado contra un muro de censura.

–Normalmente elige artistas para sus documentales, ¿por qué el salto a una figura religiosa?

–El cristianismo siempre me ha fascinado, ha estructurado la historia europea durante 2.000 años. Además ha producido tantísima pintura y música extraordinaria respecto a las que no voy a negar mi entusiasmo, simplemente porque no creo en el dogma central del cristianismo.

–¿Cómo se acerca a Lutero?

–El punto de partida es su vanidad, su determinación de promulgar sus ideas como significativas. Creía que la segunda venida de Cristo era inminente y tenía ideas bastante antisemitas. En esa época era considerado que los judíos debían convertirse al cristianismo, a lo que ellos, por supuesto, se negaron, y eso exacerbó la animadversión.

–Después de «Eisenstein en Guanajuato» dijo que el ruso era el mejor director de la historia y que los otros grandes podían contarse con los dedos de una mano. ¿Le importaría contarlos?

–(Risas) La lista seguramente cambie cada año. Orson Wells, desde luego, es muy importante. Aunque «Ciudadano Kane» ya no es considerada la mejor película de todos los tiempos, sí sostuvo esa reputación durante 30 años. La ironía de su carrera es que hiciera obras maestras al comienzo y terminara prestando su voz para anuncios de vino. Además, siempre admiré a Chaplin, aunque sus trabajos con sonido no fueron tan emocionantes como los primeros. Ambos, y esto es una ventaja tremenda, comenzaron a trabajar en la primera época del cine, cuando muy poca gente sabía lo que era.

–Y el filme sobre Borges, ¿cómo de avanzado va?

–Está sobre la mesa pero, por ahora, aparcado. Tengo listos los guiones de unas seis películas y en algunos casos ya están financiados. Tengo 75 años y la esperanza de vida media de un hombre en la Europa es de 80 años, así que solo me quedan cinco. Tendría que hacer muchas en ese tiempo, algo que sé que no va a suceder. Seguiré adelante y veremos qué se logra.

–Todavía planea quitarse la vida a los 80. ¿Por qué entonces?

–«Los días de nuestra edad son 70 años» (en referencia a Salmos 90:10), aunque por la medicina y las comunicaciones modernas he agregado 10. Al examinar la Historia de la humanidad encontramos que nunca ha habido una figura mayor de 80 años que haya aportado algo al avance de la civilización. Hay mucha gente joven en el mundo y es egoísta continuar.

–Ya que hablamos de la muerte, ha dicho que el cine está convaleciente. ¿Cómo se revive?

–Tiene que ver con que no hemos visto nada de cine todavía. Apenas vemos textos ilustrados. Debemos cortar el cordón umbilical con sus orígenes literarios y con la narrativa cronológica. La pintura solo fue exitosa a finales del siglo XIX, cuando Monet pintó la Abadía de Westminster y la pintura se convirtió simplemente en pintura y no una excusa para contar una historia. Estamos buscando la oportunidad de liberarnos de la narración y de convertirnos, realmente, en cine. Es una cuestión de educación porque, por desgracia, la mayor parte de la gente todavía ve películas para que le cuenten una historia.

–Hay que instruir al público.

–Por eso soy cineasta. Soy parte de ese proceso educativo en el que trato de demostrar lo que creo que es valioso de este arte. Pero el ser humano es un animal bastante cauteloso, se adapta al cambio de manera muy lenta. Y el cine sigue siendo una muy pequeña parte de la civilización. Se inventó en 1895; piensa en lo que eran la música, la literatura y la pintura en esa fecha. Hablamos de Richard Strauss, H. G. Wells y Van Gogh. Ahora, piensa en ellas a día de hoy: nos encontramos en la era posterior a Stockhausen, Borges y Warhol. Estas artes se han transformado significativamente, mientras que la contribución del cine al mundo ha sido pequeña. Las películas de Scorsese son las mismas que hizo Griffith en 1910.

–¿Qué opina del Brexit?

–Es absolutamente desastroso y estúpido. Diré lo mismo sobre Cataluña: es un experimento basado en la ambición y la vanidad. No hay que pensar en las ganancias inmediatas sino en el principio general de una Europa unida, especialmente con Trump a la cabeza de EE UU. Estábamos avanzando tanto y de pronto viene un fascista como él que quiere destrozar nuestro progreso. He intentado crear un mundo unido, en vez de una serie de naciones fragmentadas.