Pía Tedesco: «Madrid es una ciudad cabaretera sin darse cuenta»

Hoy arranca el FICE, el festival de cabaret que dirige esta actriz, instrumentista y cantante, con una decena de espectáculos

Noctámbula, cabaretera, libre. Pía Tedesco es un ciclón escénico que vive por y para el cabaret. Actriz, cantante, instrumentista, esta argentina madrileñizada hace tres lustros dirige desde hoy el Festival Iberoamericano de Cabaret (FICE), un encuentro festivo e íntimo que reúne en pequeños espacios como el Teatro Tribueñe o la Casa del Pueblo un repertorio variado de artes cabareteras. Porque no hay un solo estilo en este género picante e iconoclasta, sino varios, como el cabaret castizo, que trae Esperanza Argüelles, cargado de cuplés (mañana); el de esencia belle époque, firmado por la Desvarietés Orquestina (también mañana); el oscuro y grotesco del Cabaret LeCOQ (el viernes); el microcabaret actoral de Nelson Quintero (también el viernes); el «one woman show» de Roma Calderón (domingo)... Y, claro, el cabaret de la propia Pía Tedesco, que participa en el «Homenaje al cabaret», junto a artistas como Psicosis González, Miguel Tubía, Arantxa de Sarabia y Maribel Per, dirigidos por Hugo Pérez (mañana), además de traer otro espectáculo propio: su «Pequeño cabaret ambulante», armada de su ukelele y acompañada por Néstor Ballesteros y Joshua Díaz (el sábado).

–Buenos días...¿o buenas noches?

–Buenos... momentos (risas). Soy noctámbula, sí.

–Noctámbula, noctívaga y noctífera, que decía Umbral. ¿El cabaret es una forma de vida?

–¡Me encanta! Todo eso lo soy. Todas las cosas que se hagan con amor y dedicación son una forma de vida tarde o temprano. El cabaret aúna muchas disciplinas: la actuación, la música, yo toco un instrumento además de cantar, dirijo... Eso ocupa el mil por cien del tiempo del día. Soy un ser cabaretero.

–Es cierto lo de la vocación en todo oficio. Pero en su caso debe ser complicado...

–No. Es supersimple: se nace. También se hace. Pero lo interesante es que cuando amas lo que haces, termina ocupándote todo el tiempo.

–Sin el corsé fabuloso de sus actuaciones, ¿no se encuentra algo desnuda?

–No. Si quieres me quito el pañuelo y vas a ver (risas).

–Hábleme del FICE. ¿Qué veremos?

–Vamos a estar muchas compañías cabareteras. Aquí estoy con Esperanza Argüelles, que es una de las organizadoras y además tiene su espectáculo. Tenemos la alegría de contar con el director del Festival Galego de Cabaret, con la directora del Festival Internacional de Cabaret de Chile, está Desvarietés Orquestina, Cabaret LeCOQ, que vienen de Barcelona...

–Hasta cabaret infantil...

–Sí, es un derivado del cabaret flotante, que es una fiesta que hacemos una vez al año en Casa de Campo. Nos encantó la idea de acercar la música y la actividad lúdica a los niños e hicimos este espectáculo, que se llama «Cabaret fantástico».

–Pero, esto del cabaret, ¿no va de provocación, de sexo, de erotismo?

–Va de provocación, pero no sólo en el sentido erótico. En México, por ejemplo, se entiende como algo mucho más político. Cada uno se apoya en algo para provocar. Una de las cosas más chulas del cabaret es que no hay cuarta pared, y la provocación puede venir por el acercamiento al público, con el planteamiento de ideas o que puedan remover algo. En el caso de los niños, lo que hacemos es involucrarlos a ellos y a los padres.

–Hábleme de su ukelele... con perdón.

–Tengo varios. Cuatro, para ser exacta. me encanta. No he traído el nuevo, mi favorito, que me lo han diseñado para mí, y en el que he puesto el lema del festival: «All you need is love and cabaret». Es un instrumento con el que puedes tocar mucho el swing de una manera ágil y divertida. Suena a banjo si lo tocas con esa técnica. Para mí es un compañero ideal. Antes tocaba el piano, pero en el metro no lo llevas bien (risas).

–¿Cómo está ese equilibrio entre erotismo y política en el festival?

–En mi espectáculo no se habla de la política actual, pero sí de temas políticos. Y también de temas humanos que hacen que te replantees tu sitio en el mundo. Todo es política y refleja tu manera de pensar. La gente en el poder refleja lo que opina de las relaciones. En el momento en que haces que la gente se detenga a pensar en esas cosas estás haciendo política.

–Estamos en elecciones: ¿les recomendamos a los políticos que vayan al FICE?

–Sí, a ver si espabilan.

–¿En el sentido erótico o en el político?

–Bueno, es que creo que mucha de la infelicidad de los políticos es que se tienen que dedicar a aparentar que son gente normal, y eso no existe. Si les podemos provocar para que se sientan más humanizados, genial.

–Cuando las cosas van mal, ¿el cabaret ayuda?

–Sí, la manera más inteligente de abarcar un momento difícil es dar un paso atrás y mirar las cosas con perspectiva. Cuando estás rodeado de caos o de situaciones angustiantes, ponerles un pelín de distancia para que no te coman crudo, y si es posible echar una mirada con un poco de humor, hace que los peores momentos puedan pasarse hasta bien. En las épocas de crisis o de conflicto, en cuanto a parámetros de ética o de reflexión universal, el espíritu del cabaret viene a poner un poco de humor a una situación que ya de por sí es ridícula. Y es de la manera en que uno puede mirar, porque la otra es la evasión total, que no me atrae para nada.

–Ésa es otra imagen que se tiene del cabaret: lo frívolo.

–Claro, pero es al revés. Reírte de las cosas te permite hacerles frente. Si te pasas de serio, en el sentido oriental de la palabra, te estás equivocando.

–¿Madrid es cabaretera?

–Mucho, incluso sin darse cuenta. Es una ciudad que disfruta mucho del humor, de las risas, de salir a tomar algo con colegas, de pasar noches hasta altas horas de la madrugada disfrutando de la música. Todas esas cosas están en el cabaret y son parte esencial de él. Madrid, con lo abierta, gamberra y nocturna que es, es muy cabaretera.